Fútbol

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Gimnasia fue una calamidad en Tucumán y perdió por goleada 4 a 1 ante Atlético. El Lobo hizo todo mal y se volvió a La Plata con una derrota durísima que vuelve a abrir muchísimos interrogantes de cara a lo que viene. Hay que remontar como sea el próximo viernes porque el margen de error de va borrando.

Trece minutos. Eso fue lo que duró la vida de Gimnasia en Tucumán. Trece minutos. Fue a los trece minutos de juego que Leandro Díaz canjeó por gol un penal insólito que había cometido Piovi.

Gimnasia fue un esperpento: en un partido donde la igualdad era negocio, el Lobo hizo todo a la inversa de lo que marcan las instrucciones del fútbol y no estuvo ni cerca de lograr el empate. Porque los de Troglio fueron un repertorio agotador de pelotazos frontales sin destino. Un equipo frágil, inocente e inofensivo.

Está claro que Piovi no estaba para ser titular. El defensor que pertenece a Racing lo demostró a los 10 de iniciado el encuentro, cuando una mala salida suya desembocó en la apertura del marcador por parte de Favio Álvarez. Después, lo dicho: Leandro Díaz se burló de toda la defensa tripera, recibió un pase filtrado, y el jugador tripero que volvía al ruedo después de varios meses de lesión lo cortó bruscamente de atrás. 2 a 0 y a otra cosa.

Pero Gimnasia iba a hallar algo de esperanza. A los 36 aprovechó la pegada de Ayala (hoy por hoy, la única vía de gol que tiene este equipo tan mansito), que mandó una pelota venenosa a la olla para que, luego de una serie de rebotes, Faravelli la mandara a la red. Y el Lobo fue por la igualdad pero sin éxito. Nunca encontró los caminos. Nunca gravitaron Tijanovich ni Comba. Silva estuvo solo. Mussis no hizo pie como volante central (¿Gimnasia lo desperdicia en esa posición?). Y el resto sucumbió en la misma. Encima, en el ocaso de la primera etapa el Decano llegó al tercer gol a través de un cabezazo limpio Cabral.

En el entretiempo Troglio sacó a Guiffrey (debió sacar a Piovi) y mandó a la cancha al Monito Gómez, que nada pudo hacer para cambiar la ecuación. Atlético lo liquidó a los 7 del segundo acto, cuando Díaz volvió a dejar en ridículo a los defensores tripas: sacó a pasear a Guanini y a Piovi juntos y después se desplomó en el área. Mastrángelo compró un penal que no era y Matos lo cambió por gol. 4 a 1.

Todo lo que vino después estuvo de más. Dio la sensación de que los de Zielinski levantaron el pie del acelerador ante un rival perdido como Gimnasia, que dio todas las ventajas que podía dar. Los desacoples en defensa le pasaron al Lobo una factura muy abultada y el 2019 arrancó de la peor manera. Se viene Tigre el viernes.

Será un partido bisagra: allí sí que no se admite otro resultado que no sea la victoria. Ganar será una obligación. Hoy por hoy, lo mejor de este Gimnasia es que sus rivales directos no paran de guiñarle el ojo. Es hora de despertarse, Lobo.