¡ASÍ, TRIPA!
Gimnasia perdía el clásico injustamente ante un rival que hacía tiempo y embarraba la cancha, hasta que aparecieron Benjamín Domínguez y Eric Ramírez para poner las cosas en su lugar. Explosión en un Bosque repleto y a otra cosa. ¡Bien, Lobo!
Así se juegan los clásicos. Con alma y vida. Y con buen juego. Todo eso desplegó hoy Gimnasia ante Estudiantes en 60 y 118, y tuvo un lindo premio sobre el final: empate agónico y locura en un Bosque repleto.
El Lobo fue superior de inicio a fin. Puso contra las cuerdas al equipo visitante, y por eso el empate tiene sabor a poco. Pero el modo se celebra y mucho. Y brinda una bocanada de aire fresco para el ciclo de Néstor Gorosito.
En la primera mitad Gimnasia tuvo bien controlado el partido y contó con las mejores situaciones, pero siempre chocó con un correcto Andújar que deshizo todos los intentos triperos. Y en la única que tuvo a favor, el defensivo equipo de Zielinski encontró la apertura del marcador. Fue a los 42, cuando Mas se avivó en un lateral, la defensa durmió, Del Prete se filtró y Godoy la empujó con el arco vacío.
El Lobo salió al complemento más decidió y con dos variantes clave: adentro Ramírez y Piris por Soldano y Fratta. Y con la Perla, el Tripero ganó en dinamismo arriba y generó mas peligro.
Y Gimnasia fue en busca del empate, ante un rival que adoptó la misma nefasta receta de siempre: hacer tiempo, trabar el partido y no jugar. Eso: Estudiantes nunca quiso jugar el segundo tiempo.
Como pocas veces, Pipo dio en la tecla con los cambios: los ingresos de Chávez y Benjamín Domínguez fueron factor clave para que Gimnasia pudiera acorralar a su rival. ¿El mejor? Tarragona, quien siempre resolvió bien y que tuvo la igualdad con un derechazo tremendo que dio en el travesaño.
Párrafo aparte: lo de Silvio Trucco hoy fue impresentable. Cobró todas para la visita, dio vía libre a los albirrojos para que se comieran varios minutos con actuaciones sin sentido y no cobró dos claros penales a favor del Lobo.
Hubo un solo equipo en la cancha durante todo el segundo tiempo. Aun así, los minutos pasaron. Y la buena tarde de Andújar y la poca suerte y mala puntería en la zona ofensiva albiazul, hicieron que la derrota estuviera a punto de consumarse.
Pero a segundos del final apareció Benjamín Domínguez. El pibe avanzó hacia el medio con pelota dominada y sacó un derechazo extraordinario. La pelota se le escabulló a Andújar y el error lo aprovechó Ramírez, que llegó a toda máquina para inflar la red y hacer tronar la ciudad.
No había tiempo para más. Queda algo de picardía porque el trámite del partido fue claramente a favor de Gimnasia: el único equipo que esta tarde quiso jugar al fútbol. Ellos vinieron a hacer tiempo, a ensuciar el juego y a hablar. Siempre hablan. Hoy les salió mal.
Bocanada de aire fresco para Pipo Gorosito. El partido de hoy tiene que ser un quiebre para levantr cabeza y acomodarse en el torneo. ¡Arriba Gimnasia, siempre!