Fútbol
04/05/2008
EUFÓRICOS DE BRONCA
Los hinchas triperos pusieron el grito en el cielo tras la derrota y se la agarraron con Favale y Kletnicki.
Lo que al finalizar la primera etapa era todo felicidad, en tan solo 45 minutos terminó siendo una caldera cargada de bronca a punto de explotar.
Tan solo cinco minutos le bastaron a Favale para poner como loco a todo el triperío que desafió la fresca tarde-noche platense para darle aliento a nuestro querido Gimnasia.
Cinco minutos en los que las banderas flameantes de alegría de la primera etapa se transformaron en jabalinas dispuestas a atravesar el pecho del hombre de negro. Cinco minutos en los que los vasos de gaseosa utilizados para calmar esas gargantas alegres de la fiesta desatada en el primer tiempo, pasaron a ser inofensivas bombas de agua capaces de suspender el partido por la celosía del juez de línea dispuesto a defender al jugador visitante. Cinco minutos bastaron para que los encendedores que prendían ese pucho en busca de calmar la ansiedad pasaran a rodar por el campo de juego.
Cinco minutos de desconcierto le bastaron a Kletnicki para que la gente lo insulte a más no poder.
Al finalizar el partido la gente exploto de bronca porque entendía que el partido se podría haber ganado, pero sin embargo se encontró con la impotencia de que la derrota no fue sólo responsabilidad del árbitro.
Calentura y mucha para un momento delicado en el que todos tenemos que tirar para el mismo lado.
Impotencia y mucha para un momento delicado en el que desde el campo de juego se tiene que mostrar el temple y la concentración que se necesita para no retroceder en un trabajo a largo plazo.
Por Víctor Díaz
Tan solo cinco minutos le bastaron a Favale para poner como loco a todo el triperío que desafió la fresca tarde-noche platense para darle aliento a nuestro querido Gimnasia.
Cinco minutos en los que las banderas flameantes de alegría de la primera etapa se transformaron en jabalinas dispuestas a atravesar el pecho del hombre de negro. Cinco minutos en los que los vasos de gaseosa utilizados para calmar esas gargantas alegres de la fiesta desatada en el primer tiempo, pasaron a ser inofensivas bombas de agua capaces de suspender el partido por la celosía del juez de línea dispuesto a defender al jugador visitante. Cinco minutos bastaron para que los encendedores que prendían ese pucho en busca de calmar la ansiedad pasaran a rodar por el campo de juego.
Cinco minutos de desconcierto le bastaron a Kletnicki para que la gente lo insulte a más no poder.
Al finalizar el partido la gente exploto de bronca porque entendía que el partido se podría haber ganado, pero sin embargo se encontró con la impotencia de que la derrota no fue sólo responsabilidad del árbitro.
Calentura y mucha para un momento delicado en el que todos tenemos que tirar para el mismo lado.
Impotencia y mucha para un momento delicado en el que desde el campo de juego se tiene que mostrar el temple y la concentración que se necesita para no retroceder en un trabajo a largo plazo.
Por Víctor Díaz