Fútbol
03/09/2009
NO PIDAMOS CABEZAS
Te adelantamos el editorial 79 de Letra G. Gimnasia es diferente a todos. No actuemos igual que todos.
Todos los hinchas de Gimnasia integramos una raza única. Pero única de verdad. Sin nada que se le parezca, sin estereotipos visibles, con sentimientos diferentes al resto, con la pasión en la sangre. De esto no hay dudas ya que se percibe a cada paso, cada día, en cada momento vivido, cuando juega el equipo o cuando se festeja algo. En cada banderazo, en cada movilización o en cada fiesta.
Sin embargo, cuando los resultados deportivos no se dan, emerge en el hincha tripero lo peor de cada uno. Algo ajeno que nos vincula con el resto de los hinchas, los comunes, los que viven al compás de los resultados y despiertan su pasión cada vez que se juegan cosas importantes.
El domingo volvió a confirmarse lo que vemos todos los días. Al jugarse sin hinchas triperos en el estadio, la ciudad se transformó en un gratificante caos en el que se vieron hinchas del Lobo en cada rincón. Todas las calles con banderas, los bares colmados, las bombas sonando en cada barrio, el Bosque respirando el sentimiento azul y blanco y regocijándose de que en febrero las cosas vuelven a su lugar. Estancia envuelto de amor a los colores demostrando apoyo incondicional, confirmando que la grandeza no se mide por un triunfo.
A su vez, esa misma tarde se vio un estadio sin llenar, a pesar de que los socios no pagan entradas, sin banderas, sin bengalas, con máquinas tirapapeles, con parlantes que hacían sonar sirenas, con chicas maquilladas que se visten de gala y al momento del partido se ponen la camiseta nueva arriba de la ropa y ni bien suena el silbato final, se la sacan y la guardan.
El Lobo manda. Esa es una frase impuesta por la naturaleza. Y aunque Topper intente venderla en remeras albirrojas, la naturaleza es sabia y sola confirma una vez más lo confirmado. El Lobo manda.
Por todo esto, resultó doloroso, luego de la derrota del sábado, la reacción de muchos hinchas pidiendo la cabeza de Madelón, de algunos jugadores y de los dirigentes. No porque no haya responsabilidades en ellos; sino porque no podemos caer en la mediocridad que tanto criticamos del fútbol argentino y ponernos a cuestionar desaforadamente a quienes hasta hace un mes idolatrábamos y aplaudíamos a rabiar.
Está claro que cada uno, jugadores, cuerpo técnico y dirigentes, tienen su cuota de culpa: los jugadores no supieron jugar el partido y no estuvieron a la altura del clásico. El técnico no encontró la forma de contrarrestar la superioridad del rival y los dirigentes, quienes armaron el plantel, además terminaron aceptando jugar un partido sin el alma en las tribunas y eso costó caro.
Pero la realidad indica que esa reacción es característica de otras hinchadas. No podemos caer en la misma. Tengamos paciencia y apoyemos un proceso que nos viene de dar una alegría inolvidable.
Las cosas hay que cambiarlas desde otro lado. No podemos salir a gritar por la radio que se vaya uno o que se vaya otro. Debemos movilizarnos todos juntos para comenzar a cambiar las cosas. Pongamos a Gimnasia en el lugar que le corresponde y donde todos saben que tiene que estar.
Pero eso se hace en conjunto, participando desde adentro o desde afuera, pero con compromiso verdadero, con compromiso tripero.
Letra G
Sin embargo, cuando los resultados deportivos no se dan, emerge en el hincha tripero lo peor de cada uno. Algo ajeno que nos vincula con el resto de los hinchas, los comunes, los que viven al compás de los resultados y despiertan su pasión cada vez que se juegan cosas importantes.
El domingo volvió a confirmarse lo que vemos todos los días. Al jugarse sin hinchas triperos en el estadio, la ciudad se transformó en un gratificante caos en el que se vieron hinchas del Lobo en cada rincón. Todas las calles con banderas, los bares colmados, las bombas sonando en cada barrio, el Bosque respirando el sentimiento azul y blanco y regocijándose de que en febrero las cosas vuelven a su lugar. Estancia envuelto de amor a los colores demostrando apoyo incondicional, confirmando que la grandeza no se mide por un triunfo.
A su vez, esa misma tarde se vio un estadio sin llenar, a pesar de que los socios no pagan entradas, sin banderas, sin bengalas, con máquinas tirapapeles, con parlantes que hacían sonar sirenas, con chicas maquilladas que se visten de gala y al momento del partido se ponen la camiseta nueva arriba de la ropa y ni bien suena el silbato final, se la sacan y la guardan.
El Lobo manda. Esa es una frase impuesta por la naturaleza. Y aunque Topper intente venderla en remeras albirrojas, la naturaleza es sabia y sola confirma una vez más lo confirmado. El Lobo manda.
Por todo esto, resultó doloroso, luego de la derrota del sábado, la reacción de muchos hinchas pidiendo la cabeza de Madelón, de algunos jugadores y de los dirigentes. No porque no haya responsabilidades en ellos; sino porque no podemos caer en la mediocridad que tanto criticamos del fútbol argentino y ponernos a cuestionar desaforadamente a quienes hasta hace un mes idolatrábamos y aplaudíamos a rabiar.
Está claro que cada uno, jugadores, cuerpo técnico y dirigentes, tienen su cuota de culpa: los jugadores no supieron jugar el partido y no estuvieron a la altura del clásico. El técnico no encontró la forma de contrarrestar la superioridad del rival y los dirigentes, quienes armaron el plantel, además terminaron aceptando jugar un partido sin el alma en las tribunas y eso costó caro.
Pero la realidad indica que esa reacción es característica de otras hinchadas. No podemos caer en la misma. Tengamos paciencia y apoyemos un proceso que nos viene de dar una alegría inolvidable.
Las cosas hay que cambiarlas desde otro lado. No podemos salir a gritar por la radio que se vaya uno o que se vaya otro. Debemos movilizarnos todos juntos para comenzar a cambiar las cosas. Pongamos a Gimnasia en el lugar que le corresponde y donde todos saben que tiene que estar.
Pero eso se hace en conjunto, participando desde adentro o desde afuera, pero con compromiso verdadero, con compromiso tripero.
Letra G