Fútbol

PENSAR EN GRANDE

Gimnasia se menospreció a sí mismo en Rosario y lo pagó caro. Ahora debe cambiar la mentalidad. <b>Editorial de la Revista Letra G 116</b>.

Los que tienen éxito no suelen conformarse con poco. Gimnasia fue a Rosario con actitud frívola, como esperando que Central lo avasallara, como menospreciándose a sí mismo y dejando en claro que una victoria en territorio Canalla se asemejaba a una utopía. Y eso le costó caro al Lobo; pero era un precio que el equipo de Ingrao siempre estuvo dispuesto a pagar, o al menos esa sensación fue la única que quedó flotando en el aire.

Gimnasia respetó demasiado a Central; no hacía falta semejante muestra de inferioridad. Más allá de los recaudos necesarios que el Lobo debía tomar, el equipo tripero se pasó de rosca y sólo se atrevió a jugar una vez que se vio abajo en el marcador.

Si la idea de este cuerpo técnico es alcanzar la famosa “media inglesa” (ganar de local y empatar de visitante), entonces deberá replantearse la posibilidad de hacerse fuerte en rodeo ajeno. Porque respetar a los rivales con planteos conservadores, mezquinos y carentes de todo aspecto ofensivo, no garantiza unidades. Claro, tampoco lo garantiza una táctica ultraofensiva, pero, ¿qué más hay que perder? Gimnasia es demasiado grande para dejar de mostrar la hilacha ante rivales de su misma grandeza. Eso hacen los mediocres; y los mediocres son quienes a menudo fracasan. Y con esto no buscamos sumergir en el concepto de mediocridad a Ingrao y compañía sino todo lo contrario: consideramos que este cuerpo técnico está capacitado para afrontar todo lo que viene de la mejor manera posible. Pero el sábado pasado en Rosario se vio la peor cara de un Lobo que no se animó a salir de su cueva.

El camino es largo y sinuoso. Gimnasia deberá amoldarse a las circunstancias que lo rodeen y el método de la especulación siempre es válido. Pero mantener una idea defensiva cuando el rival no esgrime en la cancha los argumentos necesarios para que lo consideremos superior a nosotros, se metaforiza en volarse la tapa de los sesos. Es decir, resulta un suicidio respetar en demasía a un rival de nuestra misma talla. No tiene ningún sentido. El Lobo fue a Rosario creyéndose inferior, y después, una vez comenzado el encuentro, cuando Central no volcaba esa supuesta superioridad en el terreno de juego, los dirigidos de Ingrao no cambiaron de actitud. No reaccionaron ante un contrincante de este mismo planeta que les indicaba que una apretada de acelerador podía devenir en un triunfo importantísimo.

Porque Gimnasia se conformaba con un empate; porque Gimnasia se creía incapaz de doblegar a Central en su cancha; porque Gimnasia anduvo falto de confianza y ni siquiera se le ocurrió faltarle el respeto al elenco de Antonio Pizzi; porque Gimnasia no pensó en grande, premisa fundamental si se quieren alcanzar todos los objetivos propuestos en el inicio de este ciclo. Pero como de los errores se aprende, confiamos en que la situación se revierta cuando el Lobo vuelva a hacer las veces de visitante. Tiene que pasar sí o sí. De lo contrario, los rivales sacarán provecho de nuestra frivolidad y nos pasarán por arriba.


Letra G