Fútbol

RECALCULANDO

Gimnasia cayó sin excusas 1-0 ante River, atacó poco y nada y nunca estuvo cerca de empatarlo. El Lobo extraña a Carbonero y Tarragona y necesita hallar nuevos caminos. Hay que recuperarse el domingo en el Bosque.

Poquísimo fue lo que entregó Gimnasia esta noche en el Monumental, donde llegó a su tercer partido sin victorias y sin convertir goles.

Escaso fue el repertorio futbolóstico del Lobo, que salió a esperar y a aguantar. Plantó el tándem Cardozo-Cecchini en el mediocampo y resignó explosión por la punta derecha. River manejó la pelota a capricho y deseo. Gimnasia esperó y buscó algún huequito o alguna chance remota en pelota quieta. Flojo, flojo.

El rival fue demasiado para este Gimnasia desarticulado, que perdió demasiado peso ofensivo con la lesión de Tarragona y la partida de Carbonero. Adelante el Lobo ha dejado de ser ese equipo punzante, rápido y práctico para mutar en uno lento, previsible y poco efectivo. Hoy quedó muy claro. Y si a eso se le suma la pusilánime actuación del árbitro Falcón Pérez, cobrando todas las chiquitas para el equipo grande que hoy fue local, emerge un combo letal.

Nada pudieron hacer las figuras como Alemán (perdido en la punta derecha), Sosa y Ramírez (los dos fallaron mucho más de lo que acertaron en el mano a mano con los defensores rivales). ¿Soldano? Tibia participación: descargó bien algunas bochas y sí colaboró bajando varios metros.

Más allá de todo, Gimnasia llegó con vida hasta los 42 minutos de juego, cuando un mal despeje de Morales le dejó servido el gol a Beltrán. Fue un golpe fulero e irremediable.

El segundo tiempo casi que estuvo de más. River avanzó y manejó los hilos como quiso. Tuvo el segundo en ocasiones claras pero Rey mantuvo encendido un pequeño hálito de esperanza.

Pipo movió el banco demasiado tarde. Recién a los 30 mandó a la cancha a Chávez y a Benja Domínguez. Después metió a Muro, sacó a Ramírez y terminó jugando sin delanteros con el resultado adverso. Y hubo un acercamiento peligroso de Gimnasia que solamente quedó en acercamiento. Nada más.

Punto final y diagnóstico claro: el Lobo extraña horrores a Tarragona y a Carbonero. Perdió velocidad, efectividad, definición, técnica y sorpresa en la zona ofensiva. Encima, no se reforzó con nadie. Deberá seguir trabajando para encontrar nuevos caminos. Y el domingo tiene una linda chance para volver a ganar y ponerse otra vez en carrera, cuando reciba a Lanús en el Bosque. ¿Podrá?


 





Agustín Colianni