Fútbol

<big>POLOS OPUESTOS</big>

En el fútbol de hoy (salvo escasas excepciones de clubes con billeteras gordas, muy gordas) priman los procesos largos por sobre los nombres propios y por sobre las desprolijidades; las desprolijidades a las que se aferran los clubes, víctimas de las urgencias que marcan los resultados. Lanús y Vélez están en un extremo; clubes como Quilmes, en otro. Y Gimnasia, de a poco y con sus limitaciones, se perfila hacia el primero. <b>OPINIÓN</b>

Garúa en cancha de Quilmes. Esa lluvia molesta va a perjudicar a Gimnasia. Y a beneficiar a Quilmes. Es que Quilmes juega a eso: ensucia los partidos, molesta, corre, mete y apuesta a la pelota parada. Le conviene no jugar al fútbol. Eso es Quilmes: un equipo de barrio con escasos recursos y desesperado por objetivos pequeños. Y así le va a Quilmes: el mote de ascensor (“suben y bajan, suben y bajan”), es un calco de su realidad.

Gimnasia y Quilmes descendieron en la misma temporada. Quilmes volvió de forma inmediata; Gimnasia, tuvo que esperar un año más. Quilmes se salvó raspando de volver a descender el torneo pasado (Racing le cedió tres puntos fundamentales para que se fuera Independiente) y este año se salvó de casualidad.

Gimnasia, en cambio, tiene un rumbo fijo, algo más promisorio. Porque Gimnasia viene bancando un proyecto desde hace largo tiempo. Y Gimnasia tiene un equipo. A diferencia de Quilmes, Gimnasia ya no pone parches en cada mercado de pases. Y así le va a Gimnasia: hoy tiene garantizado Primera División para rato y va a disputar un certamen internacional.

La garúa no cesa y Quilmes abre el marcador en el segundo tiempo. Lo hace fiel a su estilo: centro venenoso, mala fortuna del rival por culpa de las condiciones climáticas, y gol. Quilmes le gana a Gimnasia. Ninguno de los dos hizo mucho para ir ganando. Pero gana Quilmes.

En el fútbol de hoy (salvo escasas excepciones de clubes con billeteras gordas, muy gordas) priman los procesos largos por sobre los nombres propios y por sobre las desprolijidades; las desprolijidades a las que se aferran los clubes, víctimas de las urgencias que marcan los resultados. Lanús y Vélez están en un extremo; clubes como Quilmes, en otro. Y Gimnasia, de a poco y con sus limitaciones, se perfila hacia el primero.

Ya nadie sabe contar cuántos técnicos se comió Quilmes en el corto plazo. Gimnasia tiene el mismo hace casi dos años. Quilmes y Gimnasia son polos opuestos.

El partido termina antes que la molesta garúa. Quilmes ganó 2 a 0. Quilmes festeja quedarse un ratito más en Primera División. En Gimnasia hay desazón porque se perdió de vista un objetivo grande. En el receso, en el próximo mercado de pases, Quilmes volverá a emparchar el equipo. Y Gimnasia sólo tendrá que acomodar un par de piezas y continuar su rumbo fijo. Es factible que a Gimnasia le vaya mejor en un futuro no muy lejano.

Eduardo Galeano lo explicó mejor: “Ojalá podamos ser capaces de seguir caminando los caminos del viento, a pesar de las caídas y las traiciones y las derrotas, porque la historia continúa, más allá de nosotros, y cuando ella dice adiós, está diciendo: hasta luego”.


Agustín Colianni