El Club

EGOS

El oficialismo reconoció el fracaso de su gestión al no presentar candidaturas. Pellegrino, el dueño de la pelota, lanzó la consigna: sin él no hay Maradona. Pretende saltar el Estatuto y una renovación parcial. La oposición discutió nombres pero no proyectos. La unidad es una quimera. Mientras tanto, Gimnasia se desangra. OPINIÓN

Lo del domingo fue un mamarracho más. Una jornada triste que reflejó miserias de toda clase. Escándalo. Desorden. Incertidumbre. En el medio, Gimnasia. Un club devastado que se desangra a cada minuto y que desde tiempos remotos carga con los altos precios de los egos. Después del 23 de noviembre Gimnasia deberá hacer malabares para afrontar el concurso de acreedores y, al mismo tiempo, dotar de jerarquía a un plantel flojísimo que con suerte llegará a fin de año con un tanquecito de oxígeno.

El fracaso de esta dirigencia en sus tres años de gestión nunca quedó tan en evidencia como este domingo, cuando sorpresivamente no asomó ninguna lista electoral oficialista. Gabriel Pellegrino reconoce el desastre con el solo hecho de no candidatearse. Pero tenía un as bajo la manga. Y como si todo esto se tratara de una partida de ajedrez, ejecutó una jugada maestra que regó el tablero con una consigna extorsiva: sin Pellegrino no hay Maradona.

La maniobra del mandamás de Gimnasia halla su analogía en el dueño de la pelota, el nene caprichoso que no acepta lo que no le conviene. El partido se termina cuando el dueño de la pelota se va. Este todavía está a tiempo de mostrar algo de nobleza y abrir el juego por el bienestar común. Grandeza le dicen.

El astro del fútbol mundial aterrizó en Abasto este lunes con la firme decisión de despedirse. Fueron los jugadores quienes le movieron el piso. Licht encabezó la comitiva y lanzó artillería que tocó lo emocional. “No es justo, levantamos el nivel gracias a vos”, tiró el capitán. Maradona confesó que se sentía ciertamente traicionado por el presidente del Lobo porque “no se presentó ni a lucharla para quedarse”. Tenía lágrimas en los ojos y en la voz.

Mientras tanto, hay dos que irán a las urnas. Casi que no se habló en profundidad sobre proyectos. Todo se discute en base a meros nombres propios que, así sueltos, representan poca cosa. Y si en verdad el límite era Pellegrino, entonces cabe cuestionarse por qué, ya con él al margen de las candidaturas, las elecciones asoman como inevitables. Preguntas sin respuesta que yacen en la eterna lógica gimnasista de la sinrazón.

Lo cierto es que Maradona marca la agenda política del club. Que Cowen, Robustelli y Gargiullohayan irrumpido en Estancia Chica para hablar con Diego muestra a las claras cómo está el paño. Pellegrino jugó su carta: pretende renovación parcial saltando el Estatuto, incluso sin el apoyo de los suyos. Generó un revuelo sin precedentes y se aferró a la figura colosal de Maradona, su paraguas protector. Así las cosas, la unidad en Gimnasia es una quimera: implica un rejunte, que cuatro o cinco personas decidan en nombre de toda la masa societaria.

Acá han instalado la idea de que Maradona mata Gimnasia. Han posicionado a Diego en un pedestal institucional que todavía no merece. Acaso por eso en las últimas horas circuló un comunicado armado por varios medios partidarios en el que se asegura que Diego “debe trascender a cualquier nombre”. Letra G decidió no adherir, manteniendo una línea crítica que data de hace 15 años. Gimnasia por encima de todo, siempre.

En Mar del Plata Maradona habló de unidad, ítem necesario que no siempre resulta asequible. Se llama política. Y al mismo tiempo, el mismo Maradona quebró esa consigna al poner a Pellegrino como condición esencial para su continuidad. ¿Nombres propios por arriba de la institución? Si Diego está por el bien de Gimnasia, entonces debería evaluar la pésima gestión futbolística de Pellegrino y compañía, que agarraron a un equipo aplomado en Copa Sudamericana y en menos de tres años lo arrojaron al fondo de la tabla de los promedios, con un plantel que no está a la altura y refuerzos de B Metropolitana. Eso sin mencionar deuda post concursal, carencia absoluta de proyectos sociales, cacería de ídolos y nula concreción de obras prometidas. Todo, mientras presumieron del “club más hermoso del mundo” y de ser forjadores de “la manada”.

Separemos los tantos: Maradona en el Lobo es histórico, un mimo formidable al corazón de los hinchas, un fenómeno sin igual que emplazó a Gimnasia en los primeros planos del mundo; un puñado de alegría entre tantas pálidas y tanta zozobra cosechada por años de gestiones basura. Maradona es, de seguro, lo mejor que hizo Pellegrino en el club. Todos queremos a Maradona adentro, eso no se discute. Pero hay política, reglas y estatutos. Y si el precio de tener a Maradona es asentir porque sí a los caprichos del dueño de la pelota, entonces tal vez sea mejor ir a jugar a otro campito.


Agustín Colianni