Fútbol
29/11/2018
¡VA POR TODO!
¡Así, sí! Con ímpetu, intensidad e inteligencia, Gimnasia borró a River de la Copa Argentina y se metió en la fase definitoria del certamen, donde se las verá con Rosario Central. El Lobo se impuso por penales tras igualar 2 a 2 en los 90 minutos de un partido que tuvo de todo, y jugará una final oficial tras 24 años. Miles de triperos coparon Mar del Plata y deliraron con una victoria histórica. ¡Vamos por todo, Tripa!
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Volvió Gimnasia. Ese equipo intrépido, intenso, asfixiante y ultra combativo de hace varias semanas se presentó en Mar del Plata, se plantó ante River con garra y corazón, y se metió en la final de la Copa Argentina.
Es por acá, Lobo. He aquí el camino. Jugando así, de seguro que habrá muchas probabilidades de escaparle a la zona baja de los promedios. Y mientras tanto, Gimnasia se ilusiona en grande. Y cómo no hacerlo, si 90 minutos lo separan de la posibilidad concreta de ser campeón.
Troglio leyó bien las instrucciones. Su planteo ante el mejor equipo de Sudamérica fue el más atinado, más allá del resultado que luego tendría el partido. Porque desde el vamos, Gimnasia le hizo saber a River que conocía a la perfección las virtudes y falencias, propias y ajenas. Así, hubo lugar para el juego que más le gusta a este Lobo.
Mientras los de Gallardo manejaron la pelota en la constante búsqueda del hueco perfecto para lastimar, los de Troglio se cerraron bien atrás, presionaron alto y apostaron al vértigo de tres cuartos en adelante. En esa materia sacaron un sobresaliente tanto Comba como Tijanovich, que ejercieron un trabajo enorme por las bandas.
El Lobo se aferró también a un mediocampo más que interesante: al tándem Rinaudo-Faravelli se sumó con éxito Ayala. Y el paraguayo, que tuvo la oportunidad de mostrar que puede, no defraudó. No falló en el juego, dejó sobradas muestras de su excelente pegada y nunca estuvo fuera de ritmo. Ni siquiera cuando le tocó pararse de lateral derecho tras la temprana expulsión de Bonifacio.
Garra, actitud, huevos, corazón. Llámele como quiera. Eso fue Gimnasia. Eso, y un amor propio inconmensurable para recuperarse a cada trompazo que River le puso al mentón. Porque allí estuvo la clave del partido: Gimnasia reaccionó rápidamente después de las adversidades (el gol de Martínez, la posterior expulsión de Bonifacio y el gol de Pratto).
Faravelli puso el 1 a 1 tras una buena intentona de Tijanovich por izquierda. Silva (el incansable e inteligente Silva), cabeceó con destino a red una pelota bien ejecutado por Ayala en el segundo tiempo. Fue el 2 a 2. Y ahí, cuando River ya jugaba también con 10 por la expulsión de Pinola, se rompió el partido. El Millonario siguió yendo con buen toque y precisión, pero con las precauciones necesarias como para no descuidarse atrás. Y allí permaneció el Lobo: al acechó en terreno propio, con la certeza de que de un momento a otro podía tener su chance.
Nada cambió esa ecuación. Ambos agotaron todas las variantes y Tello pitó final. Y a penales.
LA TANDA PARA EL INFARTO
Primero, mientras que Silva aseguró su disparo, Pratto la picó y la bola dio en el travesaño. Después, Licht la colocó con éxito a su estilo, y el tiro de Ponzio fue palo y gol. Hurtado y Martínez le dieron con clase. A Ayala se lo tapó Armani, y Borré igualó la serie. Guanini fusiló al uno de River y Álvarez hizo lo propio con Alexis. Y en la última, Guiffrey aseguró su tiro y Maidana la mandó por arriba del travesaño.
Gimnasia jugará una final oficial después de 24 años, cuando venció a River en la definición de la Copa Centenario. ¿Podrá el Lobo aferrarse a los laureles este jueves 6 en Mendoza? Con esta entrega, es posible. ¡Hay algo en vos que me vuelve loco! ¡Vamos Tripa!
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Volvió Gimnasia. Ese equipo intrépido, intenso, asfixiante y ultra combativo de hace varias semanas se presentó en Mar del Plata, se plantó ante River con garra y corazón, y se metió en la final de la Copa Argentina.
Es por acá, Lobo. He aquí el camino. Jugando así, de seguro que habrá muchas probabilidades de escaparle a la zona baja de los promedios. Y mientras tanto, Gimnasia se ilusiona en grande. Y cómo no hacerlo, si 90 minutos lo separan de la posibilidad concreta de ser campeón.
Troglio leyó bien las instrucciones. Su planteo ante el mejor equipo de Sudamérica fue el más atinado, más allá del resultado que luego tendría el partido. Porque desde el vamos, Gimnasia le hizo saber a River que conocía a la perfección las virtudes y falencias, propias y ajenas. Así, hubo lugar para el juego que más le gusta a este Lobo.
Mientras los de Gallardo manejaron la pelota en la constante búsqueda del hueco perfecto para lastimar, los de Troglio se cerraron bien atrás, presionaron alto y apostaron al vértigo de tres cuartos en adelante. En esa materia sacaron un sobresaliente tanto Comba como Tijanovich, que ejercieron un trabajo enorme por las bandas.
El Lobo se aferró también a un mediocampo más que interesante: al tándem Rinaudo-Faravelli se sumó con éxito Ayala. Y el paraguayo, que tuvo la oportunidad de mostrar que puede, no defraudó. No falló en el juego, dejó sobradas muestras de su excelente pegada y nunca estuvo fuera de ritmo. Ni siquiera cuando le tocó pararse de lateral derecho tras la temprana expulsión de Bonifacio.
Garra, actitud, huevos, corazón. Llámele como quiera. Eso fue Gimnasia. Eso, y un amor propio inconmensurable para recuperarse a cada trompazo que River le puso al mentón. Porque allí estuvo la clave del partido: Gimnasia reaccionó rápidamente después de las adversidades (el gol de Martínez, la posterior expulsión de Bonifacio y el gol de Pratto).
Faravelli puso el 1 a 1 tras una buena intentona de Tijanovich por izquierda. Silva (el incansable e inteligente Silva), cabeceó con destino a red una pelota bien ejecutado por Ayala en el segundo tiempo. Fue el 2 a 2. Y ahí, cuando River ya jugaba también con 10 por la expulsión de Pinola, se rompió el partido. El Millonario siguió yendo con buen toque y precisión, pero con las precauciones necesarias como para no descuidarse atrás. Y allí permaneció el Lobo: al acechó en terreno propio, con la certeza de que de un momento a otro podía tener su chance.
Nada cambió esa ecuación. Ambos agotaron todas las variantes y Tello pitó final. Y a penales.
LA TANDA PARA EL INFARTO
Primero, mientras que Silva aseguró su disparo, Pratto la picó y la bola dio en el travesaño. Después, Licht la colocó con éxito a su estilo, y el tiro de Ponzio fue palo y gol. Hurtado y Martínez le dieron con clase. A Ayala se lo tapó Armani, y Borré igualó la serie. Guanini fusiló al uno de River y Álvarez hizo lo propio con Alexis. Y en la última, Guiffrey aseguró su tiro y Maidana la mandó por arriba del travesaño.
Gimnasia jugará una final oficial después de 24 años, cuando venció a River en la definición de la Copa Centenario. ¿Podrá el Lobo aferrarse a los laureles este jueves 6 en Mendoza? Con esta entrega, es posible. ¡Hay algo en vos que me vuelve loco! ¡Vamos Tripa!