El Club
18/03/2015
NO CULPEN AL BOSQUE
Medios de comunicación y agentes reguladores buscan la manera de poner en duda la localia por no mencionar a los verdaderos culpables. <b>OPINIÓN.</b>
El estadio Juan Carmelo Zerillo se posa en el ojo de la tormenta a cada instante que surgen situaciones relacionada con la localia. Siempre el culpable de todo hecho termina siendo el lugar, acusado de poco seguro, pero pocas veces se coloca la lupa sobre quienes deben hacerse cargo.
Culpar al Bosque por los hechos violentos sucedidos en los últimos clásicos resulta ser algo sumamente carente de argumentos. Sin ninguna fundamentación, medios y periodistas se llenan de palabras injustas por no hablar mal de la policía o comité regulador que deberían ser quienes controlen. Se busca lo fácil, algo que no tenga como defenderse ni traiga consecuencias para aquellos que hablan irresponsablemente.
Gimnasia, como institución, realiza el pago de un operativo de seguridad para que estos hechos no sucedan. La misma policía es quien indica cuantos efectivos serán necesarios para cubrir la totalidad del evento, número que en cotejos de “alto riesgo” (como está catalogado un clásico) se incrementa considerablemente. El pago del operativo se realiza 48 horas antes de cada partido.
En relación, en el primer encuentro del campeonato (ante Defensa y Justicia) se contabilizó la cantidad de efectivos que asistieron al partido. El resultado sorprendió a más de uno: la suma de policías que prestaron servicio fue considerablemente menor al que Gimnasia pagó, y la fuerza de seguridad debió devolver 30 mil pesos tras descubrirse. En este caso, si hubiera pasado algo donde la policía tuviera que haber intervenido, la culpa sería también del Bosque, ¿no?.
Es necesario realizar un análisis que abarque la totalidad de las partes en cuestión antes de culpar siempre al estadio. Está a la vista la precariedad del Juan Carmelo Zerillo, tampoco nos guiamos por la necedad de hacer invisible esta realidad, pero ningún estadio es culpable de las negligencias humanas, y menos de la corrupción que ronda en su entorno.
Así como marcamos esto, también ponemos el ojo sobre aquellos “hinchas” que ocasionaron los disturbios. En un partido donde solamente podían asistir los socios, y entendiendo que quienes quisieron ingresar a la fuerza no eran afiliados del club, terminan posándose los cargos sobre aquellos que pagan su cuota. El fútbol argentino y su contexto, un claro ejemplo del “reino del revés”.
NICOLÁS BAZZAN
Culpar al Bosque por los hechos violentos sucedidos en los últimos clásicos resulta ser algo sumamente carente de argumentos. Sin ninguna fundamentación, medios y periodistas se llenan de palabras injustas por no hablar mal de la policía o comité regulador que deberían ser quienes controlen. Se busca lo fácil, algo que no tenga como defenderse ni traiga consecuencias para aquellos que hablan irresponsablemente.
Gimnasia, como institución, realiza el pago de un operativo de seguridad para que estos hechos no sucedan. La misma policía es quien indica cuantos efectivos serán necesarios para cubrir la totalidad del evento, número que en cotejos de “alto riesgo” (como está catalogado un clásico) se incrementa considerablemente. El pago del operativo se realiza 48 horas antes de cada partido.
En relación, en el primer encuentro del campeonato (ante Defensa y Justicia) se contabilizó la cantidad de efectivos que asistieron al partido. El resultado sorprendió a más de uno: la suma de policías que prestaron servicio fue considerablemente menor al que Gimnasia pagó, y la fuerza de seguridad debió devolver 30 mil pesos tras descubrirse. En este caso, si hubiera pasado algo donde la policía tuviera que haber intervenido, la culpa sería también del Bosque, ¿no?.
Es necesario realizar un análisis que abarque la totalidad de las partes en cuestión antes de culpar siempre al estadio. Está a la vista la precariedad del Juan Carmelo Zerillo, tampoco nos guiamos por la necedad de hacer invisible esta realidad, pero ningún estadio es culpable de las negligencias humanas, y menos de la corrupción que ronda en su entorno.
Así como marcamos esto, también ponemos el ojo sobre aquellos “hinchas” que ocasionaron los disturbios. En un partido donde solamente podían asistir los socios, y entendiendo que quienes quisieron ingresar a la fuerza no eran afiliados del club, terminan posándose los cargos sobre aquellos que pagan su cuota. El fútbol argentino y su contexto, un claro ejemplo del “reino del revés”.
NICOLÁS BAZZAN