El Club
10/12/2014
SOMOS HINCHAS DE GIMNASIA
Hubo vigilia, la habitual donación de sangre, una muestra fotográfica y fiestas en diversos puntos de la ciudad. <strong><a href="http://www.letrag.net/galerias/elclub/dia_del_hincha_101214.html"><big>FOTOS.</big></a></strong>
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Cuando nos preguntan por qué somos de Gimnasia, contestamos que porque sí, que no se sabe a ciencia cierta, que es algo que nos tocó en suerte alguna vez, y que no nos rompan las pelotas con eso de que jamás ganamos nada y sin embargo seguimos adelante como celebrando el masoquismo. Eso, simplemente, nos parece una incongruencia: el amor no necesita de nada, se alimenta solo.
Resulta imposible dar una respuesta certera acerca del sentir de un tripero. Ya de pibes mamamos esta locura indescriptible y sabemos que los colores no se permutan, que el azul y el blanco son sagrados, que la camiseta es lo único que irremediablemente nos va a acompañar algún día hasta el cajón. Porque en la vida podemos cambiar lo que sea, pero la pasión por el Lobo, no.
Alguna vez alguien nos explicó los síntomas de esta enfermedad. Alguien nos habló de las picardía de un tal Ciaccia, de la enormidad de Della Savia, de la potencia de Onnis, de las locuras de Gatti, de un barrio llamado Mondongo, de un tal Favaloro, de una hinchada que a su paso barría con todo, de cómo entre los árboles del Bosque emergió el Lobo, del Expreso, de la Barredora de José, de Pancho Varallo, de movilizaciones multitudinarias. De un Bosque encantado. Alguna vez nos hablaron de Gimnasia, y nos enamoramos. Y alguien nos tomó de la mano y emprendimos rumbo hacia el tablón, con el miedo de no saber qué nos esperaba. Claro que, una vez adentro, nunca más quisimos salir.
Y desde entonces, ya no fuimos los mismos. Deambulamos pensando en Gimnasia, oliendo Gimnasia, buscando Gimnasia. Nos enternece ver la casaca del Lobo en la calle. Y cuando alguien viste la gloriosa azul y blanca, le tiramos algo a la pasada: “¡Dale Lobo, eh!”, o “¡Vamo´ginasia! La persona en cuestión siempre nos responde con una risa cómplice o se queda hablando unos minutos con nosotros. Generalmente llegamos a la conclusión de que ambos estamos enfermos pero nos gusta, y pobre de aquel que quiera curarnos.
Los triperos somos los que cada dos por tres nos ausentamos (u obligamos a la suspensión) de alguna fiesta, casamiento, cumpleaños o lo que fuere, porque ese día juega el Lobo. Antes nos imploran: “¿Pero no podés faltar?”. Y respondemos: “¿No podés hacer la fiesta otro día?”. Y así andamos, arruinando ocasiones festivas (u ocasiones cualesquiera) con una frase sencilla: “No puedo, juega el Lobo”. Los hinchas de Gimnasia somos también los que siempre arruinamos los Día de la Madre, Día del Padre, Día de Pascuas, Día de lo que sea. Si los partidos se jugaran en Navidad, los triperos la arruinaríamos. Porque priorizamos a Gimnasia por sobre lo que venga.
No entendemos bien cómo algunos “hinchas” de otros equipos pueden andar felices por la calle o estar conectados en el Facebook cuando su equipo está jugando en ese mismo momento. Es que nos enseñaron que cuando resulta imposible asistir a la cancha, la televisión y la radio se convierten en elementos sagrados durante noventa minutos. Y vamos al frente, llevando con satisfacción de sobra el escudo del Lobo tatuado en el corazón. A cambio, recibimos más de lo necesario –con el simple hecho de ver salir once lobos al campo de juego, ya es más de lo necesario–, aunque paradójicamente no recibamos nada de lo que algunos boludos consideran, en forma ilusa y triste, que es esencial para mantener vivo un sentimiento. Los triperos somos así: incondicionales. Tenemos en claro que lo único que realmente vale es haber estado ahí, donde sea, siempre junto a Gimnasia. Y todo lo demás puede esperar.
