Fútbol

TERMINÓ COMO EMPEZÓ

<b>Opinión.</b> El semestre dejó una imagen desteñida y realmente opaca del presente escalofriante que atraviesa Gimnasia.


Ni la vuelta al Bosque pudo cambiar el rumbo de las cosas, sólo por una razón: porque cuando se juega mal al fútbol, se pierde.

El Lobo redondeó un mediocre torneo desde muchísimas perspectivas: desde la cantidad de puntos cosechados, desde la falta de actitud e inteligencia para afrontar algunos partidos y sobre todo, desde el funcionamiento colectivo de un equipo que cayó en la desgracia más difícil de superar en el fútbol: volverse previsible.

El juego de Gimnasia fue siempre intentar desbordar y terminar las jugadas con pelotazos al punto del penal (por no decir a las manos de los arqueros rivales). Después…poco y nada. A Cuevas lo marcaron todo el campeonato pero la principal marca personal fue la de Sanguinetti que lo puso de delantero.

Ignacio Piatti tuvo sus altibajos pero quedó en claro que es el jugador más importante del plantel (¡por dios! Jugar en este Gimnasia de la manera que lo hizo es recibirse de señor volante por derecha).

Alonso… está entrenando… es un gran delantero, pero así no. No obliga, no patea, no cabecea, no liga, no le tiran un centro a la cabeza, no pasa nada.

La banda de la izquierda fue un lío: Federico Domínguez todavía está descompuesto y el fierro caliente lo agarró el pibe Cardozo, que por supuesto no brilló (jugar en la defensa del Lobo es todo un desafío por no decir un tristísimo problema).

¿Que estará pensando Chávez? Jugó bastante bien pero llegó como anillo al dedo un refuerzo: sí, de esos que nos debían del verano mientras le suplicábamos al Columbus Crew que nos diera a alguien que no hubiese permitido los arrebatos de Civelli, las ausencias de algunos jugadores cuando había que hablar con los dirigentes, el segundo gol de Maggiolo, el baile de River en el segundo tiempo, el partido que ganó solito Ramón Díaz, etc.

La cuestión fue que Villar no hizo nada y llegó Aued que parecería no tener demasiada vocación para trasladar la pelota. En síntesis, si no hubiese sido por Ormeño (que pese a no saber defender, se suma al ataque con mucho criterio) Gimnasia no hubiese desbordado coherentemente en todo el campeonato.

Kletnicki se cansó de todo: un día le hicieron un gol en Rosario y desapareció. Se olvidó de atajar. En su lugar entró Bangardino y cumplió. Ahora el pibe volvería al banco…que puesto tan ingrato.

La vuelta al Bosque de Alderete fue terrorífica pero en líneas generales no le fue mal en el campeonato. A su lado el Tata: así de desfachatado, impreciso, falto de técnica dejó en claro que para él la palabra “ganar” significa mucho más. Dio todo y así se tiene que jugar en Gimnasia.

Civelli… es un buen jugador pero deberá entender que para ser caudillo no hace falta gritar, gesticular, tirar codazos, pegar cortitos… el fútbol es mucho más que eso. Chau y suerte.

Landa, ahí anduvo y se va para Rumania. Y el Coco, líder con muy poco. Perro viejo, se puso la azul y blanca y marcó los tiempos de una defensa ni más ni menos que vul- ne - ra – ble.

Martinena: gracias pibe… nos regalaste 4 puntos (sacamos 17 o sea, el 23 por ciento de lo recaudado). Neira… hizo un campeonato flojísimo. Piergüidi nunca pudo volver a ser el mismo que debutó con Troglio.

Gentilletti se hizo expulsar aquella tarde con Tigre y lo bajaron del barco. De Blasis la rompió en reserva y lo subieron al barco. Mientras tanto el Topo, sigue llamando marineros, sacándole fuego a la guía telefónica porque se vienen meses dificilísimos.

Muchachos hay que decirlo: llegó el día. Llegó “la próxima temporada” y Gimnasia juega mal… no tiene nada de malo asumirlo: juega muy mal y le pese a quien le pese, con errores entendibles y con falencias inentendibles, terminó como empezó: Perdiendo.

Ahora hay que darle para delante, sumar gente y zafar de esta situación injusta para la gente de Gimnasia.


Por Germán Verne