Fútbol
28/10/2013
EL PROBLEMA ES EL SISTEMA
Cuando en la década del 30 se empezó a pensar en un fútbol mercantil, comenzaron a marcarse las desigualdades. Todo pasa.
“Ese tufillo que se huele desde hace décadas acerca de las inmoralidades cometidas dentro del fútbol y de la mayoría de nuestros clubes mayores, debe acabar. Los estatutos tendrán que decir que ningún dirigente podrá estar al frente más de un período. Y no eternizarse ni rodearse de los que lo van a seguir durante décadas”, Osvaldo Bayer.
Cuando en la década del 30 se empezó a pensar en un fútbol mercantil, comenzaron a marcarse las desigualdades. A pocos años de la gran campaña tripera que lo llevó al campeonato, pocas manos con poder económico y político necesitaron formar una alianza de cuatro o cinco equipos grandes para consolidarse en la vanguardia.
Recordemos: la década infame del 30 estaba marcada por los actos de corrupción e impunidad militar en el manejo de los procesos macroeconómicos, luego del derrocamiento de Yrigoyen, primer Presidente popular elegido por el voto secreto en 1916.
Volviendo al fútbol, en 1932 “El Expreso” iba a ser el primer equipo en revelarse a ese sistema preparado para pocos, con Minella, Palomino y Naón a la cabeza. Dice Bayer en su libro Fútbol Argentino: “Gimnasia ganó la primera ronda y nadie lo podía parar. Entonces lo pararon los referís. En el partido con Boca el árbitro le dio un penal a este y le cobró un gol en claro offside. Este referí fue posteriormente expulsado de la Liga, pero el partido se lo dieron ganado a Boca”. Y agrega luego: “En el match contra San Lorenzo, el arbitraje fue tan ostensiblemente perjudicial contra el cuadro chico que los gimnasistas decidieron sentarse en el piso como señal de protesta. Una especie de suicidio deportivo. El equipo se desmoralizó y este campeonato que ya casi lo había ganado fue obtenido, como siempre, por un grande: River.
Ochenta años después, se transforman las dinámicas pero se profundizan prácticas a la manera de “fantástica corporación del silencio”, como señala el periodista Ezequiel Fernandez Moores. La década neoliberal en los 90 vio a la salud, la educación e infinidades de derechos como mero negocios. El deporte no fue ajeno a eso y permitió una mano invisible que permitiera vaciar los recursos de los clubes y atarlos a un dependiente económico que resultó ser la A.F.A.
“Y el nacimiento de Torneos Sin Competencias fue lo mismo que el de la serpiente (…) Y la aparición de modelo Olé completó el desastre. Morían la literatura, el coraje, la inteligencia”, indica el Periodista Pablo Llonto, quién en su libro “La Noble Ernestina” describe el negocio de la comunicación con el Grupo Clarín como exponente principal.
Estas políticas trajeron como consecuencia un caso aislado que rompió con esa lógica de clubes fundidos: una Institución que no tiene deudas, sus empleados cobran a tiempo y no forma parte del “show” del periodismo deportivo. Gana un torneo cada tanto y muestra una cancha reformada. Simplemente porque su conductor es el dueño del eslabón.
Es que Arsenal tiene dos mil socios, a una cuota de 100 pesos sólo se cubre el sueldo de cuatro jugadores, sin contar empleados ni mantenimiento. Con el silencio cómplice del periodismo empresarial, con la sumisión de la dirigencia a las presiones de Grondona, con los árbitros y líneas amigos, se refleja el carácter falaz de los orígenes económicos.
Las respuestas suelen ser deportivas: "Es un gran equipo, se lo merece, tienen buena estrategia, trabaja la pelota parada", en vez de investigar cómo se genera la maquinaria que lo mantiene. A su vez parece una paradoja que en Catamarca se jugó la final de la Copa Argentina, donde no hay representantes y se contrarresta la idea de fútbol federal.
Como si fuera poco, el viernes muchos triperos fuimos testigos audiovisuales de una situación presentada como “enfrentamiento”, donde un equipo recurrió a la violencia física como solución a una situación de juego. El resultado fue dispar, la impunidad arbitral decidió que tres se vayan de un lado y uno del otro del campo de juego (Herrera expulsó a un jugador suplente de Arsenal).
A toda esta situación Gimnasia quedó mal parado. No por las expulsiones, sino porque nuevamente visibilizó y puso en jaque a una entidad que no debe ser mostrada como conflictiva. Metió el dedo en la llaga y provocó la bronca de Grondona y sus secuaces.
