Fútbol

ESPÍRITU GUERRERO

Darío Ortiz hizo su debut en un momento en el que muchos le habrían escapado a la osadía que significa salvar a Gimnasia del descenso directo.

Darío Ortiz hizo su debut en un momento en el que muchos le habrían escapado a la osadía que significa salvar a Gimnasia del descenso directo. Mostró nobleza al tomar un fierro tan caliente y en su primer partido ya se evidenciaron algunas cuestiones que posicionan al Lobo en un sitio algo más promisorio que antes.

Hay que tener en cuenta que ya a los dos minutos de juego Gimnasia se encontró en desventaja y no le quedó más remedio que ir a buscar el empate. Desde el vamos nomás el Lobo no tuvo otra opción que no fuera ser agresivo. No pudo especular ni de esperar a ver “qué pasaba”. Esto plantea un interrogante: ¿la agresividad de Gimnasia en el primer tiempo habría sido tal cosa si Quilmes no hubiese abierto el marcador tan temprano? La pregunta toma mucha más fuerza si se tiene en cuenta que, con el marcador igualado, el Lobo salió dormido a jugar el complemento. El segundo tiempo fue adverso. Los de Caruso -con poco y nada- se adueñaron de la pelota y pusieron contra las cuerdas a Monetti.

Pero de cualquier modo en los 45 iniciales el Lobo mostró sus garras, y por primera vez en lo que va del torneo los hinchas percibieron un espíritu combativo y guerrero en los jugadores. Todo, claro, con algunos signos sobrevivientes de la impronta de Cappa: jugar al ras del suelo, tocar y ser ordenados.

La defensa volvió a sucumbir en algunos errores que a esta altura debieran ser cosa del pasado. Primero -con Monetti incluido- se durmió en el gol de Vázquez. Segundo, Agüero -que sigue en un nivel alarmante- le regaló la pelota a Caneo con un despeje digno de las divisiones infantiles. Tercero, a Gimnasia volvieron a cabecearle en su propia área cada vez que se lo propusieron. Así vino el empate de Quilmes. Ortíz, sin duda, deberá profundizar en ese aspecto. ¿La buena? La aparición de Benítez, que con mucha personalidad sacó un aprobado.

El mediocampo lo tiene a Lucas Castro como punto de discusión. El Pata carece de término medio: o elabora jugadas dignas de un crack, se pone al frente del ataque tripero y arrasa con cuanto rival se le interponga en su camino, o se convierte en el jugador que pierde las marcas, es impreciso y resuelve mal en los toques finales. Jugando de la primera forma (tal como lo hizo en la mayor parte del partido con Quilmes), Castro puede representar un arma esencial para que Gimnasia logre lastimar a los rivales con más intensidad.

Adelante, la presencia de Claudio Graf en el once titular volvió a dejar bastante que desear. Hizo un gol, es cierto, pero cualquiera que supiera pegarle a la pelota lo habría hecho también. El resto del partido el delantero mostró más de lo mismo y no logró complicar a los defensores rivales. Lo positivo es que haberse librado del karma que significaba no convertir desde hacía más de un año, quizás le brinde a Graf algo más de confianza.

Huracán sigue dándole chances a un Gimnasia que ahora deberá medirse con equipos de gran nivel. El primero es Banfield. La consigna ya es una sola: ganar, y si no se puede, morir en el intento. Pero siempre manteniendo ese espíritu guerrero y combativo que se vio ante Quilmes.


Agustín Colianni