En esta clase de partidos, de local, no sirve salir a ver qué pasa. Gimnasia debe acorralar a rivales como Gimnasia de Mendoza desde el minuto cero. Quemar las naves de entrada. Pero no. Hoy Pereyra regaló el primer tiempo, y cuando los cambios surtieron efecto, ya era tarde.
La remontada del complemento no alcanzó. Hay errores graves en la zona defensiva: la visita filtró pases por doquier ante la pasividad de los centrales. Otra cosa: los laterales del Lobo no pegan una. Ni Torrejón ni Barros Schelotto están a la altura. Urgen variantes.
El cinco debe ser Miramón, hoy quedó clarísimo. Max y Seoane, recambios. Todos lo vieron. No hay mucho misterio.
Lo único bueno de la jornada fueron esos 30 minutos del segundo tiempo, donde Gimnasia fue y fue con el arco rival entre las cejas. Es por ahí.
Preocupa, también, el bajo nivel de Insfrán (todas van adentro), y las recurrentes desatenciones defensivas. Giampaoli-Martínez asoma como el tándem más decente.
Al margen, el arbitraje. Hay algo contra el Lobo. Un gol finísimo anulado. Otra dudosa en el final que ni se revisó para un posible penal. ¿Qué pasa?
En todo este marco, Gimnasia volvió a perder. 2-3 frente a su homónimo mendocino, en el Bosque. Triplete de Módica. Auzmendi descontó y lo empató, transitoriamente, Zalazar.
Pereyra deberá tomar nota, dejar a un lado sus inexplicables caprichos de DT, y asegurar fuerte y al medio, como lo hacía en los penales cuando era jugador. Esto es: Miramón de cinco, dos rápidos por afuera. Janson adentro para ayudar a Nacho. No hay misterios.
Hay que levantarse como sea en Rosario.
Agustín Colianni