Fútbol

SE LE ESCAPÓ EN EL ÚLTIMO SUSPIRO

Gimnasia hizo un buen partido y se abrazaba a la victoria en el Bosque, pero en tiempo cumplido Vélez lo empató con un jugador menos y todo quedó 2-2. Los goles triperos: Matías García igualó de forma transitoria de penal y luego facturó Johan Carbonero. El Lobo mereció mejor suerte pero una desatención defensiva lo dejó con un sabor amargo ante el Fortín. A pensar en Huracán.


En el tiro del final a Gimnasia se le escurrieron dos puntos entre las manos. El equipo de Maradona, hoy dirigido por el Gallego Méndez, se durmió en la última bola de la noche y tuvo que conformarse con una igualdad amarga ante Vélez, que jugó con uno menos desde los albores de la segunda etapa.

El Lobo fue más que el Fortín. Incluso cuando los de Liniers se pusieron en ventaja a los cinco minutos de juego, el Tripero no se desmoronó y mantuvo su libreto: orden, constancia en la presión media y explosión por las bandas. Y fue ahí, por las bandas, donde el Lobo mordió: Caco García y Carbonero complicaron y mucho a la defensa visitante, mientras que los laterales, Melluso y Weingandt reforzaban con eficacia las maniobras de ataque.

Vélez hizo poco, muy poco. Desplegó nombres fuertes en los papeles pero careció de ideas en el terreno de juego. Sí supo cómo capitalizar una desatención defensiva por la derecha de la defensa tripera para encontrar el desborde y facturar post centro raso a la olla y disparo de Almada. Y eso Gimnasia lo pagó caro. Eso, y la liviandad a la hora de defender la última bocha del pleito, cuando Ricky Álvarez sorprendió a todos en pelota quieta y habilitó de forma exquisita a Orellano para el 2-2.

Antes, Gimnasia se había repuesto a un resultado adverso. Lo mereció en la primera etapa y lo concretó en la segunda. Primero, cerca de los 10 minutos, Weingandt se filtró en terreno adversario y se desplomó en el área por contacto rival: penal y roja para Giannetti por doble amarilla. Caco le dio suave abajo y puso la igualdad.

Después, con uno más, el Lobo fue por todo. Ayala le perforó las manos a Domínguez y minutos más tarde Carbonero le dio fuetre, bajo y de zurda desde lejos y puso el 2-1.

El Lobo pudo haber aumentado y liquidado el pleito, pero no. Cuando las agujas marcaban tiempo cumplido, lo dicho: Álvarez se burló de todos y Orellano fusiló a Broun.

Bronca. Mucha bronca. Porque el partido estaba en el buche y porque Gimnasia hizo los méritos para ganarlo. Pero no hay tiempo de lamentos: el domingo se viene un partido clave ante Huracán en el Ducó y Gimnasia tiene con qué para ilusionarse.




Agustín Colianni