MINUTO 9: LA TRAGEDIA QUE MARCARÁ LA HISTORIA
Crónica de la noche de locura total vivida en el Bosque. Desesperación absoluta, al menos un muerto e inédita represión policial.
Pasó poco más de hora y media, aún escucho los ruidos de helicópteros y ambulancias. En más de 25 años de cancha nunca vi esto: pibes en el piso, gente desmayada, el temor de puerta 12 y una platea que la salvó el pulmón de la parte inferior ante el gas pimienta. Si no había aire, la muerte era el destino.
“Vino a alentar al Lobo y se me fue el gordo…” escribió con lágrimas Juli Regueiro, el hijo de César, Tripero de pura cepa que pagó con vida la complicidad dirigencial, política y policial. Llegó al San Martín con los testimonios de que lo dejaron tirado y los hinchas obligaron a la ambulancia a subirlo. Un Tripero expone que se presta como testigo a declarar mientras cientos están tirados en el césped aturdidos por la situación. “Nos enteramos que un pibe perdió un ojo”, dice el Yacaré Morales, jugador albiazul.
En términos de análisis hay que decir que hoy asumieron nuevas autoridades en la Bonaerense y le marcaron la cancha. También, esto les sirve a quienes militan el retorno al estadio de 25 y 32. En lo deportivo, con Boca también se suspendió la última vez pero por supuesta lluvia. Siempre pasa algo cuando hay poder latente: lo quieren jugar mañana cuando los jugadores están shockeados.
En el minuto 9 el humo se veía desde el portón del Bosque, la gente se confundía con el de la fiesta de recibimiento. Un amigo ruso venía por primera vez y cumplía su sueño de conocer un estadio de Argentina: chori, cerveza, cánticos, un gorrito Tripero, alegría. “Vamos Lobo”, decía a un amigo por celular que fue reclutado para la guerra con Ucrania. Filmaba todo como un nene a sus 41 años. Pero todo se derrumbó: los ojos se llenaron de lágrimas, el aire escaseaba y la gente se agolpaba hacia el pulmón inferior de la Platea Basile. Nenes llorando, madres gritando por sus hijos perdidos, abuelos con dificultades para caminar buscando una salida. Las bocas buscaban aire como si estuvieran debajo del mar.
El gas lacrimógeno provoca asfixia y angustia, dolor e incertidumbre. Una sensación de nunca acabar, minutos que se hacen horas. Una secuencia de guerra, de película. Vimos a nuestras familias pasar, a la familia Tripera sufrir, poner su cuerpo. Vimos la muerte pasar, porque el fútbol, para mí, ya está muerto.
Santiago Giorello