Fútbol

EL QUE SABE COMER...

...SABE ESPERAR. Una nota muy representativa de lo que vivimos los Triperos el domingo. Gimnasia es todo felicidad.

EL QUE SABE COMER SABE ESPERAR


Fueron horas llenas de condimentos, de sensaciones, de vergüenza transformada en bronca. Sentir eso fue lo único válido… Y sé que vos lo hiciste, cómo te ibas a perder justo ésta…

La primera botella se apagó hace un par de minutos, Faby la tenía guardada para una ocasión especial, y no sabés petiso, el gustito distinto que tuvo. Pero tranquilo que fue solamente la primera de una lista larga de brindis que se vienen.

La tarde tuvo de todo, como te enumere al principio. Obvio que lo mejor llegó cuando el “enano” (tan alto como vos) te regaló ese grito inconfundible. Las utopías dejaron de ser. Imaginarás que debido a mi función tuve que conservar cierta cordura pública, pero aparecieron aquellos que se cagaron en eso, y me regalaron sus emociones con abrazos; sí sí abrazos, pocos segundos que fueron interminables…

El final del juego me encontró en un solo cuerpo con un tal Federico, no lo conoces, un pibe de buena madera que esta profesión me regaló, y con el corazón que se le escapaba del cuero, mezclamos las primeras lágrimas (es de muy hombre llorar).

De ahí rápido hacia 7 y 50, a vivir y contar el desahogo, la locura, y un montón de calificativos más que a esta hora no alcanzan.

Y siguieron las emociones. Ya sé que viste y seguiste muy de cerca todo, pero permitime que te lo cuente.

Lo primero fue llamar a Faby, que solito se metió en esa tribuna con sus pastillitas para los nervios, pero claro… cómo me iba a contestar si estos indios hasta colapsaron las redes telefónicas… así que me dispuse a retratar con palabras lo que vivía, pero sorpresivamente llegaron más abrazos…

Gente que hasta ese momento no conocía y no sé sus nombres, pero qué importa eso ahora, el delirio estaba a punto caramelo. La tarde me tenía preparados algunos regalos más… Primero fue Pablito, mi cómplice en la secundaria; se me colgó del cuello, y te aseguro que es la contractura más linda de todas; eso sí tu amigo seguía con su habitual compostura… Hasta que no aguanté más, llegó el quiebre.

Entre tanta gente azul y blanca, me topé con Martín (tampoco lo junás pero de seguro lo invitarías a tu mesa) y el muy guacho con su máscara de lobo y su camiseta del ascenso, me rompió la espalda y sin conocerte te mencionó…

A la mierda con todo, fue un antes y un después. Difícil remontar pero por suerte al lado de este muchacho apareció una personita que al mejor estilo armadora en la final de “La Liga Mundial de Vóley” se agachó y gritó ¡Abrazo… Abrazo¡… Imaginate que más puedo agregar a esa paz (vos me entendés).

Ya el cielo era de dos colores y te seguí buscando por ahí y no te encontraba pero te escuchaba.

El final del día… perdón… el inicio de todo, me tenía preparado un bonus track en casa, con el tipo que la noche anterior en tu parilla se llenó de promesas ante la posibilidad del milagro.

Me estaba esperando para darme un abrazo igual a los tuyos, de esos que te duelen los dedos de tanto apretar…

Bueno petiso te dejo seguir con tus festejos, pero antes confirmame si ese de barba que tenés ahí cerca hoy no se durmió una flor de siesta…

Voy a tratar de descansar un poco, que mañana tengo que compartir con una ciudad que “Remar tiene su Premio”

PD: saludos a la Gorda, y tranqui , que tu lugar en el Bosque nadie lo ocupa...


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FOTOS: Víctor Díaz