Entonces, ¿qué es ser de Gimnasia? Es saber que hasta en los peores momentos de nuestras vidas tendremos un gran retazo de felicidad latente e inamovible en algún rincón. Somos pelotudos: andamos por la vida enamorados de un Lobo. Estamos locos: somos de Gimnasia y dependemos de Gimnasia. ¡Y cómo nos gusta! Gracias a Dios tuvimos esa suerte.
FESTEJOS EN UN NUEVO DÍA DEL HINCHA
Como ya es costumbre, la vigilia en Plaza Moreno comenzó con la fiesta tripera cerca de la medianoche. En esta ocasión, las intensas lluvias complicaron el panorama, pero los hinchas del Lobo no se iban a ir. Es por eso que se congregaron en la Municipalidad y continuaron con el jolgorio. Llegando a los primeros segundos del 10 de diciembre, hubo abrazos, cantos, pirotecnia y mucho más.
Ya en la jornada de hoy, los festejos continuaron con la tradicional donación de sangre “Azul y Blanca”, organizada por “Corazón Tripero”. Fue así que más de un centenar de hinchas de Gimnasia se acercaron a a la Sede y a diversos centros médicos para formar parte de la campaña.
Ya entrada la tarde, se llevó a cabo en el Pasaje Dardo Rocha la muestra fotográfica "ADN Tripero", del fotoperiodista cubano Kaloian Santos Cabrera.
Por último, la fiesta derivó en el estadio del Bosque, donde los triperos se congregaron para ponerle punto final a un nuevo Día del Hincha. Hubo fuegos de artificio, shows, espectáculos, musicales, sorteos y muchas otras sorpresas.
Cabe mencionar que el Día del Hincha también se celebró en diversos puntos de la ciudad, donde los triperos no perdieron oportunidad para festejar ser hinchas del club predilecto de la Ciudad.
Acá, podés ver la galería de fotos de la jornada:
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Cuando nos preguntan por qué somos de Gimnasia, contestamos que porque sí, que no se sabe a ciencia cierta, que es algo que nos tocó en suerte alguna vez, y que no nos rompan las pelotas con eso de que jamás ganamos nada y sin embargo seguimos adelante como celebrando el masoquismo. Eso, simplemente, nos parece una incongruencia: el amor no necesita de nada, se alimenta solo.
Resulta imposible dar una respuesta certera acerca del sentir de un tripero. Ya de pibes mamamos esta locura indescriptible y sabemos que los colores no se permutan, que el azul y el blanco son sagrados, que la camiseta es lo único que irremediablemente nos va a acompañar algún día hasta el cajón. Porque en la vida podemos cambiar lo que sea, pero la pasión por el Lobo, no.
Alguna vez alguien nos explicó los síntomas de esta enfermedad. Alguien nos habló de las picardía de un tal Ciaccia, de la enormidad de Della Savia, de la potencia de Onnis, de las locuras de Gatti, de un barrio llamado Mondongo, de un tal Favaloro, de una hinchada que a su paso barría con todo, de cómo entre los árboles del Bosque emergió el Lobo, del Expreso, de la Barredora de José, de Pancho Varallo, de movilizaciones multitudinarias. De un Bosque encantado. Alguna vez nos hablaron de Gimnasia, y nos enamoramos. Y alguien nos tomó de la mano y emprendimos rumbo hacia el tablón, con el miedo de no saber qué nos esperaba. Claro que, una vez adentro, nunca más quisimos salir.
