Fútbol
02/02/2016
MEDIDAS VIOLENTAS
La Agencia de Prevención y Violencia en el Deporte (Aprevide), lanzó un informe en el que se detallan sanciones para los protagonistas del escándalo en el clásico del domingo. Increíble pero real: hay diez jugadores de Gimnasia y solamente dos de Estudiantes. La violencia no necesariamente es física. EDITORIAL
Fiel a su estilo, el organismo de seguridad más inseguro que existe le pifió y feo en su primera decisión referida a la gresca del clásico del domingo pasado. Muy, muy lejos de cualquier tipo de equidad, sentido común y medida ejemplar, destrozó a Gimnasia y mostró mano blandísima con Estudiantes. ¿Casualidad? No, nada es casual en este negocio funesto y plagado de amiguismos baratos y clientelismos bien definidos en el que se sumerge el fútbol.
El comunicado oficial de Aprevide es indignante, hace agua por todas partes y evidencia un abuso institucional desorbitante: por el lado del Lobo, pena con dos fechas de suspensión a diez jugadores (Brum, Álvaro, Rinaudo, Medina, Rasic, Coronel, Mendoza, García, Meza y Mazzola) y a Víctor Bernay; por el lado del Pincha, bien gracias: solamente recibieron la misma sanción Mariano Andújar y el uruguayo Álvaro Pereira, a los que se suman el preparador físico Martín Solé y el empleado de seguridad Jorge Menno. Ni siquiera figura Israel Damonte, el personaje que, tal como muestran las siguientes imágenes, dio inicio a la batahola con un trompazo limpio a Rasic.
Moneda corriente: en el corrupto fútbol argento, el más vivo gana en impunidad, y quien se queda en el molde a la espera de un castigo ecuánime, se lleva el peor revés. Mientras Daniel Onofri se encuentra de vacaciones y, a excepción de alunas escasas declaraciones, se llamó al silencio, Juan Sebastián Verón actuó rápido y anunció sanciones internas para los futbolistas albirrojos, medida que, con toda lógica y certeza, fue aplaudida por todos los medios nacionales de comunicación. Clientelismo, amistades, contactos, favores y devolución de los mismos: todo juega a favor del más ágil, del que mejor se mueve en el oscuro núcleo de los escritorios y organismos que lanzan sentencias en base a oscuros intereses.
Hay más: el estadio del Bosque fue suspendido por dos fechas. Las banderas de Estudiantes exhibidas en la tribuna de Gimnasia en un partido amistoso de verano costaron caro. El mismo castigo que recibió Boca después de que su hinchada arrojara gas pimienta a los jugadores de River en un superclásico internacional. ¿Alguien preguntó cómo hizo la hinchada del Lobo para ingresar al José María Minella con banderas rojas y blancas? Pocos se lo cuestionan y hay dos variantes: la inocente, que implica creer que los ingeniosos barras triperos idearon un plan genial para burlar los cacheos policiales (al hincha común le revisaban hasta las zapatillas); y la más lógica y sorpresivamente menos mencionada, que implica hablar de la famosa connivencia entre los diversos sectores que componen el negocio del fútbol.
Señores de Aprevide: no hubo error ni falencias de cacheo. Lo que sí hubo fue un beneplácito a la hinchada de Gimnasia para ingresar con esas banderas. Pero como no existe voluntad política de liquidar el problema de raíz, siempre es más sencillo ocultar la mugre bajo la alfombra y que los hinchas genuinos paguen los platos rotos. A ellos sí se los castiga y se los oprime hasta el hartazgo, porque se sabe que volverán para ser la gran rueda matriz del gran negocio del que todos los delincuentes que rodean al fútbol comen. Algo así como un aprovechamiento de la pasión y el sentimiento esencial de los hinchas.
Es cierto: Gimnasia es un club devastado y con una dirigencia lenta y muchas veces inepta. Hoy, Estudiantes tiene otros recursos, más grandes e inteligentes, pero no más nobles. Todos deben recibir una sanción ejemplar. Todos. Porque los jugadores de Estudiantes fueron igual de pendencieros que los de Gimnasia.
Letra G
El comunicado oficial de Aprevide es indignante, hace agua por todas partes y evidencia un abuso institucional desorbitante: por el lado del Lobo, pena con dos fechas de suspensión a diez jugadores (Brum, Álvaro, Rinaudo, Medina, Rasic, Coronel, Mendoza, García, Meza y Mazzola) y a Víctor Bernay; por el lado del Pincha, bien gracias: solamente recibieron la misma sanción Mariano Andújar y el uruguayo Álvaro Pereira, a los que se suman el preparador físico Martín Solé y el empleado de seguridad Jorge Menno. Ni siquiera figura Israel Damonte, el personaje que, tal como muestran las siguientes imágenes, dio inicio a la batahola con un trompazo limpio a Rasic.
Moneda corriente: en el corrupto fútbol argento, el más vivo gana en impunidad, y quien se queda en el molde a la espera de un castigo ecuánime, se lleva el peor revés. Mientras Daniel Onofri se encuentra de vacaciones y, a excepción de alunas escasas declaraciones, se llamó al silencio, Juan Sebastián Verón actuó rápido y anunció sanciones internas para los futbolistas albirrojos, medida que, con toda lógica y certeza, fue aplaudida por todos los medios nacionales de comunicación. Clientelismo, amistades, contactos, favores y devolución de los mismos: todo juega a favor del más ágil, del que mejor se mueve en el oscuro núcleo de los escritorios y organismos que lanzan sentencias en base a oscuros intereses.
Hay más: el estadio del Bosque fue suspendido por dos fechas. Las banderas de Estudiantes exhibidas en la tribuna de Gimnasia en un partido amistoso de verano costaron caro. El mismo castigo que recibió Boca después de que su hinchada arrojara gas pimienta a los jugadores de River en un superclásico internacional. ¿Alguien preguntó cómo hizo la hinchada del Lobo para ingresar al José María Minella con banderas rojas y blancas? Pocos se lo cuestionan y hay dos variantes: la inocente, que implica creer que los ingeniosos barras triperos idearon un plan genial para burlar los cacheos policiales (al hincha común le revisaban hasta las zapatillas); y la más lógica y sorpresivamente menos mencionada, que implica hablar de la famosa connivencia entre los diversos sectores que componen el negocio del fútbol.
Señores de Aprevide: no hubo error ni falencias de cacheo. Lo que sí hubo fue un beneplácito a la hinchada de Gimnasia para ingresar con esas banderas. Pero como no existe voluntad política de liquidar el problema de raíz, siempre es más sencillo ocultar la mugre bajo la alfombra y que los hinchas genuinos paguen los platos rotos. A ellos sí se los castiga y se los oprime hasta el hartazgo, porque se sabe que volverán para ser la gran rueda matriz del gran negocio del que todos los delincuentes que rodean al fútbol comen. Algo así como un aprovechamiento de la pasión y el sentimiento esencial de los hinchas.
Es cierto: Gimnasia es un club devastado y con una dirigencia lenta y muchas veces inepta. Hoy, Estudiantes tiene otros recursos, más grandes e inteligentes, pero no más nobles. Todos deben recibir una sanción ejemplar. Todos. Porque los jugadores de Estudiantes fueron igual de pendencieros que los de Gimnasia.
Letra G