Fútbol

GOLEADOR, SE BUSCA

Se acerca el final y Gimnasia aún no ha encontrado el delantero ideal, ya sea por lesiones, niveles bajos o falta de efectividad. <b>OPINIÓN</b>

Algunos podrán decir que los que ahora hablan, lo hacen con el diario del lunes. Es posible, pero resulta imperioso remarcar que Gimnasia le ha pifiado en el último mercado de pases, sobre todo, en la delantera.

En cierto momento, la ida de Franco Niell –jugador indispensable para Pedro Troglio– pareció enmendarse con la aparición de Federico Rasic. Es que el Flaco arrancó con todas las ganas y supo revalidar su gran trabajo de pretemporada en las redes adversarias de Primera División. Los goles a Rosario Central y Belgrano (dos) más las buenas actuaciones en otros primeros partidos del certamen, le valieron la consideración grata de la opinión pública. Todos hablaron de Rasic como si se hubiera tratado del nueve del momento. Incluso, muy posiblemente nos convencieron de que lo era. Pero el marplatense, así como si nada, comenzó a sumergirse en la intrascendencia y Troglio debió apelar a la rotación.

Pereyra, Rasic, Borghello, Correa, Peralta y Romea. Seis delanteros; ninguna garantía de gol. No resulta casual que el DT tripero haya tenido que recurrir a un sistema casi polémico, en el que hay lugar solamente para un atacante. Con esta táctica Gimnasia ganó en gestación de juego pero no resolvió cómo ganar en los metros finales, adelante, allá donde se hacen diferencias y se definen los partidos.

Facundo Pereyra, que cuyas cualidades si bien se acercan a las de un delantero de área neto no se adecúan perfectamente a esa posición, es la principal carta de gol del equipo del Lobo. El Gordo, que ha sabido desenvolverse con gran éxito en el Torneo de la B Nacional, ahora lucha bien solo en el frente de ataque y se banca la parada como puede. Aun así, le alcanza para ser uno de los goleadores del plantel (lleva cuatro anotaciones) junto a Lucas Licht.

Habrá que admitirlo: Gimnasia se reforzó mal en materia de delanteros. La llegada de Iván Borghello fue auspiciosa y nada más. Al Memo le ha costado enormidades transformarse en una pieza clave en el armado tripero, y la carencia absoluta de goles así lo demuestra. El ex All Boys debía ser el socio ideal de Peryra, pero las circunstancias lo superaron.

Una excepción a la regla puede haber sido el arribo de Erik Correa. El colombiano tuvo una carta de presentación alentadora: comenzó pagando con tantos a Colón (significó la victoria) y a Estudiantes en el Clásico. Sin embargo, tres lesiones musculares en tan poco tiempo lo alejaron de las canchas y dejó de ser solución para la escasez de goleadores.

Más atrás asomaron Joaquín Romea y Luis Peralta. El primero nunca fue opción en la consideración del entrenador y, encima, una grave lesión lo terminó marginando de cualquier remota posibilidad de saltar a la cancha; el segundo, no ha podido escaparle a un pobrísimo nivel que ya lleva un buen tiempo de duración, y hoy ocupa un lugar en el banco de suplentes simplemente porque no hay otro.

Las alternativas se agotan y a cuatro partidos del final, Gimnasia tiene poco con qué arreglárselas para arribar al objetivo inicial de 25 unidades (hoy tiene 21, con dos partidos como visitante sumamente difíciles, y uno de local, más accesible). Los números hablan por sí solos y son elocuentes: el Lobo tiene 17 goles a favor, de los cuales ocho los anotaron entre Licht y Pererya; Rasic marcó tres, Correa y Fernández dos cada uno, Meza uno, y el restante fue Paulo Ferrari en contra.

¿Culpables? ¿Responsables? Seguramente que cada uno habrá aportado lo suyo. Quizás el error fatal fue haber pensado que Gimnasia podía afrontar la Primera División con una delantera casi idéntica a la que se había floreado en la B Nacional. Casi idéntica, porque el único cambio no fue más que una permuta (Borghello por Niell). Y, si se entiende que el Enano es más jugador que el Memo –a juzgar por lo visto de cada uno en una cancha de fútbol– la ecuación se vuelca a favor de que el Lobo tiene menos que antes. Porque no hay que meter a Correa en este lío: el colombiano llegó sobre el pucho, más como una apuesta a futuro que como un refuerzo para utilizar en la inmediatez.

Igual, a no desesperar. Pese a todo, Gimnasia está a tiro de lograr el objetivo primario. Quedará luego lugar para la segunda parte de esta temporada, y allí sí, en el mercado de pases que viene, quizás ya no queden márgenes para el error.


Agustín Colianni