Fútbol
02/03/2011
HALLAR EL EQUILIBRIO
El equipo mostró una curva ascendente y ha dejado dudas y certezas que deben equilibrase. Análisis de cara al clásico. <small>Fotos: Prensa Gimnasia</small>.
Si la derrota ante Olimpo fue similar a un golpe de knockout, la victoria ante Colón llegó en un momento crucial para levantar los ánimos triperos. Porque perder en Santa Fe hubiese significado besar la lona y quedar demasiado mareado como para levantarse de nuevo.
¿Qué tiene Gimnasia de distinto? No mucho: el Lobo ataca bien, ordenada, cautelosa y eficazmente; pero defiende a las aventadas, desordenadamente y con escaso vigor. En síntesis: el Lobo penetra con cierta facilidad en el área rival, pero en la suya cada ataque contrario es medio gol.
El desafío inmediato de Cappa es adquirir el necesario equilibrio entre las zagas ofensiva y defensiva. Se sabe que el mediocampo es la clave: allí hay jugadores de muy buen pie, y esto, sumado a las presencias de Gullermo y Jorge Córdoba, configura el combo ideal de ataque.
Un párrafo aparte merece Juan Ángel Neira, el pibe de la pegada exquisita y la gambeta endiablada. Gimnasia encontró en él lo más parecido a un enlace bien definido y con potencialidades goleadoras. Si hasta hace algún tiempo Rinaudo era la joya de la abuela con la que contaba el plantel tripero, hoy no caben dudas de que al pibe de Azul le sienta mejor ese mote, más allá de que Fito está en su mejor momento y es figura cada fin de semana.
Este clásico, al igual que casi todos los de la historia, se va a jugar sólo con la presencia de los hinchas de Gimnasia. Es fundamental que contar con toda la gente a su favor no resulte para el Lobo un arma de doble filo. Gimnasia deberá mantener la calma en todo momento para no sucumbir en los mismos errores que ante Olimpo. ¿Cómo hacer para doblegar a Estudiantes? Los de Cappa deberán imponer su juego sin preocuparse demasiado por el planteo del rival. Cuidando la pelota, con orden y frialdad, el Lobo tendrá la misión de hacerse dueño del trámite del encuentro. Eso sí: a su vez resulta fundamental lograr solidez defensiva, porque el rival también juega y cualquier mínimo desacierto puede derivar en catástrofe. En ese sentido, da la sensación que el ingreso de Masuero surtió cierta vitalidad en el fondo Mens sana.
Las cartas ya están sobre la mesa. El clásico se presenta como un choque crucial que, según su desenlace, puede decretar el futuro del Lobo; porque una victoria significaría un envión anímico lo suficientemente considerable como para encarar lo que viene con un moral superlativa; pero una derrota tiraría por la borda todas las ilusiones triperas, emergiendo así un bajó anímico tan fulminante como peligroso.
Gimnasia tiene con qué para sortear este obstáculo: en los pies de Neira, en la figura de Guillermo, en el despliegue de Aued, en la fiereza de Rinaudo y en el olfato goleador de Córdoba están las llaves del triunfo. Será cuestión de calzarse la azul y blanca y alentar desde donde sea. No hay margen de error, no se puede perder: el clásico es un partido bisagra que puede consolidar inusitadamente las potencialidades triperas.
Agustín Colianni
¿Qué tiene Gimnasia de distinto? No mucho: el Lobo ataca bien, ordenada, cautelosa y eficazmente; pero defiende a las aventadas, desordenadamente y con escaso vigor. En síntesis: el Lobo penetra con cierta facilidad en el área rival, pero en la suya cada ataque contrario es medio gol.
El desafío inmediato de Cappa es adquirir el necesario equilibrio entre las zagas ofensiva y defensiva. Se sabe que el mediocampo es la clave: allí hay jugadores de muy buen pie, y esto, sumado a las presencias de Gullermo y Jorge Córdoba, configura el combo ideal de ataque.
Un párrafo aparte merece Juan Ángel Neira, el pibe de la pegada exquisita y la gambeta endiablada. Gimnasia encontró en él lo más parecido a un enlace bien definido y con potencialidades goleadoras. Si hasta hace algún tiempo Rinaudo era la joya de la abuela con la que contaba el plantel tripero, hoy no caben dudas de que al pibe de Azul le sienta mejor ese mote, más allá de que Fito está en su mejor momento y es figura cada fin de semana.
Este clásico, al igual que casi todos los de la historia, se va a jugar sólo con la presencia de los hinchas de Gimnasia. Es fundamental que contar con toda la gente a su favor no resulte para el Lobo un arma de doble filo. Gimnasia deberá mantener la calma en todo momento para no sucumbir en los mismos errores que ante Olimpo. ¿Cómo hacer para doblegar a Estudiantes? Los de Cappa deberán imponer su juego sin preocuparse demasiado por el planteo del rival. Cuidando la pelota, con orden y frialdad, el Lobo tendrá la misión de hacerse dueño del trámite del encuentro. Eso sí: a su vez resulta fundamental lograr solidez defensiva, porque el rival también juega y cualquier mínimo desacierto puede derivar en catástrofe. En ese sentido, da la sensación que el ingreso de Masuero surtió cierta vitalidad en el fondo Mens sana.
Las cartas ya están sobre la mesa. El clásico se presenta como un choque crucial que, según su desenlace, puede decretar el futuro del Lobo; porque una victoria significaría un envión anímico lo suficientemente considerable como para encarar lo que viene con un moral superlativa; pero una derrota tiraría por la borda todas las ilusiones triperas, emergiendo así un bajó anímico tan fulminante como peligroso.
Gimnasia tiene con qué para sortear este obstáculo: en los pies de Neira, en la figura de Guillermo, en el despliegue de Aued, en la fiereza de Rinaudo y en el olfato goleador de Córdoba están las llaves del triunfo. Será cuestión de calzarse la azul y blanca y alentar desde donde sea. No hay margen de error, no se puede perder: el clásico es un partido bisagra que puede consolidar inusitadamente las potencialidades triperas.
Agustín Colianni