Fútbol

Rastros del clásico

El periodista tripero Gabriel Fernández escribe para Letra G un análisis preciso de lo que dejó el partido del último domingo en el Bosque.

Recordarán que en estas páginas adelantamos que el estilo de juego del Pulga Rodríguez, al contar con la presencia de Brahian Alemán unos metros detrás y Emmanuel Cecchini cubriendo el medio, resultaba ideal para Gimnasia.

Hoy podemos hablar de la concreción de esa perspectiva, con un goleador impensado en otros tramos de nuestra historia reciente. En general, contamos con un equipo de buen volumen de juego, técnica adecuada y llegada.

Claro está, las lesiones de Contín y Domínguez han resultado un verdadero problema para completar la ofensiva. No vamos a extendernos sobre algo que el lector ya sabe: Holgado no rinde a la altura de las exigencias.

Refrendamos también otro asunto, más complejo: este plantel está un escalón por encima del cuerpo técnico. Aunque Pipo Gorosito y su gente comprendieron varias cosas y ubicaron valores esenciales en su justo lugar, también la pifiaron en un puñado de situaciones decisivas.

El trámite del clásico evidenció ambas realidades. Un buen planteo inicial, con la excepción de Colazo –lo ponen de tres por el hecho sencillo de saberlo zurdo, pero es ostensiblemente un volante adelantado-. En esa posición, con lo existente, tendría que haber jugado Lucas Licht.

Antes, un traspié innecesario: la imposición de un muletto para enfrentar a Argentinos Juniors complicó la aspiración de adentrarse en la Sudamericana. ¿Por qué innecesario? Bastaba cuidar algún jugador expuesto a tarjetas, pero si de rendimiento se trata, el equipo contaba con toda una semana para una eventual recuperación física.

Volvamos al Bosque. Así como presentó un once bien dispuesto, con la excepción marcada, el banco equivocó los cambios. Cocimano y Torres no tenían nada que hacer en ese cotejo, y Carbonero sí. El moreno, generador continuo y acelerador impredecible, hubiera originado riesgo hasta el último segundo.

Entre esa falencia auto infligida, las dificultades para el relevo a espaldas de Gerometta y la ausencia de lateral izquierdo, un Lobo superior dejó tres espacios –uno arriba, dos abajo- que resultaron letales, usufructuados por un rival que no siente la ofensiva y aprovecha cada opción como si fuera la única de su historia.

Así, una gran presentación tripera derivó en empate. En cierto punto, la pesadilla persiste. Se concretaron cuatro goles y no se pudo ganar. La celebración de los ellos confirma nuestro aserto: Gimnasia jugó mejor, mereció la victoria, y el Albirrojo terminó abrazado a una igualdad que alcanzó raspando.

Hay otros aspectos a considerar. Ya aclaramos las falencias; hablemos de las virtudes. Compacto en el medio, el Basurero controló la zona clave y al hacerse del balón lo hizo circular bien y con pespuntes de alto vuelo. Hubo triangulaciones bellas y productivas, variantes ofensivas, buen despegue de volantes, algunas llegadas colectivas.

En un momento, la vida pareció sonreír. Al final, nos hizo saber que para el humilde triperío todo cuesta un poco más y que aun enfilando por el sendero correcto, las complicaciones están a la orden del día. Sin embargo, un resultado injusto no lleva a olvidar el acierto de Letra G al indicar que este es el camino.

Finalmente. Han pasado algunos días y todavía resuena el temblor emocional desatado en el Bosque. Calculamos unas 35 mil personas en el estadio, de las cuales cinco mil, al menos, alentaron desde los jardines, sin visualizar el cotejo.

Las imágenes de los pibes colgados, peligrosamente, de cables y barandas para atisbar algo, las plateas y los palcos abarrotados, los padres cargando a sus pibes a caballito y las madres inventando juegos para entretener a los más chicos, dejaron una nueva estela de la pasión que confluye en Gimnasia.

Una pasión configurada por innumerables motivos, que se afincan en pasados lejanos y derivan en presentes fervorosos. El magnífico espectáculo de nuestra gente permitió que el torpe festejo rival se derramara como agua grisácea por las alcantarillas.

Las palabras de un tal Díaz, ese que fue expulsado de Sarmiento de Junín por “mal compañero y mala persona” y de Zielinski, que sorprendió con su injustificado lamento en una triste conferencia de prensa, evidencian que ambos se encuentran en el club excacto.

La multitud tripera, también.

Sin olvidar los errores, es pertinente indicar: que un empate no nos prive de celebrar el recuerdo de una fiesta sin par.

Gabriel Fernández - Periodista La Señal Medios