EMPATE Y A SEGUIR
Gimnasia, con un gran rendimiento, ganaba el clásico 4-2 en el Bosque pero no lo pudo aguantar y Estudiantes lo igualó faltando 20 minutos. Un partidazo histórico, con triplete del Pulga y un gol espectacular de Alemán. Este es el camino. Hay que seguir.
Queda un sabor amargo, sí, pero también queda la certeza de que es por acá. Hoy Gimnasia hizo un partido de alto vuelo en el Bosque, aunque no le alcanzó para quedarse con el clásico #182 de la historia.
En 60 y 118 hubo de todo: tribunas que explotaron de triperos y triperas, penales, ocho goles y todo tipo de condimentos que hicieron de este encuentro un partido memorable.
La cosa no arrancó bien para el Lobo. Primero, a los 20, Del Prette abrió la cuenta post desvío en pelota parada, el arma más peligrosa del rival. Y de inmediato, Gerometta la mandó larga para Carbonero, que la paró con clase, se la adelantó a su marcador y se desplomó ante el contacto de Rogel. El Pulga le dio demasiado suave y Andújar contuvo abajo sin problemas.
El Lobo, lejos de apichonarse, siguió rumbeando hacia el arco del arquero albirrojo. Y minutos después, la bola le quedó boyando al Pulga en el área chica: esta vez el tucumano no perdonó y fusiló al uno visitante.
El asunto no daba tregua. En la siguiente llegada tripera, otra vez apreció el 8 del Lobo: pase extraordinario de Alemán, desborde de Gerometta y definición exquisita del tucumano. 2-1.
El Pincha fue a buscar el empate y lo encontró minutos después, cuando Pasquini se mandó por izquierda y, tras un rebote fortuito, la mandó a guardar de derecha al ángulo lejano de Rey.
Había más. A los 38 Alemán le sacudió desde la casa y marcó un gol extraordinario para el deleite de la hinchada tripera. Y al descanso.
En el complemento el asunto no cambió y siguió siendo palo y palo. Ramírez fabricó otro penal y esta vez el Pulga lo aseguró fuerte al medio para llegar a tres en su cuenta personal.
Lo que vino después fue el retroceso inexplicable de Gimnasia, que no lo pudo aguantar. Los cambios de Zielinski fueron más inteligentes que los de Gorosito, quien apostó por Leyes en lugar de Ramírez (insoportable para la defensa rival) y por Cocimano en lugar de Carbonero. El partido pedía los ingresos de Pérez García y Lautaro Chávez para manejar más la pelota y liquidar el pleito. Pero no.
Estudiantes fue a puro pelotazo, y rebote fortuito va, rebote fortuito viene, halló el descuento a través de Noguera y el posterior empate a través de Leandro Díaz.
¿Conclusiones? El Lobo hizo un partido extraordinario de tres cuartos en adelante, con individualidades en niveles superlativos. No lo aguantó por varios motivos: primero, porque no cuenta con recambios de jerarquía para cerrar este tipo de duelos. Segundo, porque los pelotazos frontales y desbordes constantes del Pincha fueron demasiado para una defensa diezmada que jugó como pudo. Tercero: las variantes de Pipo dejaron bastante que desear.
El sabor es amargo pero hay que levantar la cabeza y enfilar hacia adelante. Se viene el último partido del año, donde Gimnasia definirá si se mete o no en la Copa Sudamericana. Hoy, el Lobo puede estar tranquilo porque los jugadores lo dieron todo. No se pudo, pero este es el camino. ¡Hay que seguir, Basurero!