MUCHO MÁS QUE UN REGRESO FRUSTRADO
Luego de muchas idas y vueltas, Pablo De Blasis no regresará al Lobo. Detrás de un manoseo innecesario al jugador por parte de la CD, se esconde el principal perjudicado: Gimnasia.
La ilusión de Pablo Ezequiel De Blasis de volver a vestir la camiseta albiazul deberá esperar un tiempo, ya que luego de dilatadas negociaciones e incomunicación, la CD decidió no hacer incorporaciones en este mercado de pases. Culpar a los últimos acontecimientos económicos, como la disposición del Banco Central de que los clubes deben operar con dólar blue, sería intentar que el árbol tape el bosque de una dirigencia que se ha caracterizado cancelar la vuelta al club de jugadores surgidos de las divisiones inferiores y con sentido de pertenencia.
El caso de De Blasis sirve como ejemplo para futuras dirigencias sobre lo que no hay que hacer: un manoseo y ninguneo innecesario para un jugador que desde hace por lo menos cuatro años sueña con volver a Gimnasia. Luego de terminar su contrato en Cartagena de España, donde fue titular y es muy querido por los hinchas del club, el jugador hizo la mitad de su mudanza a la Argentina, incluyendo la familia, con la firme decisión de firmar en el Lobo como única opción. Si recordamos el inicio de las negociaciones entre el jugador y la CD que encabeza Gabriel Pellegrino, había un acuerdo total en lo económico, por un contrato de 18 meses, que solo dejaba pendiente la firma para poder entrenarse bajo las órdenes de Pipo Gorosito. El jugador debió esperar al 30 de junio para quedar en libertad de acción, con lo cual el viernes primero de julio ya podría haber estado en la sede firmando su contrato, sacando de foco la cuestión económica del país, ya que la gran mayoría de los colegas que cubren a Gimnasia daban por hecho el arreglo en la cuestión económica.
Ahora bien, no todo se dirime por la plata. No hay motor más grande para los sueños que las emociones y los sentimientos que nacen del corazón. De Blasis siempre estuvo en contacto con el club. En el pasado con la donación de botines para las divisiones inferiores y en la actualidad se mostró interesado en la compra de un palco en la Platea H y preguntó por las obras en Estancia Chica. En este sentido, la Comisión Directiva peca de una gran carencia en la comunicación -rasgo distintivo de esta gestión-, el diálogo y el convencimiento para con aquel jugador, sea el nombre que sea, de jerarquía y con pasado en el club que desee regresar para dar un salto de calidad. Si a esto le sumamos que el técnico de la institución nunca se comunicó con De Blasis para hacerle saber la intención de contar con él, y la CD no levantó el teléfono por el lapso de diez días, estamos ante un caso de manoseo y desprecio por lo propio, porque a la vista queda como que el jugador tiene que rogar por venir al club y que no está en la lista de prioridades ni de Gorosito ni de la dirigencia.
En declaraciones radiales el futbolista afirmó que venía a pelear por un lugar, sin ningún tipo de pretensión de titularidad o número en la camiseta, con el objetivo de sumar al grupo. Con esto no queremos decir que el club debe ser de puertas abiertas para cualquier jugador que desee regresar, pero en el caso de De Blasis o el Pata Castro estamos hablando de jugadores con mucha trayectoria en Europa y que podían representar un salto de jerarquía para la institución. Estos regresos deberían ser una política deportiva para reforzar el presente y que dichos retornos representen un espejo para los actuales juveniles, dando así un claro sentido de pertenencia para con el club. Ayer Cufré, hoy De Blasis.
QUE EL ARBOL NO TAPE EL BOSQUE
El gran presente futbolístico del primer equipo no nos debe eximir de la preocupación por la situación económica del club, que se refleja en un mercado de pases en el que insólitamente se decidió no incorporar. Al finalizar el torneo pasado Pipo Gorosito fue claro con la CD y pidió un mínimo de tres refuerzos. A saber: un defensor central zurdo, un lateral derecho y un delantero central. La dirigencia tuvo tiempo de sobra para las negociaciones en un mercado de pases largo, pero con el correr de los días fue convenciendo al técnico de que en aquellos puestos en los que pedía reforzar se podía arreglar con lo que había en casa, como los casos de Germán Guiffrey y Nicolás Contín.
Si bien se logró la renovación de Eric Ramírez, una pieza fundamental en el equipo titular, el equipo perdió dos jugadores muy importantes como Johan Carbonero y Cristian Tarragona, este último por lesión. En el caso del colombiano Gimnasia dejó pasar una gran oportunidad para las arcas del club, ya que era el jugador con mayor posibilidad de venta del plantel, algo que Pellegrino dejó pasar cuando no le pagó a Once Caldas el millón y medio adeudado, perdiendo así el 50 % correspondiente del pase. Recordemos que el club ya había perdido el 20 % restante por no pagar a tiempo a la entidad colombiana, con lo cual se quedó sin ningún porcentaje por una futura venta y solo recibió a modo de compensación 500 mil dólares. Teniendo en cuenta que el club había abonado 700 mil dólares en su momento, queda la conclusión de que Gimnasia perdió plata con Carbonero.
A este problema se le suma el “bolsillo de saco roto” que caracteriza a esta Comisión Directiva: nos referimos a que toda venta que se concreta es para saldar deudas, algunas históricas y que exceden a esta CD, y otras que salen a la luz de la nada como la deuda que se mantiene con el Al-Ettifaq de 350 mil dólares de la transferencia de Brahian Alemán en 2018. De la plata que entró por Carbonero debe saldarse esta deuda y lo restante debe guardarse para abonar a Olimpia de Paraguay los 500 mil dólares correspondientes al pase de Ramón Sosa.
Esta dirigencia asumió con el compromiso de sanear económicamente al club, lo cual llevó a que se aprobara el concurso de acreedores en 2017. Esa deuda ya se saldó y fue un paso positivo, porque se dejaron atrás algunos compromisos judiciales que tenían 25 años de antigüedad, pero en los socios queda la preocupación por la deuda post concursal que dejará esta gestión, un gran monto de alrededor de 4 millones de dólares y sin saber a qué valor a devolver.
Un club en permanente deuda está condenado a que todo ingreso sea para tapar baches, sin pensar en reforzar el plantel profesional, y que las obras de infraestructura que se puedan hacer sean a pequeña escala, necesarias como los vestuarios en Estancia Chica para los juveniles, y las de mayor envergadura, como la ampliación de la H, con aportes de socios o compras de palcos. Aún quedan pendientes obras urgentes para las y los socios, como la extensión de la Platea H hacia el lado del Bosque, terminar de construir las escaleras que permitan una mayor comodidad a la hora de la salida y ganar espacio en la bandeja de arriba donde se pueda alojar a los visitantes, con lo cual se ganaría espacio para la popular de 60.
Seguramente la lista de cosas por hacer es infinita y necesaria en todas las sedes, como la sede social, el Bosquecito o Estancia. No obstante, sin una real comunicación a la masa societaria respecto de la situación económica del club, con sus deudas actuales y las que quedan por saldar, es difícil pensar en proyecto a largo plazo que ponga sus cimientos en el presente para que tomen la posta las dirigencias que vendrán.
Renzo Stefanizzi