Varios

2 MUERTOS NADA MÁS

Te adelantamos la <b>editorial 67</b> de Letra G que sale con la revista el viernes en el Bosque. Esto también es violencia.

Los resultados de la fecha pasada dejaron a Boca en la punta del campeonato. San Lorenzo y Tigre perdieron y le dejaron servido el título a los Xeneizes que con un poco de regularidad y una manito más de los árbitros se consagrarán campeones, para la alegría de sus hinchas y para la tranquilidad de los directores de los diarios, de los productores de TV y de radio, de los empresarios textiles, etc., etc., etc. ¡Ah! En la misma fecha, también se produjeron las muertes de dos personas, producto de la violencia social, en este caso, vinculada al fútbol.

Pero claro, cómo opacar la alegría popular con tan tremenda noticia. Mejor es festejar el excelente momento de Lucho Figueroa, goleador absoluto del equipo boquense con un solo gol. O mostrar las caras de calentura de Russo o Cagna luego de las derrotas de sus equipos en partidos claves. Mejor es recordar los 1000 programas de Fútbol de Primera, monopolio de la transmisión de los goles desde hace años y que sólo patalea cuando algún canal berreta no cumplió y pasó alguna imagen, adelantándose a Macaya. O escrachar y señalar de chorro a Viatri acusándolo de que entró a asaltar una peluquería.

También es preferible, antes de arruinar todo con esos dos pibes muertos, seguir el juego de la Copa Davis, donde los “traidores, agrandados y mercenarios” argentinos cayeron a manos de los “leales, ejemplares e intelectuales” españoles. O discutir en tele si la Tota Santillán pasa de ronda por capacidad o por la lástima (y el rating) que genera ver a un tipo enfermo de obesidad lanzarse a una pileta redonda. En fin, cualquier cosa menos lo que realmente importa.

Tal vez esta sea una explicación más de la violencia en el fútbol. Que todos miren para otro lado, esperando que lo pesado y lo que involucra al poder pase rápido para poder seguir vendiendo.

Seguramente que los hinchas de Huracán baleados por los de San Lorenzo se lo merecían por haber cantado canciones indebidas en la cancha, lo que descartaría de plano un ajuste de cuenta por las causas que los jueces, hinchas del Globo, les abrieron a los del Ciclón, para meterlos presos. Dejándolos afuera de millonarios negocios que involucran narcotráfico, planes trabajar, etc.

Por otro lado, es una obviedad que el pibe de veinte años, hincha de Colón, merecía esas puñaladas que le causaron su muerte ya que debe haber arrebatado una billetera o arrojado un encendedor al campo de juego. Lo que deja de lado la posibilidad de que esté involucrado en el negocio de las entradas, o que sea el hijo de un importante barra del Negro, involucrado en el negocio de los pases de los juveniles.

Así estamos. Omitir estos hechos es tan peligroso como encontrar la solución a la violencia social en la pena de muerte o en la baja de la edad de imputabilidad de los menores. Es observar lo superficial sin percibir que las bases están podridas. Es empezar por el final o edificar un rascacielos sobre una balsa a la deriva. Es no querer ver lo que pasa realmente. Es estar prendido en algún curro, o no querer que se destape la olla para evitar que salpique las miserias que hay adentro.

Omitir estas muertes no hace más que confirmar que si no se empieza por lo esencial (trabajo, educación, condiciones dignas de vida, etc.) todo lo que se hace y se intenta mostrar es una farsa, una pantalla, una gran mentira.


Letra G