Fútbol

EN EL BOSQUE, ÉL SERÁ FELIZ

Fabián Rinaudo apunta a disfrutar la vida. Rompe con los esquemas tradicionales del fútbol atravesado por el capital. “Me fui llorando y volví sonriendo. Gimnasia es mi papá, mi mamá, me acobijó en los momentos duros”, siente. Perfil de una persona de pueblo, que nunca dejó de serlo.

“La historia del fútbol es un triste viaje del placer al deber. A medida que el deporte se ha hecho industria, ha ido desterrando la belleza que nace de la alegría de jugar porque sí. En este mundo del fin de siglo, el fútbol profesional condena lo que es inútil, y es inútil lo que no es rentable”. Eduardo Galeano

Tres años después de que Amstrong se hubiera declarado ciudad, nació el 8 de mayo de 1987 el futbolista más famoso de esos once mil habitantes. Rinaudo eligió un día de luchadores: Muhammad Alí perdió su título mundial por negarse a realizar el servicio militar obligatorio, Mahatma Gandhi comenzó una huelga de hambre por los derechos de su pueblo, y la Alemania nazi se rindió ante los aliados. En Argentina, desde 2013 se estableció “El día nacional contra la violencia institucional”, para recordar las violaciones a los derechos humanos por fuerzas de seguridad.

En su primera infancia se apropió del club Defensores –el único del lugar. Es así que lleva sus colores en un antebrazo, y en el otro los de Gimnasia.

Cuenta un amigo que no se imaginaba tanto recorrido profesional, ya que la pasión por los fierros lo hacía dudar. “De chiquito, mi viejo me llevaba a una cancha y lloraba. Me decidí a intentarlo cuando me vine a La Plata. Lo mío era una vida normal: las minas, los amigos, las motos. Ni siquiera miraba fútbol”, explica el jugador, que se acercó a la ciudad de las diagonales un 21 de enero de 2005.

Ese año Pedro Troglio atravesaba su primera etapa como técnico del Lobo. En el primer semestre lo salvó del descenso, y en el segundo peleó el campeonato.

Así, Fito pasó de la Zanella con amigos en su territorio de la infancia, a Estancia Chica. “Mis viejos me convirtieron en una persona de bien. Mi hermano Leandro es un grande, porque jode que en Amstrong sea el hermano de Fito, pero se lo toma de la mejor manera, y eso lo valoro mucho”, cuenta

Tres años después de conocer La Plata, debutó en el estadio de 25 y 32 contra Independiente en un amistoso de invierno de 2008. En octubre llegó a Primera bajo la conducción de -un recién llegado- Madelón, en el peor contexto del equipo en 30 años, en zonas bajas que eclipsaron en 2011 con el descenso, tras jugar tres promociones. Eso no fue impedimento para que en mayo de 2009 llegara a la Selección de la mano de Maradona, y viviera un proceso de cinco años hasta quedar afuera de la lista de 23 de Sabella para el Mundial de Brasil.

El mediocampista tuvo un enemigo: sus sendas lesiones en las rodillas frenaban esperanzas de desarrollo en el fútbol. Más de una vez le dijo a su madre que iba a dejar todo, pero un buen tratamiento lo salvó.

En el Lobo recuerda la promoción de 2009 con Atlético Rafaela: “Entramos muertos al partido de vuelta”, indica, tras haber perdido 3 a 0 en la ida, cerca de su pueblo natal. Su única cábala es acordarse de la familia antes de cada partido, y rezar. Aquella tarde los goles de Niell le devolvieron el alma y la fe en el Club.

Luego, contra San Martín de San Juan, vivió su peor momento en la Institución, cuando le tocó descender en su partido 100 con la azul y blanca. Ese día parió Rinaudo ídolo, luego de quebrarse frente a las cámaras: “Yo vengo de abajo, de las inferiores, no quería irme así”, afirmó, tras tres temporadas en Primera con un gol a Lanús en el Bosque.
Su destino era europeo. En Sporting de Lisboa se hizo querer por su despliegue y marca, al igual que en La Plata. Hizo 2 goles en 41 partidos en el equipo que alguna vez jugó Cristiano Ronaldo. En Italia se juntó su historia familiar con la profesional, ya que su descendencia europea lo encontró. Convirtió un gol en 16 partidos, pero no aguantó más.

El evento solidario para una intervención médica a su ex compañero Maxi Kondratiuk le movió el piso. La ovación de la hinchada le ganó a la mercancía. Sin formación universitaria, el mediocampista vivió por dentro este deporte. Negoció y mandó un mensaje crítico, a la manera de Eduardo Galeano: “No me podía desprender nunca de Gimnasia. No fue fácil. El deseo de volver era más grande que todos los números. Estoy en casa otra vez, estoy pasando un momento muy lindo. Dejémonos de hinchar un poco con tanta luz de Europa y pensemos en las cuestiones internas”, deslizó en conferencia.

Cuando se fue, Gimnasia comenzaba su incursión en la B Nacional con la tribuna H vacía. Hoy, se construye el Estadio del Bosque, se resignifica Estancia Chica y el equipo atraviesa un buen pasar en el torneo local y la Copa Argentina. Como expresó la Revista Ginasiá, parafraseando a la banda Estelares, “Fito” priorizó el corazón sobre todo.


Santiago Giorello