Fútbol
07/04/2008
LAS CLAVES DE LA VICTORIA
En un partido agónico, el Lobo demostró ayer un ejemplo de carácter y sacrificio. Ahora viene Banfield de visitante.
Lejos estuvo de ser el mejor partido del conjunto de Sanguinetti en este campeonato, pero cuando se gana parece importar poco el rendimiento colectivo de un equipo.
Lo cierto es que el rival de Gimnasia era, a priori, un equipo con muchísimas falencias; pero sin embargo, con todos sus errores, lo complicó demasiado.
La pregunta entonces es la siguiente: ¿Gimnasia estuvo a punto de empatar por merito de Olimpo o por sus propios errores?. Sin lugar a dudas, el Lobo estuvo a minutos del empate por desatenciones de casi todas sus líneas en algún momento del partido.
Pero más allá de esto, finalmente el Lobo lo ganó. Se quedó con un resultado inesperado porque no perdió nunca la confianza, porque demostró que los partidos no terminan hasta que el arbitro señale la mitad del campo de juego y, haciéndonos recordar a todos los triperos los mejores años de Timoteo Griguol, sacó a la luz que este equipo en formación tiene muchas ganas de crecer y que a la suerte si no se la ayuda con buen fútbol, a veces también se la puede generar con garra y optimismo.
Gimnasia lo ganó porque pese a que el ingreso de Ormeño lejos estuvo de brindar solidez defensiva, aportó agresividad y movilidad en ataque.
Sumó de a tres porque un goleador es vital en cualquier equipo: Alonso cabeceó dos veces y marcó dos goles. El uruguayo erró un penal y a los pocos minutos puso de nuevo a Gimnasia arriba en el marcador. Es cierto, le cuesta muchísimo superar sus recaídas físicas y no demuestra el despliegue que lo caracterizaba, pero su lucha y compromiso, como así también su ambición por el gol, se mantienen vigente.
Pasaron años para que en Gimnasia un jugador agarrara la pelota convencido para patear un penal. Finalmente, Ramírez lo atajó, pero es necesario tener carácter y Alonso lo tuvo.
Gimnasia ganó porque cuando Yedro tuvo que dejar el campo de juego, Cuevas entró con muchísimas ganas y el Tata Escobar demostró una vez más que si tiene que correr el triple, lo hace.
Se quedó con la victoria, porque Federico Domínguez no se quedó pensando en el penal que había cometido y terminó haciendo el gol del triunfo.
Sin lugar a dudas lo ganó porque pese a sus pronunciadas falencias es un “equipo”, es un grupo unido donde ya no importa el rédito personal que cada jugador pueda sacar de su actuación. Siendo suplentes y sabiendo que entrar y hacer un gol podría brindarle la confianza necesaria a nuestro técnico para que la próxima vez nos vuelva a tener en cuenta ¿quien de todos nosotros le hubiese dado la pelota a un compañero estando frente al arquero en la ultima jugada del partido?... nadie… Piergüidi sí.
Sin lugar a dudas esta victoria valió más que tres puntos. Dejó en claro que los goles se gritan entre todos y que tanto Marito Diaz como el Topo Sanguinetti y el resto del banco de suplentes, no tuvieron vergüenza en entrar a la cancha para abrazar a los jugadores y festejar el gol del triunfo.
En definitiva, Gimnasia lo ganó porque dejó en claro que entiende el momento que está atravesando y demostró que en el fútbol no sólo el buen juego imprime las victorias más recordadas, sino también el optimismo, el temperamento y la lucha de un equipo que está cansado de quedarse con las manos vacías.
Por Germán Verne