Fútbol
24/07/2009
LOS PIBES DE MADELÓN
<b>Los pibes que también salvaron al Lobo</b>. Para zafar de todo hizo falta mucha sangre azul y blanca.
Nadie puede dudar de las buenas intervenciones en el arco del Gato Sessa, de su actitud, de su entrega y de su voz de mando. Tampoco de las corridas y remates del Chileno Álvaro Ormeño. O de la dureza en la marca del Paraguayo Maldonado. O por qué no de la solvencia defensiva del Oso Agüero.
Tampoco nadie se puede olvidar del quite y el empuje de Teté González; el juego de Potrerito Messera, la dinámica y los goles del Chirola Romero; y las presencias en el área y sus ganas de salvar a Gimnasia del Tornado Alonso y el Pampa Sosa. Menos aún se olvidan los dos goles de Franco Niell. Pero un capítulo aparte la tienen los pibes del semillero.
Cuando arrancó el Topo Guillermo Sanguinetti todos hablaban de las buenas producciones del Loco Cristian Piarrou, de la aparición goleadora de Gaby Martinena, de la incipiente aparición de Pablito De Blasis, de la gran habilidad del Toti Jonatan Chávez, de un tal “Cuevitas” que más tarde sería Juan Ezequiel Cuevas con todas las letras y de la tan esperada oportunidad para Juan “el Ángel del Gol” Neira.
Más adelante en el tiempo, con la llegada de Leonardo Carol Madelón se empezó a hablar del jugador de Selección, Fabián “Fito” Rinaudo, del empeño del Negro Marcelo Cardozo, que siempre que lo necesitaron dio el presente, de un Cuevas afianzado en la titularidad, de las apariciones de un tal Pata Lucas Castro que quienes lo vienen siguiendo, saben que tiene un futuro enorme; como así también el caso de Milton Casco.
También del capitán de la Reserva, Luciano Aued, que jugó un tramo final del campeonato como si tuviese mil partidos en Primera. De la primera concentración de Juan Simón Chanquía, de la estadía en el banco del chico de Los Hornos, Federico Quiroga; y del debut en un partido chivo como fue el de los Jujeños de Dardo Federico Miloc.
Nadie puede dudar de lo que hicieron los históricos del Lobo, pero hay que considerar que gran parte de lo que logró Gimnasia fue mérito de los chicos que vienen pidiendo pista. No cabe duda de que con la experiencia de los más grandes y las ganas de los más jóvenes, los Mens Sana tienen motivos para ilusionarse.
Santiago Serrano Gómez
Tampoco nadie se puede olvidar del quite y el empuje de Teté González; el juego de Potrerito Messera, la dinámica y los goles del Chirola Romero; y las presencias en el área y sus ganas de salvar a Gimnasia del Tornado Alonso y el Pampa Sosa. Menos aún se olvidan los dos goles de Franco Niell. Pero un capítulo aparte la tienen los pibes del semillero.
Cuando arrancó el Topo Guillermo Sanguinetti todos hablaban de las buenas producciones del Loco Cristian Piarrou, de la aparición goleadora de Gaby Martinena, de la incipiente aparición de Pablito De Blasis, de la gran habilidad del Toti Jonatan Chávez, de un tal “Cuevitas” que más tarde sería Juan Ezequiel Cuevas con todas las letras y de la tan esperada oportunidad para Juan “el Ángel del Gol” Neira.
Más adelante en el tiempo, con la llegada de Leonardo Carol Madelón se empezó a hablar del jugador de Selección, Fabián “Fito” Rinaudo, del empeño del Negro Marcelo Cardozo, que siempre que lo necesitaron dio el presente, de un Cuevas afianzado en la titularidad, de las apariciones de un tal Pata Lucas Castro que quienes lo vienen siguiendo, saben que tiene un futuro enorme; como así también el caso de Milton Casco.
También del capitán de la Reserva, Luciano Aued, que jugó un tramo final del campeonato como si tuviese mil partidos en Primera. De la primera concentración de Juan Simón Chanquía, de la estadía en el banco del chico de Los Hornos, Federico Quiroga; y del debut en un partido chivo como fue el de los Jujeños de Dardo Federico Miloc.
Nadie puede dudar de lo que hicieron los históricos del Lobo, pero hay que considerar que gran parte de lo que logró Gimnasia fue mérito de los chicos que vienen pidiendo pista. No cabe duda de que con la experiencia de los más grandes y las ganas de los más jóvenes, los Mens Sana tienen motivos para ilusionarse.
Santiago Serrano Gómez