Y desde entonces, ya no fuimos los mismos. Deambulamos pensando en Gimnasia, oliendo Gimnasia, buscando Gimnasia. Nos enternece ver la casaca del Lobo en la calle. Y cuando alguien viste la gloriosa azul y blanca, le tiramos algo a la pasada: “¡Dale Lobo, eh!”, o “¡Vamo´ginasia! La persona en cuestión siempre nos responde con una risa cómplice o se queda hablando unos minutos con nosotros. Generalmente llegamos a la conclusión de que ambos estamos enfermos pero nos gusta, y pobre de aquel que quiera curarnos.
Los triperos somos los que cada dos por tres nos ausentamos (u obligamos a la suspensión) de alguna fiesta, casamiento, cumpleaños o lo que fuere, porque ese día juega el Lobo. Antes nos imploran: “¿Pero no podés faltar?”. Y respondemos: “¿No podés hacer la fiesta otro día?”. Y así andamos, arruinando ocasiones festivas (u ocasiones cualesquiera) con una frase sencilla: “No puedo, juega el Lobo”. Los hinchas de Gimnasia somos también los que siempre arruinamos los Día de la Madre, Día del Padre, Día de Pascuas, Día de lo que sea. Si los partidos se jugaran en Navidad, los triperos la arruinaríamos. Porque priorizamos a Gimnasia por sobre lo que venga.
No entendemos bien cómo algunos “hinchas” de otros equipos pueden andar felices por la calle o estar conectados en el Facebook cuando su equipo está jugando en ese mismo momento. Es que nos enseñaron que cuando resulta imposible asistir a la cancha, la televisión y la radio se convierten en elementos sagrados durante noventa minutos. Y vamos al frente, llevando con satisfacción de sobra el escudo del Lobo tatuado en el corazón. A cambio, recibimos más de lo necesario –con el simple hecho de ver salir once lobos al campo de juego, ya es más de lo necesario–, aunque paradójicamente no recibamos nada de lo que algunos boludos consideran, en forma ilusa y triste, que es esencial para mantener vivo un sentimiento. Los triperos somos así: incondicionales. Tenemos en claro que lo único que realmente vale es haber estado ahí, donde sea, siempre junto a Gimnasia. Y todo lo demás puede esperar.
Entonces, ¿qué es ser de Gimnasia? Es saber que hasta en los peores momentos de nuestras vidas tendremos un gran retazo de felicidad latente e inamovible en algún rincón. Somos pelotudos: andamos por la vida enamorados de un Lobo. Estamos locos: somos de Gimnasia y dependemos de Gimnasia. ¡Y cómo nos gusta! Gracias a Dios tuvimos esa suerte.
FESTEJOS EN UN NUEVO DÍA DEL HINCHA
Como ya es costumbre, la vigilia en Plaza Moreno comenzó con la fiesta tripera cerca de la medianoche. En esta ocasión, las intensas lluvias complicaron el panorama, pero los hinchas del Lobo no se iban a ir. Es por eso que se congregaron en la Municipalidad y continuaron con el jolgorio. Llegando a los primeros segundos del 10 de diciembre, hubo abrazos, cantos, pirotecnia y mucho más.
Ya en la jornada de hoy, los festejos continuaron con la tradicional donación de sangre “Azul y Blanca”, organizada por “Corazón Tripero”. Fue así que más de un centenar de hinchas de Gimnasia se acercaron a a la Sede y a diversos centros médicos para formar parte de la campaña.
Ya entrada la tarde, se llevó a cabo en el Pasaje Dardo Rocha la muestra fotográfica "ADN Tripero", del fotoperiodista cubano Kaloian Santos Cabrera.
Por último, la fiesta derivó en el estadio del Bosque, donde los triperos se congregaron para ponerle punto final a un nuevo Día del Hincha. Hubo fuegos de artificio, shows, espectáculos, musicales, sorteos y muchas otras sorpresas.
Cabe mencionar que el Día del Hincha también se celebró en diversos puntos de la ciudad, donde los triperos no perdieron oportunidad para festejar ser hinchas del club predilecto de la Ciudad.
Acá, podés ver la galería de fotos de la jornada:
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