Fútbol

A MIS AMIGOS DEL LOBO

Ser de Gimnasia representa el romanticismo en su grado más sublime. Compartimos una nota recibida de Matías Kraber.

Ser de Gimnasia representa el romanticismo en su grado más sublime. Ser de Gimnasia es desgarrarse los codos por momentos oscuros que parecen eternos, y ser de Gimnasia es renacer, revivir, emerger en un minuto casi desde el abismo filoso con un heroísmo propio de los guerreros.

El Fútbol cuenta con el misterio y la magia de no ser matemática, de no subsumirse a las reglas exactas de las ciencias duras. Nada cierra ni nada puede preverse hipotéticamente. Porque el libre antojo del fútbol puede torcer lo inmutable, borrar lo indeleble, puede provocar lo insospechable, glorificar para siempre una pincelada de algún talentoso o alguna patriada de algún voluntarioso que regala una certeza maravillosa aún no extinguida del todo: que el corazón puede trastocar al fútbol, puede conducirlo a la victoria.

El hincha de Gimnasia merece una distinción en el mundo del fanatismo, la lealtad y la pasión. Capaz de soportar derrotas espeluznantes que dejan las ilusiones a la intemperie, desnudas frente a un escenario tétrico. Pero jamás impulsan el divorcio, jamás tiran la toalla ni se alejan de los próximos noventa minutos que se vivirán como la desactivación de una bomba. El hincha de Gimnasia imita aquella alegoría teatral de que los hombres, como los árboles: mueren de pie, mueren erguidos y con la seguridad de que el fútbol, como la vida, se la pelea hasta el tiro de gracia, hasta el emblemático pitazo final. La desazón puede estrangularlos por dentro, puede conquistar terreno como un cáncer maligno que no para de drenarse, pero por fuera siguen vivos, siguen empujando casi solos, atrincherados, un carro que muchos desertores han dejado oxidar.

Por esa pasión que roza lo sublime, que perfuma del amateurismo futbolero que muchos traemos de un barrio, de un pueblo, de la vecindad; por amigos que hoy se desgarran en lagrimas y cánticos que expresan lo inexorable desde hace minutos en todo el país futbolero: Que el lobo, pese a quien le pese, es indiscutidamente de la “A”, escribo estas líneas como un tipo que gritó hasta la euforia pegado a un televisor y abrazando al aire, en un abrazo imaginario con esos amigos triperos radiantes en el clamor del bosque.


Matías Kraber

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FOTOS: Víctor Díaz