Fútbol

QUIERO TIEMPO NO APURADO

Los problemas de Gimnasia están lejos de ser la falta de garra, de sangre, y de calidad que se viene imponiendo como lectura. <b>OPINIÓN</B>

No se trata, en este oficio, de repartir críticas sin fundamento. Es evidente que Gimnasia tiene problemas. Pero los mismos están lejos de ser la falta de garra, de sangre, y de calidad que se viene imponiendo como lectura entre hinchas y no pocos colegas que siguen al tripero.

Estas caracterizaciones están llevando a instalar una lectura inexacta que puede resultar perjudicial para resolver lo que pasa. La idea básica sería: hay un plantel de jugadores flojos que, a su vez, son mercenarios y poco les importa el período en baja.

Esto deriva en que el cuerpo técnico liderado por Pedro Troglio es incapaz de infundir el ánimo suficiente para luchar los partidos, pero también se cuestiona su mirada para seleccionar futbolistas y organizarlos adecuadamente.

Digamos entonces lo que pensamos abiertamente: el error básico que hoy vive el equipo de Gimnasia es la compulsión, compartida y alentada por el director técnico, al no haber afrontado las derrotas con la serenidad necesaria para revertirlas.

Los primeros 15 minutos de cada cotejo son evidentes. Gimnasia sale tan desesperado por hacerse del balón y generar algo en ofensiva que se ahoga y necesita adelantar casi en media hora el cambio de aire. Cabe recordar que la división del encuentro en 45 minutos no es antojadiza y tiene relación con las posibilidades físicas en general.

En una especie de círculo vicioso, contrariamente a lo que “ven” hinchas y periodistas, Gimnasia pone “demasiados huevos” en un juego que se caracteriza por la presión, la garra, pero también por la cabeza bien utilizada para controlar los ritmos del partido.

El tono de juego tripero fue damnificado por declaraciones también apresuradas del técnico. Troglio dijo dos cosas que a lo sumo pueden formar parte de una charla a mitad de semana, no de una conferencia de prensa cuyos contenidos reverberan en la cabeza del jugador: “Sólo sirve ganar”, y “no hay que salir jugando”.

En realidad son dos pavadas. La primera compromete al mismo entrenador porque en el fútbol se gana, se empata y se pierde. La idea bilardiana de declamarse ganador solo se puede formular genuinamente después de una gran victoria. El otro asunto es más complicado.

El seleccionador Pedro Troglio escogió buen pie –pese a la devaluación que sufre el plantel hoy día- y luego les pide que la revienten. Para eso no hacen falta ni Meza ni Rojas, ni Álvaro ni Licht, ni Mendoza ni Nacho. Ante el compromiso, el jugador preparado para otra cosa, fracasa, y la interpretación general es que posee “baja calidad”.

Es más fácil, en la impotencia que se vive desde la tribuna, gritar que son “malos” y que no ponen lo que hay que poner. Pero no es verdad. La compulsión por correr innecesariamente y por revolearla termina dando como resultado una confusión de la que no se logra salir al insistir en la misma fórmula.

Ese es un tema que tiene que resolver Troglio en su propio interior y por tanto trasladarlo como conductor de un grupo a los jugadores. Poner todo en cada maniobra no implica perder tranquilidad. Salir rápido no implica rifar el balón. Pedro es hincha aunque algunos no se lo admitan: bien, debe dejar de gritar como hincha y transmitir seguridad y serenidad.

En cuanto a los defectos puntuales: es hora de meter mano en la zaga central. Hace meses que los dos zagueros, sean quienes fueran, pierden todos (¡todos!) los balones de altura. Sabemos, cuando llega un centro cruzado, que la única opción que nos queda es que el rival no acierte el cabezazo, porque seguro va a ganar por sobre nuestros defensores.

Eso es grave en general, y muy especialmente para un planteo que busca hacerse sólido de atrás hacia delante como el que propone el cuerpo técnico de Gimnasia. En cuanto a la imprescindible serenidad para jugar: esto se traduce específicamente en la definición. En lugar de saber que siempre hay un segundo más en el área, los jugadores achican el tiempo.

Bien, sin embargo, desde hace un par de años Gimnasia ha dejado los vaivenes (de Cappa al Indio, entre tantos zigzags) y tiene una línea de trabajo. Troglio en su mentalidad vertical, con salida lateral rápida y contragolpe de zona corta dada la presión en tres cuartos ofensivos, consiguió plantear un estilo que sirvió para ascender.

Derrapar ahora y tirar esa línea por la borda implica recomponer todo aceleradamente y dejar el plantel en manos que lo pueden llevar a apuestas inmediatistas. La opción a Troglio no es Martino, Gallego, Bianchi, Guardiola, Bielsa. La opción a Troglio es un parche innominado que emergerá de alguna divisional lejana.

Quien esto escribe sabe que algunos se indignarán. Esperan que se diga “váyanse todos, putos” y cosas así. Pese a que los errores tácticos en los clásicos del año pasado bien ameritan esos gritos –lo dijimos claramente en el primer chico jugado en el Bosque- no parece que algo así aporte un poco de sensatez en estos graves momentos.

Gimnasia, su cuerpo técnico, deben trabajar tranquilos. Troglio, al haber apostado a una línea, necesita confiar en ella.

Para salir al cruce abajo con fuerza de otra de las hipótesis circulantes, queremos añadir: todos deben cobrar sus ingresos dentro de los parámetros del fútbol argentino, porque este es un deporte profesional. Si señalamos que son mercenarios porque cobran, estamos listos para ir a jugar a la Liga Platense. Y abordar el romántico amateurismo que seguro todos los hinchas van a valorar.

No nos engañemos. Seamos sinceros entre nosotros. El que tenga una propuesta mejor, que la acerque. El pedido de renuncias y cosas así, puede ser legítimo pero conlleva una obligación: quien la formula debe saber qué hacer el día después.


Gabriel Fernández, periodista La Señal Medios