Varios

DUEÑOS DE LA PASIÓN

La gente estuvo a la altura de la expectativa y desde temprano le puso el color y la fiesta al regreso a 60 y 118.

La ansiedad contenida desde que se anuncio el regreso al Bosque dio a luz una fiesta como sólo el hincha de Gimnasia puede brindar.

Desde temprano la gente se fue acercando al Monumento coreando las canciones al ritmo de los bombos y las trompetas que ahí esperaban.

Carteles que colgaban de una vereda a otra en toda la avenida Iraola daban la bienvenida al único estadio de la ciudad que levanta temperatura cuando el azul y blanco viste de gala el bosque platense.

Interminables abrazos se sucedían unos tras otros tanto en los históricos jardines del Estadio como en los distintos rincones donde se cruzaban almas triperas.

Los lugares de cada hincha se respetaron a rajatabla y cada uno fue adonde sabía que a su lado iba a estar ese compañero de tablón de toda la vida, ese compañero que en la inmensidad del freezer de 25 y 32 costaba encontrar.

Se acercaba la hora del inicio y miles de globos largos vistieron tribunas y butacas de la techada uniendo en un fuerte “GINASIA” todo el Estadio.

Que el hincha tripero es especial no caben dudas, sino basta con la historia de un tripa que dejó todo en España y se vino como loco para ver jugar al Lobo en su Estadio, en su casa.

La emoción estuvo toda la tarde a flor de piel, ni siquiera la calentura por la derrota y la falta de carácter de un equipo sin rumbo pudo empañar una fiesta que se hizo en orden y promete volver a repetirse.

Volvimos, volviste. Ahora de acá, no nos saca nadie.











Por Víctor Díaz