Fútbol

SE VIENE EL SEGUNDO

Luego de aquel debut auspicioso llega un nuevo y fundamental compromiso frente a Olimpo de Bahía Blanca. Las sensaciones del hincha.

Hasta que Pezzota dio el pitido inicial, en el Bosque reinaba una incertidumbre colectiva casi desesperante. Algunos habían almorzado uñas y no era para menos, porque el andamiaje del elenco de Diego Cocca se presentaba en las ideas de los triperos como frágil y destartalado. Sin embargo, la pelota comenzó a rodar y el domingo ante San Lorenzo hubo sorpresa, es que si se evalúa al equipo nombre por nombre, los aprobados son todos.

En el arco Sessa demostró que las falencias en las que acostumbraba a sucumbir ya son tiempo pasado: el Gato respondió con solvencia cada vez (fueron pocas las veces) que fue exigido, y tapó magistralmente una pelota sobre el final que evidenció la vigencia de sus reflejos.

La defensa mostró la solidez que se esperaba. Agüero no deja de ser el mismo guerrero de siempre; Mastero, si bien tuvo un comienzo algo dubitativo donde se lo vio inseguro a la hora de salir jugando, terminó afianzado en la zaga central, como queriendo meterle presión al entrenador y avisarle a Fontanello que el puesto no lo tiene comprado. Moreira, con su orden y marca impecables –quizás le faltó un poco de proyección- dejó en claro que llegó para ser titular y que conoce muy bien el lateral derecho. Lo de Landa es otra historia: dio la sensación que el santafesino debió actuar en un lugar que nunca le sentó lo necesariamente bien, y tuvo un primer tiempo plagado de imprecisiones, sobre todo a la hora de pasar al ataque. Quedó en claro que lo suyo es la marca, allí sí se las arregló para desbaratar los planes de los atacantes azulgranas. Con su lesión Gimnasia pierde recambio, algo que le escasea.

El mediocampo es, sin duda alguna, la principal arma de combate con la que cuenta el Lobo. La dupla Rinaudo-Capurro promete y mucho. Lo de Fito no sorprendió a nadie, porque ya se sabe todo lo que es capaz de dar. El volante de Armstrong demostró su jerarquía en la mitad de la cancha, y, si su venta no se concreta, los triperos podrán respirar aliviados porque el mejor cinco del fútbol argentino está en el Bosque. Por su parte, al ex sabalero no le temblaron las rodillas en su debut con la azul y blanca: corrió, presionó, marcó y también jugó. Se quedó sin resto en el último tramo del partido, pero esos son síntomas de primeras fechas. Capurro fue el mejor de los nuevos, y, de consolidarse el doble cinco, Cocca tendrá en su plantel a una dupla que hará deslizar comentarios halagadores.

Por las bandas estuvieron Encina y el Lorito Jiménez. El primero ya tiene un noventa por ciento de los hinchas triperos dentro de su bolsillo. Si en sus primeros partidos en el club debió soportar con el fastidio que significa ser resistido por la gente, ahora goza con el derecho de ser uno de los más aplaudidos cada vez que alguna fantasía brota de sus pies: derecho que se ganó a costa de entrega y sacrificio. Por su parte, el ex Banfield no conformó del todo. Se esperaba más de él. En el primer tiempo dejó entrever que sabe a lo que juega y que su fuerte es el dinamismo, el toque y la precisión. A eso jugó, pero en el complemento no le salió, sus piernas dijeron basta y pasó desapercibido. Debe mejorar, de lo contrario puede llegar a ser quien salga del once titular cuando Luli Aued esté listo para saltar al terreno de juego.

La delantera parece estar en proceso de formación. Neira mostró cosas dignas de un crack: tiene gambeta y buena pegada. Al chico de azul le llegó el turno después de que tantos extraños se le colaron. Él había sacado número hacía rato. El pibe fue atrevido, no se dejó engatusar por sus marcadores y terminó siendo de lo mejorcito que mostró Gimnasia. Por último, Navarro también sacó aprobado. Redondeó una tarea que, con algo más de trabajo, puede traer sus frutos. El uruguayo ganó mucho de arriba y se las ingenió muy bien para jugar también por abajo. Es evidente que la pretemporada le calzó perfectamente, y ahora debe estar tranquilo de cara al arco para poder convertir.

La carta de presentación de Gimnasia hizo emerger alguna que otra ilusión en lo que respecta al futuro. Si bien presagiar el más mínimo desenlace resulta prematuro, el equipo de Cocca logró impresionar gratamente en su debut. Pero es fácil ilusionarse y Gimnasia no debe caer en ese arma de doble filo.

Tampoco hay que dejar de mencionar aspectos negativos: primeramente Gimnasia no cuenta con mucho recambio, sobre todo en la delantera, donde la inexistencia de un hombre que juegue por los costados y que sea veloz preocupa y quedó en evidencia: Córdoba suplantó a Neira y el equipo pareció quedarse sin dinamismo arriba. Al Lobo le hace falta gol, y, si los delanteros titulares fracasan, es muy improbable que quienes los suplanten puedan triunfar. De todos modos el camino es largo y las cosas menos imaginadas pueden acontecer de acá hasta el final. Todo está en manos de Cocca que, seguramente, ya tendrá pensado cuál es el rumbo a tomar.

Un empate en el Bosque siempre (salvo en contadas ocasiones) tiene sabor a poco, pero esta vez los triperos se retiraron de 60 y 118 con más satisfacción que zozobra, porque Gimnasia jugó un primer tiempo sobresaliente y redondeó un segundo tiempo aceptable: eso es, sin duda, mucho más de lo que los optimistas podían esperar.

Ahora se viene otro capítulo. El segundo de una extensa temporada que tendrá a los triperos otra vez expectantes de la tabla de promedios. Olimpo de Bahía Blanca siempre fue difícil de local y esta vez no será la excepción. El partido con San Lorenzo, una nueva táctica, la pasión de siempre. Todo eso explica el entusiasmo del hincha que desde que las entradas salieron a la venta no pararon de pasar por el Poli a comprar la suya.


Agustín Colianni