Fútbol
15/08/2018
Un fútbol para pocos y pocas
La decisión de la AFA de poner a disposición venta de entradas visitante alimentó las expectativas para los hinchas que quieren recuperar el tradicional folclore del viaje y el apoyo al equipo, pero pronto se vieron repudiadas por el excesivo precio, que no le deja nada a los clubes.
Se confirmó que el sábado el Florencio Solá podrá recibir a hinchas visitantes, por lo cual miles de triperos podrán acompañar al equipo de Pedro Troglio. Aun así, hay varios puntos para mencionar con respecto a la política de acceso.
Una familia de cuatro personas debe gastar 2200 pesos sólo de entrada si quiere asistir el sábado a la cancha de Banfield. Si sumamos transporte, estacionamiento y comida, el gasto es mayor para un deporte que desde sus orígenes se consideró popular.
El funcionamiento cuenta con un engranaje perfecto: una empresa con intereses ligados a altos dirigentes gestiona entradas y desliga a los clubes de ingresos, para continuar con la política de vaciamiento. Una lógica que sigue las líneas europeas, al aumentar la brecha entre los clubes populares y los mediáticos.
Por otro lado, la idea de sacar una entrada por tarjeta de crédito también margina a sectores trabajadores que no cuentan con ingresos fijos o tienen una condición laboral precaria. Encima, la coordinación para conseguirla depende de ciertos horarios, los cuales puede resultar otro impedimento. Ni hablemos, entonces, de las generaciones que no manejan con fluidez las tecnologías.
“A los dueños de los medios no les interesa otra cosa que vender, eso es prioridad en estos tiempos, y el desafío del periodista es poder disputar nuevos sentidos”, dijo alguna vez el periodista de ESPN Eduardo Caimi. Por eso hay una doble exclusión: no sólo te despojan de la felicidad de compartir un momento con familiares y amigos, sino que la alternativa es pagar un pack de fútbol con precios desmedidos.
El mercado atrapó hace tiempo este deporte y deja cada vez menos margen para que los hinchas vayan a la cancha con la masividad que corresponde, en un contexto de crisis económica y aumento desmedido de precios. Aún así, existen filiales que se organizan y sacan micros a precios accesibles, para que llegar a destino no sea más costoso aún. Por convicción, los hinchas coparán la cabecera visitante aunque represente un ajuste de bolsillo a futuro.
El ideal de pensar las tribunas llenas y festivas se choca con la política de generar un ingreso para pocos, donde no se piensa en la economía de los socios, sino en la recaudación de las empresas que lucran con la pasión.
Santiago Giorello
Una familia de cuatro personas debe gastar 2200 pesos sólo de entrada si quiere asistir el sábado a la cancha de Banfield. Si sumamos transporte, estacionamiento y comida, el gasto es mayor para un deporte que desde sus orígenes se consideró popular.
El funcionamiento cuenta con un engranaje perfecto: una empresa con intereses ligados a altos dirigentes gestiona entradas y desliga a los clubes de ingresos, para continuar con la política de vaciamiento. Una lógica que sigue las líneas europeas, al aumentar la brecha entre los clubes populares y los mediáticos.
Por otro lado, la idea de sacar una entrada por tarjeta de crédito también margina a sectores trabajadores que no cuentan con ingresos fijos o tienen una condición laboral precaria. Encima, la coordinación para conseguirla depende de ciertos horarios, los cuales puede resultar otro impedimento. Ni hablemos, entonces, de las generaciones que no manejan con fluidez las tecnologías.
“A los dueños de los medios no les interesa otra cosa que vender, eso es prioridad en estos tiempos, y el desafío del periodista es poder disputar nuevos sentidos”, dijo alguna vez el periodista de ESPN Eduardo Caimi. Por eso hay una doble exclusión: no sólo te despojan de la felicidad de compartir un momento con familiares y amigos, sino que la alternativa es pagar un pack de fútbol con precios desmedidos.
El mercado atrapó hace tiempo este deporte y deja cada vez menos margen para que los hinchas vayan a la cancha con la masividad que corresponde, en un contexto de crisis económica y aumento desmedido de precios. Aún así, existen filiales que se organizan y sacan micros a precios accesibles, para que llegar a destino no sea más costoso aún. Por convicción, los hinchas coparán la cabecera visitante aunque represente un ajuste de bolsillo a futuro.
El ideal de pensar las tribunas llenas y festivas se choca con la política de generar un ingreso para pocos, donde no se piensa en la economía de los socios, sino en la recaudación de las empresas que lucran con la pasión.
Santiago Giorello