Gimnasia y nuevo papelón en un clásico. Esta vez, cayó goleado 4-0. Y esta vez, lo perdió solito. Porque el Lobo había hallado los caminos para dominar al rival, pero una expulsión imperdonable de Steimbach a los 30 minutos de juego tiró todo por la borda.
Puede discutirse el planteo de Ariel Pereyra, que sacó a Cortazzo y a Colazo y metió a Conti (está fuera de ritmo físico y futbolístico) y a Seoane, conformando así un mediocampo con tres cincos (¿de qué jugó Miramón?). Aun así, Gimnasia fue mejor hasta la roja del Ruso.
Había tenido una clara. Nacho Fernández (el único que puso lo que había que poner) habilitó a Auzmendi, que le dio cruzado y Muslera llegó a sacar con lo justo. Estudiantes nunca había inquietado a Insfrán.
Lo de Steimbach fue digno de un jugador amateur. Dejó a su equipo con diez y Estudiantes lo aprovechó rápidamente: cerca del final del primer tiempo se puso en ventaja.
Pereyra debió modificar algo en el vestuario, pero no lo hizo. Conti se hizo echar entre los 4 y los 8 minutos, cuando vio dos amarillas. Listo: nueve contra once, partido liquidado.
Párrafo aparte para el árbitro Falcón Pérez que fue durísimo con Gimnasia. De hecho, la segunda amonestación al defensor podría haberla evitado. Y en el VAR, Paletta, que ya había perjudicado al Lobo en la primera fecha, se hizo el boludo en la primera jugada polémica del partido, cuando Gaich fue con un fuerte planchazo a Conti. Teléfono para Anacleto.
Ya con dos menos, el rival manejó la pelota como quiso y terminó goleando.
Hay mucho para replantear. No queda otra que bajar la cabeza y pensar en lo que sigue, que es la Copa Argentina el martes. Mientras tanto, siguen en deuda: pídanle perdón a la gente por un nuevo papelón.
Agustín Colianni