Fútbol
29/01/2013
GUSTÓ GIMNASIA
En el primer partido del año, el Lobo superó a Douglas Haig y mostró varios signos que siembran esperanza en torno al objetivo. <B>ANÁLISIS</B>
Gustó Gimnasia. Ese primer boceto que presentó Troglio engendra, al menos, un pequeño ramo de ilusiones. Porque más allá de la visible anemia futbolística de Douglas Haig –no entra en este análisis–, el Lobo mostró las garras que tuvo agazapadas en el último tramo del 2012.
Es cierto: se trató recién del primer partido del 2013. También es cierto que lo verdaderamente importante comenzará el próximo domingo, pero Gimnasia recuperó la actitud que nunca debió haber abandonado: tomó la iniciativa desde el vamos sin dejar lugar a la especulación. Como la historia manda: de local, hay que llevarse por delante a quien sea.
Y así, con esa idea como premisa indispensable, el Lobo gestó fútbol. Así Ariel García se asemejó mucho más al de mucho tiempo atrás; así, Nacho Fernández revalidó su chapa de que lo suyo va en serio; y así también Maximiliano Meza, pícaro y gran lector del juego, se metió a más de uno en el bolsillo.
Lo de Facundo Pereyra fue bueno: con inteligencia y astucia se creó varias situaciones de gol por propia cuenta, mientras que al Negro Peralta todavía le falta corregir algunas cuestiones, como conjugar capacidad física con mayor inteligencia (sí, eso que a Pereyra le sobra).
La inmensidad de Fernando Monetti –esto está lejos de ser una exageración– no halla su parangón, al menos, en los últimos 20 años, y la defensa, con Osvaldo Barsottini como caudillo, tiene con qué arreglárselas.
Presión, orden y explosión. He ahí las claves para hacerse fuerte y marcar diferencias. Eso fue lo que hizo Gimnasia el sábado pasado.
Las cartas están repartidas y el Lobo depende de sí mismo para ganar la partida, llegar al objetivo y brindar a mitad de año por un regreso a Primera División. Con un plantel numeroso, una mezcla de juveniles y jugadores lo suficientemente experimentados como para torear la que venga, el Lobo deberá tener suma inteligencia a lo largo del camino.
Es por eso que el partido ante Douglas Haig debe ser el ejemplo a seguir de aquí en más. Así, sí, Lobo. Gustó Gimnasia. Y se renovaron las ilusiones.
Agustín Colianni
Es cierto: se trató recién del primer partido del 2013. También es cierto que lo verdaderamente importante comenzará el próximo domingo, pero Gimnasia recuperó la actitud que nunca debió haber abandonado: tomó la iniciativa desde el vamos sin dejar lugar a la especulación. Como la historia manda: de local, hay que llevarse por delante a quien sea.
Y así, con esa idea como premisa indispensable, el Lobo gestó fútbol. Así Ariel García se asemejó mucho más al de mucho tiempo atrás; así, Nacho Fernández revalidó su chapa de que lo suyo va en serio; y así también Maximiliano Meza, pícaro y gran lector del juego, se metió a más de uno en el bolsillo.
Lo de Facundo Pereyra fue bueno: con inteligencia y astucia se creó varias situaciones de gol por propia cuenta, mientras que al Negro Peralta todavía le falta corregir algunas cuestiones, como conjugar capacidad física con mayor inteligencia (sí, eso que a Pereyra le sobra).
La inmensidad de Fernando Monetti –esto está lejos de ser una exageración– no halla su parangón, al menos, en los últimos 20 años, y la defensa, con Osvaldo Barsottini como caudillo, tiene con qué arreglárselas.
Presión, orden y explosión. He ahí las claves para hacerse fuerte y marcar diferencias. Eso fue lo que hizo Gimnasia el sábado pasado.
Las cartas están repartidas y el Lobo depende de sí mismo para ganar la partida, llegar al objetivo y brindar a mitad de año por un regreso a Primera División. Con un plantel numeroso, una mezcla de juveniles y jugadores lo suficientemente experimentados como para torear la que venga, el Lobo deberá tener suma inteligencia a lo largo del camino.
Es por eso que el partido ante Douglas Haig debe ser el ejemplo a seguir de aquí en más. Así, sí, Lobo. Gustó Gimnasia. Y se renovaron las ilusiones.
Agustín Colianni