Fútbol

AY, AY, AY

¿Inadmisible, inconcebible, irresponsable, negligente? Las palabras abundan para referenciar la actitud de algunos jugadores del Lobo. En el José Amalfitani se desnudaron problemas más profundos que el resultado final de 1-2 ante Vélez. OPINIÓN

Maximiliano Meza y Federico Rasic, que venían de purgar sanciones por el escándalo de Mar del Plata, le pifiaron otra vez. Gimnasia revisó el irrisorio reglamento de AFA y organizó partidos amistosos para que ambos futbolistas pudieran volver a la cancha cuanto antes. Los dos perciben un sueldo y los dos visten la camiseta azul y blanca. Y a ninguno de los dos parece importarle demasiado la situación.

El caso del delantero resulta más discutible. Casi que no hubo contacto contra su marcador –que, dicho sea de paso, se desplomó como si lo hubiesen acribillado– pero sí una clara intención de golpearlo. Y en fútbol, las intenciones cuentan. Rasic no aprendió la lección del clásico de verano; mucho menos, Meza, que en el ocaso del partido metió un terrible e innecesario planchazo en la mitad del terreno de juego. Fue la coartada perfecta: Echenique no dudó y los dos vieron la roja directa y de seguro se quedan al margen del derby de la séptima fecha.

En zona de vestuarios Pedro Troglio no logró ocultar su fastidio. Se lo notó furioso aunque medido al entrenador tripero. Furioso, no ya por el arbitraje sino por las acciones de sus dirigidos. Palabras más, palabras menos, sentenció algo así: “Sabemos que estamos marcados como los violentos después de lo que fue el clásico de verano”. Y tiene razón. Sucede que Gimnasia a menudo se cava su propio pozo y, lo que es peor, les da de comer en la boca a sus propios detractores: con episodios como los del sábado pasado, los jugadores del Lobo siguen siendo los cavernícolas de la película.

Desde la CD no dan garantías. Para la opinión pública, los únicos causantes de la vergonzosa gresca en Mar del Plata fueron futbolistas triperos. ¿Por qué? Básicamente porque en la vereda de enfrente hay capacidad de gestión y limpiaron la imagen más rápido de lo que tardó Daniel Onofri en decir algo.

Las ecuaciones siempre cierran en desmedro de Gimnasia, cuya principal arma es la figura de su entrenador. Con más frecuencia de la que hubiera querido, Troglio se ve obligado a poner la cara y marcar cierto territorio para frenar bombardeos arbitrales y mediáticos. Pero si los demás no ayudan, la cosa se hace cuesta arriba.

A Mendoza se le respetó el lugar y salió por bajo rendimiento. A Rasic y a Meza también se los respetó. Volvieron a pifiarle. Ahora, que vuelvan al final de la cola. Hay pibes que piden pista y quieren jugar al fútbol.


Agustín Colianni