Fútbol
12/09/2010
¡S.O.S - GOOOL!
UN GRITO EN EXTINCIÓN. El pueblo tripero hace 450 minutos que no grita un gol. En Victoria las gargantas albiazules explotaron pero de bronca.
Aquellos que fuimos el viernes pasado al estadio de Tigre pensábamos que un triunfo era posible. Que la sequía se cortaría y que al fin podríamos no sólo gritar un gol sino además conseguir un triunfo que nos diera un poco de aire en la lucha (eterna a esta altura) por los promedios.
Colmados hasta el hartazgo de las indicaciones televisivas y radiales que pronosticaban el viejo y conocido caos vehicular en todas las entradas y salidas de Capital Federal, decidimos salir temprano. No obstante, el viaje se demoró casi tres horas porque tuvimos que lidiar con la aparición de una tormenta que a la postre se desató minutos antes de iniciarse la primera etapa del partido.
“Peor no nos puede ir”, pensaban algunos hinchas, todos empapados, cuado encaraban hacia el estadio con la fe y el optimismo intacto. Peor nos fue.
La apatía, la falta de orgullo, de desobediencia táctica, de corazón, garra, vergüenza deportiva de muchos de los jugadores dentro del campo de juego y la (nuevamente) desafortunada decisión del técnico de no dar la cara en vestuarios, no hizo más que provocar el enfado total a los dos mil triperos, que mojados hasta el alma hicieron sentir su bronca al técnico, jugadores y comisión directiva.
Queremos gritar un gol, pero en todos los sentidos, deportivo e institucional. Queremos un triunfo del equipo, pero también queremos que Gimnasia gane. Queremos dejar atrás esta serie de derrotas y desaciertos en los cuales nos jugamos mucho más que tres puntos.
Al Tripero, esto que está pasando en el club le hace mal, le duele en el alma y le condiciona incluso el humor diario. Gimnasia Club agoniza día tras día, y no parece vislumbrarse una rápida salida, no al menos una que no sea dolorosa.
Gimnasia arrastra más de una década pifiando en el orden dirigencial y eso a la larga se paga. Gisande tampoco es el único culpable, tiene una comisión directiva que lo acompaña y recuperar el club tras la triste y oscura (por no caer en otros epítetos) conducción de Muñóz no ha sido algo tan sencillo como quizás hubiera querido que fuera. Pero también los hay más allá en el tiempo, no olvidemos el inicio de la debacle en el segundo mandato de Domínguez y la pasividad de Gliemmo que poco pudo hacer.
Gimnasia está mal, está grave. ¿Estaremos a tiempo de salvarlo? ¿De volver a gritar ese gol que nos haga sentir plenos de felicidad? ¿De volver a ser ese Gimnasia ordenado y transparente?
Apuesto a que sí. Y somos muchos lo que estamos apostando en este sentido.
Víctor Díaz
Colmados hasta el hartazgo de las indicaciones televisivas y radiales que pronosticaban el viejo y conocido caos vehicular en todas las entradas y salidas de Capital Federal, decidimos salir temprano. No obstante, el viaje se demoró casi tres horas porque tuvimos que lidiar con la aparición de una tormenta que a la postre se desató minutos antes de iniciarse la primera etapa del partido.
“Peor no nos puede ir”, pensaban algunos hinchas, todos empapados, cuado encaraban hacia el estadio con la fe y el optimismo intacto. Peor nos fue.
La apatía, la falta de orgullo, de desobediencia táctica, de corazón, garra, vergüenza deportiva de muchos de los jugadores dentro del campo de juego y la (nuevamente) desafortunada decisión del técnico de no dar la cara en vestuarios, no hizo más que provocar el enfado total a los dos mil triperos, que mojados hasta el alma hicieron sentir su bronca al técnico, jugadores y comisión directiva.
Queremos gritar un gol, pero en todos los sentidos, deportivo e institucional. Queremos un triunfo del equipo, pero también queremos que Gimnasia gane. Queremos dejar atrás esta serie de derrotas y desaciertos en los cuales nos jugamos mucho más que tres puntos.
Al Tripero, esto que está pasando en el club le hace mal, le duele en el alma y le condiciona incluso el humor diario. Gimnasia Club agoniza día tras día, y no parece vislumbrarse una rápida salida, no al menos una que no sea dolorosa.
Gimnasia arrastra más de una década pifiando en el orden dirigencial y eso a la larga se paga. Gisande tampoco es el único culpable, tiene una comisión directiva que lo acompaña y recuperar el club tras la triste y oscura (por no caer en otros epítetos) conducción de Muñóz no ha sido algo tan sencillo como quizás hubiera querido que fuera. Pero también los hay más allá en el tiempo, no olvidemos el inicio de la debacle en el segundo mandato de Domínguez y la pasividad de Gliemmo que poco pudo hacer.
Gimnasia está mal, está grave. ¿Estaremos a tiempo de salvarlo? ¿De volver a gritar ese gol que nos haga sentir plenos de felicidad? ¿De volver a ser ese Gimnasia ordenado y transparente?
Apuesto a que sí. Y somos muchos lo que estamos apostando en este sentido.
Víctor Díaz