Fútbol
22/09/2011
PARA RECUPERAR LA MEMORIA
Hace tiempo que en Gimnasia nos acostumbramos a conformarnos con poco dentro de la cancha. Estamos a tiempo de cambiar.
Días, meses, años y el tiempo pasa sin cesar, sin entender que algo debe cambiar, para creer que podemos y hacerlo realidad. ¿Hace cuánto que no vemos tirar un caño?, ¿Hace cuánto que no festejamos, como victoria, una barrida fuerte al piso?, ¿Hace cuánto que no nos animamos a gritar “oole...”?, ¿Hace cuánto que no vemos un buen amague que desparrame dos o tres rivales con un solo movimiento?, ¿Hace cuánto?...
Gimnasia se acostumbró a eso, a aplaudir golpes, pelotas despejadas a cualquier lado, a trabar con la cabeza, y esa receta no es para nada sana. Si esto es fútbol, uno de los deportes más lindos del mundo. Estamos mal acostumbrados y algo tiene que cambiar.
Bellos momentos donde un número “diez” se anima a gambetear para adelante, a pisarla, a pedirla sin importar cuántos rivales que le peguen en los tobillos tenga al lado. Donde un equipo muestre sus ganas y no la desesperación por conseguir los tres puntos, por más apremiante que sea la situación. Si eso es lo lindo y es lo que nos llena el alma.
Hoy la situación no es la mejor, pero Gimnasia tiene que entender que es de Primera División, que por culpa de unos cuantos estamos donde estamos, pero con la fe y la seguridad absoluta de que se puede salir. Y parte de esta resurrección que el pueblo Gimnasista busca, se basa en lo anteriormente dicho: cambiar la cabeza es un arma por demás legítima.
No obstante, la fuerza y el coraje son fundamentales en cualquier ganador, pero a eso se le debe sumar la justeza y la calidad de poder resolver cualquier problema, porque como dice el refrán, “el que no arriesga, no gana” y lo que le toca vivir al Club, demanda arriesgar.
El hincha tripero tiene que volver a acostumbrarse a festejar los caños, las pinceladas que tire algún inconsciente que se arme de valor e intente, por lo menos, de dejar a algún que otro rival desairado. Esa es la esencia que hace tiempo se perdió. Quizá el momento necesitaba meter un poco más de lo normal, pero esta sana costumbre nunca tendría que haberse perdido.
Todavía estamos a tiempo de recuperarnos, costará mucho, pero se puede. No existirá derrota que nos haga replantear volver al viejo esquema, sino más bien, intensificar la búsqueda en armar mejor juego y lograr una identificación en base a tal cualidad. El Lobo está para mucho más que un equipo sucio, donde jugar fuerte sea su mayor virtud, hay que cambiar ese modelo y disfrutar de 90 minutos donde el Mens Sana marque la diferencia que existe frente a cualquier rival de la división.
El socio, el simpatizante y hasta los mismos jugadores lo necesitan. Soñemos con un Club aun más grande, que piense como gigante, que obre como tal y que demuestre qué significa ser parte de este mundo azul y blanco, ser de Gimnasia y Esgrima La Plata.
Nacho Moreno
Gimnasia se acostumbró a eso, a aplaudir golpes, pelotas despejadas a cualquier lado, a trabar con la cabeza, y esa receta no es para nada sana. Si esto es fútbol, uno de los deportes más lindos del mundo. Estamos mal acostumbrados y algo tiene que cambiar.
Bellos momentos donde un número “diez” se anima a gambetear para adelante, a pisarla, a pedirla sin importar cuántos rivales que le peguen en los tobillos tenga al lado. Donde un equipo muestre sus ganas y no la desesperación por conseguir los tres puntos, por más apremiante que sea la situación. Si eso es lo lindo y es lo que nos llena el alma.
Hoy la situación no es la mejor, pero Gimnasia tiene que entender que es de Primera División, que por culpa de unos cuantos estamos donde estamos, pero con la fe y la seguridad absoluta de que se puede salir. Y parte de esta resurrección que el pueblo Gimnasista busca, se basa en lo anteriormente dicho: cambiar la cabeza es un arma por demás legítima.
No obstante, la fuerza y el coraje son fundamentales en cualquier ganador, pero a eso se le debe sumar la justeza y la calidad de poder resolver cualquier problema, porque como dice el refrán, “el que no arriesga, no gana” y lo que le toca vivir al Club, demanda arriesgar.
El hincha tripero tiene que volver a acostumbrarse a festejar los caños, las pinceladas que tire algún inconsciente que se arme de valor e intente, por lo menos, de dejar a algún que otro rival desairado. Esa es la esencia que hace tiempo se perdió. Quizá el momento necesitaba meter un poco más de lo normal, pero esta sana costumbre nunca tendría que haberse perdido.
Todavía estamos a tiempo de recuperarnos, costará mucho, pero se puede. No existirá derrota que nos haga replantear volver al viejo esquema, sino más bien, intensificar la búsqueda en armar mejor juego y lograr una identificación en base a tal cualidad. El Lobo está para mucho más que un equipo sucio, donde jugar fuerte sea su mayor virtud, hay que cambiar ese modelo y disfrutar de 90 minutos donde el Mens Sana marque la diferencia que existe frente a cualquier rival de la división.
El socio, el simpatizante y hasta los mismos jugadores lo necesitan. Soñemos con un Club aun más grande, que piense como gigante, que obre como tal y que demuestre qué significa ser parte de este mundo azul y blanco, ser de Gimnasia y Esgrima La Plata.
Nacho Moreno