Está claro que con acciones subordinadas el sistema continuará. Todo pasa, menos lo que molesta. Todo queda, si el negocio se mantiene. Quizá una organización nacional que parta de las entrañas de los clubes (de todas las categorías) pueda servir a poner fin a estas prácticas. Los casos aislados han perdido, y los más apegados han resultado ampliamente beneficiados. Porque el problema no es Arsenal, sino el sistema que lo sujeta.
Santiago Giorello
Cuando en la década del 30 se empezó a pensar en un fútbol mercantil, comenzaron a marcarse las desigualdades. A pocos años de la gran campaña tripera que lo llevó al campeonato, pocas manos con poder económico y político necesitaron formar una alianza de cuatro o cinco equipos grandes para consolidarse en la vanguardia.
Recordemos: la década infame del 30 estaba marcada por los actos de corrupción e impunidad militar en el manejo de los procesos macroeconómicos, luego del derrocamiento de Yrigoyen, primer Presidente popular elegido por el voto secreto en 1916.
Volviendo al fútbol, en 1932 “El Expreso” iba a ser el primer equipo en revelarse a ese sistema preparado para pocos, con Minella, Palomino y Naón a la cabeza. Dice Bayer en su libro Fútbol Argentino: “Gimnasia ganó la primera ronda y nadie lo podía parar. Entonces lo pararon los referís. En el partido con Boca el árbitro le dio un penal a este y le cobró un gol en claro offside. Este referí fue posteriormente expulsado de la Liga, pero el partido se lo dieron ganado a Boca”. Y agrega luego: “En el match contra San Lorenzo, el arbitraje fue tan ostensiblemente perjudicial contra el cuadro chico que los gimnasistas decidieron sentarse en el piso como señal de protesta. Una especie de suicidio deportivo. El equipo se desmoralizó y este campeonato que ya casi lo había ganado fue obtenido, como siempre, por un grande: River.
Ochenta años después, se transforman las dinámicas pero se profundizan prácticas a la manera de “fantástica corporación del silencio”, como señala el periodista Ezequiel Fernandez Moores. La década neoliberal en los 90 vio a la salud, la educación e infinidades de derechos como mero negocios. El deporte no fue ajeno a eso y permitió una mano invisible que permitiera vaciar los recursos de los clubes y atarlos a un dependiente económico que resultó ser la A.F.A.
“Y el nacimiento de Torneos Sin Competencias fue lo mismo que el de la serpiente (…) Y la aparición de modelo Olé completó el desastre. Morían la literatura, el coraje, la inteligencia”, indica el Periodista Pablo Llonto, quién en su libro “La Noble Ernestina” describe el negocio de la comunicación con el Grupo Clarín como exponente principal.
Estas políticas trajeron como consecuencia un caso aislado que rompió con esa lógica de clubes fundidos: una Institución que no tiene deudas, sus empleados cobran a tiempo y no forma parte del “show” del periodismo deportivo. Gana un torneo cada tanto y muestra una cancha reformada. Simplemente porque su conductor es el dueño del eslabón.
Es que Arsenal tiene dos mil socios, a una cuota de 100 pesos sólo se cubre el sueldo de cuatro jugadores, sin contar empleados ni mantenimiento. Con el silencio cómplice del periodismo empresarial, con la sumisión de la dirigencia a las presiones de Grondona, con los árbitros y líneas amigos, se refleja el carácter falaz de los orígenes económicos.
Las respuestas suelen ser deportivas: "Es un gran equipo, se lo merece, tienen buena estrategia, trabaja la pelota parada", en vez de investigar cómo se genera la maquinaria que lo mantiene. A su vez parece una paradoja que en Catamarca se jugó la final de la Copa Argentina, donde no hay representantes y se contrarresta la idea de fútbol federal.
Como si fuera poco, el viernes muchos triperos fuimos testigos audiovisuales de una situación presentada como “enfrentamiento”, donde un equipo recurrió a la violencia física como solución a una situación de juego. El resultado fue dispar, la impunidad arbitral decidió que tres se vayan de un lado y uno del otro del campo de juego (Herrera expulsó a un jugador suplente de Arsenal).
A toda esta situación Gimnasia quedó mal parado. No por las expulsiones, sino porque nuevamente visibilizó y puso en jaque a una entidad que no debe ser mostrada como conflictiva. Metió el dedo en la llaga y provocó la bronca de Grondona y sus secuaces.
Está claro que con acciones subordinadas el sistema continuará. Todo pasa, menos lo que molesta. Todo queda, si el negocio se mantiene. Quizá una organización nacional que parta de las entrañas de los clubes (de todas las categorías) pueda servir a poner fin a estas prácticas. Los casos aislados han perdido, y los más apegados han resultado ampliamente beneficiados. Porque el problema no es Arsenal, sino el sistema que lo sujeta.
Santiago Giorello