Fútbol
13/03/2015
PEDRO ES GIMNASIA
Es el momento de Troglio para decidir, y esta vez tiene que pensar con la cabeza, lejos, bien lejos del corazón. <b>EDITORIAL</B>.
Más allá de los nombres propios y la inmensa necesidad de alejar al Club de personalismos que históricamente lo han dejado en las peores condiciones, es necesario destacar en este momento que Pedro es Gimnasia.
Ahora bien ¿Es necesario que un referente de nuestro querido Lobo deba pasar por esto? ¿Resulta considerado que deba sostener permanentemente las falencias evidentes? Quizás por amor, sí. Pero las consecuencias a veces no son las mejores.
Troglio hoy está poniendo en juego su relación con el Lobo porque intenta sostener algo que no pasa exclusivamente por su responsabilidad. Cada uno cumple un rol determinado, entre ellos los dirigentes, elegidos por el voto societario, que mantienen y ejecutan un proyecto deportivo que no pareciera tener un rumbo demasiado claro. Es acá donde las competencias se confunden y alguien, por decantación, termina pagando los platos rotos.
En este sentido, y pensando solamente en aquello que incumbe al técnico, hay que subrayar que Gimnasia juega mal. Troglio podrá enojarse, pero su equipo no juega bien. Los motivos del mal momento futbolístico son infinitos, pero sobre todas las cosas, hay asumir que Gimnasia es una institución en una meseta permanente que se dedica a sostener en la figura de un técnico su millón y medio de contradicciones. Problemas que se terminan dirimiendo entre 22 jugadores en el transcurso de un fin de semana. Conflictos de arrastre que no tienen correlación con lo que pasa en el día a día. No hay un proyecto de fútbol interesante y tampoco los cuadros suficientes para discutir en Gimnasia ese proyecto. ¿Dónde se debate el futuro del Club? ¿En los medios? ¿Dependemos de la suerte en los libros de pases? Más allá de la dirigencia ¿quién propone algo distinto? ¿Y los candidatos de las elecciones pasadas, dónde están? Gimnasia es un club que se piensa solo en años electorales y que cuenta con el apoyo de hinchas que incluso han dejado la vida reacondicionando el estadio del Bosque. En fin, este es un tema mucho más complejo pero que nos deja bien en claro que Pedro es simplemente el tipo que se banca todo en un banco de suplentes. ¿Debe seguir haciéndolo a cualquier precio?
Logrado el ascenso en mayo de 2013, nuestro técnico fue claro: “A este club lo amo, si pudiera quedarme lo haría de por vida. Pero me quisiera asegurar quedarme bien, y no tener que irme mal como me tocó”. El mensaje era claro: no quiero repetir la historia, no quiero irme mal, vamos a aprovechar para crecer. Sin embargo, como suele pasar, todo se disuelve.
El problema de Troglio es marcar los límites. Debe poner condiciones, marcar la cancha, dejar de responder por una magra cosecha de jugadores juveniles, dejar de estar pendiente de las condiciones laborales de sus jugadores.
Ahí sí, cuando deje de lado el hincha, habrá que evaluarlo objetivamente. Mientras tanto tiene que dejar de ser la figurita repetida que le pone el pecho a los problemas internos y se muestra como el único referente de Gimnasia en la opinión pública a nivel nacional. Eso, inevitablemente, lo va a llevar al fracaso. Es su momento de decidir, y esta vez tiene que pensar con la cabeza, lejos, bien lejos del corazón.
Ahora bien ¿Es necesario que un referente de nuestro querido Lobo deba pasar por esto? ¿Resulta considerado que deba sostener permanentemente las falencias evidentes? Quizás por amor, sí. Pero las consecuencias a veces no son las mejores.
Troglio hoy está poniendo en juego su relación con el Lobo porque intenta sostener algo que no pasa exclusivamente por su responsabilidad. Cada uno cumple un rol determinado, entre ellos los dirigentes, elegidos por el voto societario, que mantienen y ejecutan un proyecto deportivo que no pareciera tener un rumbo demasiado claro. Es acá donde las competencias se confunden y alguien, por decantación, termina pagando los platos rotos.
En este sentido, y pensando solamente en aquello que incumbe al técnico, hay que subrayar que Gimnasia juega mal. Troglio podrá enojarse, pero su equipo no juega bien. Los motivos del mal momento futbolístico son infinitos, pero sobre todas las cosas, hay asumir que Gimnasia es una institución en una meseta permanente que se dedica a sostener en la figura de un técnico su millón y medio de contradicciones. Problemas que se terminan dirimiendo entre 22 jugadores en el transcurso de un fin de semana. Conflictos de arrastre que no tienen correlación con lo que pasa en el día a día. No hay un proyecto de fútbol interesante y tampoco los cuadros suficientes para discutir en Gimnasia ese proyecto. ¿Dónde se debate el futuro del Club? ¿En los medios? ¿Dependemos de la suerte en los libros de pases? Más allá de la dirigencia ¿quién propone algo distinto? ¿Y los candidatos de las elecciones pasadas, dónde están? Gimnasia es un club que se piensa solo en años electorales y que cuenta con el apoyo de hinchas que incluso han dejado la vida reacondicionando el estadio del Bosque. En fin, este es un tema mucho más complejo pero que nos deja bien en claro que Pedro es simplemente el tipo que se banca todo en un banco de suplentes. ¿Debe seguir haciéndolo a cualquier precio?
Logrado el ascenso en mayo de 2013, nuestro técnico fue claro: “A este club lo amo, si pudiera quedarme lo haría de por vida. Pero me quisiera asegurar quedarme bien, y no tener que irme mal como me tocó”. El mensaje era claro: no quiero repetir la historia, no quiero irme mal, vamos a aprovechar para crecer. Sin embargo, como suele pasar, todo se disuelve.
El problema de Troglio es marcar los límites. Debe poner condiciones, marcar la cancha, dejar de responder por una magra cosecha de jugadores juveniles, dejar de estar pendiente de las condiciones laborales de sus jugadores.
Ahí sí, cuando deje de lado el hincha, habrá que evaluarlo objetivamente. Mientras tanto tiene que dejar de ser la figurita repetida que le pone el pecho a los problemas internos y se muestra como el único referente de Gimnasia en la opinión pública a nivel nacional. Eso, inevitablemente, lo va a llevar al fracaso. Es su momento de decidir, y esta vez tiene que pensar con la cabeza, lejos, bien lejos del corazón.