El Club

MALOS MANEJOS

A veces cuesta creer lo inexplicable que se vuelven algunas situaciones en Gimnasia. Nueva editorial de Letra G en el particular momento que atraviesa el Lobo no solamente en el plano futbolístico sino también en el institucional.

A veces parece mentira. A veces cuesta creer lo inexplicable que se vuelven algunas situaciones en Gimnasia. En el medio de cierta tranquilidad deportiva, y resulta sumamente oportuno aclarar que esa tranquilidad remite a dos triunfos que nada pueden hacer frente a los conflictos salariales, laborales y estructurales crónicos de este Gimnasia, volvieron a emerger los pésimos manejos crónicos de la dirigencia actual.

Malos manejos que nacieron con un comunicado insólito frente a una poco feliz declaración de un técnico que no suele pelearse con dirigencias públicamente. Malos manejos que demuestran la conducción de un Club en términos personalistas, donde un grupo se siente agredido y utiliza salvajemente el sello de Gimnasia para marcar la cancha del respeto cuando las cosas pueden resolverse de otra manera.

Malos manejos que una semana atrás confirmaron la venta de Maximiliano Meza a Independiente sin dar lugar a la escucha, sin tomar en cuenta las posibles soluciones acercadas en los últimos días para calmar las aguas turbulentas de la economía y evitar la salida del jugador, con aportes externos que pudieran sostener la estructura de los pocos meses de gestión que Onofri tiene por delante.

Estos malos manejos son, sobre todas las cosas, profundos egoísmos individuales que no solamente han despilfarrado el crédito de respeto institucional, sino que han sumergido al Club en una profunda medianía hace ya varios años. Sin duda, Gimnasia es esto. Gimnasia es el despido contradicción permanente en un club con puertas sumamente cerradas para afuera y para adentro, Gimnasia es lo que surja en el momento.

¿De qué se trata esto de gobernar y conducir el rumbo de Gimnasia? No es una pregunta caprichosa. Cuando hablamos de gobernar podemos pensar en varias opciones, pero sobre todo la necesidad de una coherencia política representativa de socios e hinchas. Gobernar no es rematar un patrimonio, pelearse por los medios, tensar las relaciones con gente que viene y confía en la institución, no significa reforzar otros clubes sin un horizonte claro en términos de ingeniería económica. Gobernar no es vivir tapando parches, porque para tapar parches hay que dejarse ayudar y discutir profundamente. Gobernar es reconocer limitaciones y salir en búsqueda de un crecimiento legítimo de un colectivo que no se reduce a la grupalidad dirigente.

Las cartas ya están tiradas, es necesario que en unos meses, asuma quien asuma, no se olvide jamás de gobernar con coherencia y sumamente abierto a escuchar y solucionar las necesidades de todos los que conforman este inmenso club. Es la única manera de evitar el margen de error de las decisiones y, por supuesto, discusiones públicas de forma y no de fondo.


LETRA G