Fútbol

EN MUTE

Si bien es cierto que el Lobo ha mermado en su rendimiento, no hay que perder de vista que ha sufrido varios reveses de los malos arbitrajes. La dirigencia debe tomar cartas en el asunto. OPINIÓN



Trabajo para la dirigencia: Gimnasia tiene que empezar a mendigar mejor trato en cuestiones arbitrales. Este año ha sido el colmo en cuanto a perjuicios cometidos contra el Lobo, y los ejemplos sobran, están a la vista y no admiten discusión alguna.

Puede decirse: el Lobo perdió la brújula futbolística y mermó notoriamente en su rendimiento. Puede decirse: Gimnasia mutó de un equipo combativo, aguerrido y eficaz en una sombra de sí mismo, carente de imaginación en ataque y plagada de impericias tontas en el sector defensivo. Puede decirse: el Lobo no suma porque extravió el cómo en el camino. También puede decirse mucho más: como que Gimnasia perdió la pulseada a la hora de mantener la regularidad ganadora, situación que pocos equipos logran superar. Lo que no puede decirse es que el equipo de Troglio no fue perjudicado por los arbitrajes (cada vez peores) que ofrece el fútbol argento.

Cosas que a menudo le pasan a Gimnasia, que llamativamente mantiene una postura pasiva y se calla la boca. Vale la pena puntualizar los ejemplos más claros. Primero, aquel recordado encuentro ante San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro. Al Tripero se le borró esa noche una racha de 13 encuentros sin derrotas, con una actuación lamentable de Fernando Echenique: tres penales no cobrados e inclinación contante a favor del Azulgrana en las pelotas divididas.

Lo de la Copa Argentina rozó lo vergonzoso. Allí Pedro Argañaraz le cedió la clasificación a Vélez a cinco minutos del final, cuando Navarro salió a cortar, Caraglio se dejó caer y el referí señaló el punto penal. Palo y a la bolsa: Gimnasia se despidió sin demasiadas quejas del certamen que tenía entre sus objetivos primarios.

Después vino el clásico. Y en el clásico, Federico Beligoy se hizo el zonzo cuando Leonardo Jara le entró fuerte de atrás a Maximiliano Meza adentro del área. Era penal y expulsión, pero nada de eso sucedió.

El domingo pasado en Rosario, ante Central, Diego Ceballos cumplió con todos los vaticinios establecidos en la previa (de que su estadística era altamente favorable al Canalla). Así, le anuló un gol a Mazzola por una supuesta falta de Barsottini, y liquidó el pleito cuando sancionó “mancha” de Coronel a Larrondo. Penal, gol, 3-0, partido terminado.

No hay dudas de que Gimnasia cayó en su rendimiento. Sin embargo, el análisis y las causas de esa situación quedarán para otra ocasión. El tema de los arbitrajes en contra es un ítem fundamental que no hay que perder de vista. El Lobo debe hacerse valer en los escritorios: alzar la voz y reclamar lo que es justo, he ahí la premisa de una dirigencia que hasta el momento se mantiene en mute.


Agustín Colianni