El Club
05/11/2014
CUIDAR, MOVILIZAR, ORGANIZAR, CRECER
Gimnasia es una institución que necesita de acciones conjuntas superadoras que señalen el camino del crecimiento. <b>OPINIÓN.</B>
En Necochea, la Filial Ariel Alonso hizo una prueba hace casi una década y trajo a Gabriel Martinena, delantero en Primera División. El espacio Por y Para el Bosque sortea una camiseta firmada por el Indio Solari para recaudar fondos de cara a la infraestructura del Estadio. La compra de la camiseta en un comercio deja menos ingresos que ir al Lobo Shop. Si la colonia de verano comprende el bolsillo, más familias cambian su espacio privado para ir al Bosque, suman más hinchas y hacen crecer al Club.
A su vez, la posibilidad de ser socio y acceder a sus disciplinas, comer un asado en Estancia Chica o mirar a las Lobas con un amigo que no conoce la sede, no tiene que relacionarse con el tener sino que con el ser, porque todos somos.
Pero también, cuidar el Club es disputar el sentido común. Se pide jugadores en exceso como si el futuro lo arreglara un otro lejano y mágico. Se demandan campeonatos pero no se piensan los procesos –avalamos la ley de la selva para ganar la ruleta-, porque ir a la raíz es pensar en la infraestructura de las primeras infancias de los deportistas: las pensiones, las alimentaciones, las contenciones (más psicólogos, por ejemplo), las formaciones educativas.
En este último punto es útil detenerse. No sólo se debe pensar en fomentar instituciones como la primaria y la secundaria, sino buscar horizontes de enseñanza y aprendizaje en los propios deportistas a largo plazo.
El pibe que llega deviene jugador y continúa desde la dirección o la gestión. Pongamos el ejemplo de Pasarella en River (no como modelo a seguir sino como recorrido trazado). Esas personas necesitan un proceso formativo que deje marcas identitarias y colectivas con respecto al Club. Así habrá una continuidad en el tiempo para contrarrestar ideas neoliberales que hacen ver un futuro en lugares lejanos con aspiraciones de riquezas. No sólo son pocos jugadores los que llegan sino que son las empresas las beneficiadas en el ciclo económico: los Clubes se endeudan y piden ayudar a esos mismos que los vaciaron.
La política comunicacional implica entender que el negocio busca triunfadores: son grandes los que tienen, no los que se organizan, movilizan, o se solidarizan. ¿A quién le rinde que una filial vaya a un barrio popular el día del niño? ¿Quién lucra con las expresiones culturales de las paredes de la ciudad? ¿A dónde va el cheque de un carnaval en el Mondongo? Así, un pibe de Salta siente más a River que a Gimnasia y Tiro. Se produce lo que algunos teóricos llaman desterritorialización: generar fronteras y símbolos imaginarios en función de intereses (más consumo de productos publicitados, más legitimidad y poder de representantes y dirigentes, más manipulación de la pasión en pocas manos). Como lo expresa el historiador Osvaldo Bayer, no por nada desde 1930 se pensaron cinco clubes para mantener el orden económico en el fútbol.
En conclusión, la idea es no esperar que un héroe individual nos salve económicamente, sino continuar las acciones en conjunto que realizan filiales, organizaciones o espacios que se recrean y definen constantemente en las dinámicas de la historia. Los ejemplos de la Platea H y las torres de iluminación se deben llevar como bandera. Pero para eso no hay manuales ni técnicas: parte de la voluntad y las ganas de ver a un Gimnasia como se merece.
Santiago Giorello
A su vez, la posibilidad de ser socio y acceder a sus disciplinas, comer un asado en Estancia Chica o mirar a las Lobas con un amigo que no conoce la sede, no tiene que relacionarse con el tener sino que con el ser, porque todos somos.
Pero también, cuidar el Club es disputar el sentido común. Se pide jugadores en exceso como si el futuro lo arreglara un otro lejano y mágico. Se demandan campeonatos pero no se piensan los procesos –avalamos la ley de la selva para ganar la ruleta-, porque ir a la raíz es pensar en la infraestructura de las primeras infancias de los deportistas: las pensiones, las alimentaciones, las contenciones (más psicólogos, por ejemplo), las formaciones educativas.
En este último punto es útil detenerse. No sólo se debe pensar en fomentar instituciones como la primaria y la secundaria, sino buscar horizontes de enseñanza y aprendizaje en los propios deportistas a largo plazo.
El pibe que llega deviene jugador y continúa desde la dirección o la gestión. Pongamos el ejemplo de Pasarella en River (no como modelo a seguir sino como recorrido trazado). Esas personas necesitan un proceso formativo que deje marcas identitarias y colectivas con respecto al Club. Así habrá una continuidad en el tiempo para contrarrestar ideas neoliberales que hacen ver un futuro en lugares lejanos con aspiraciones de riquezas. No sólo son pocos jugadores los que llegan sino que son las empresas las beneficiadas en el ciclo económico: los Clubes se endeudan y piden ayudar a esos mismos que los vaciaron.
La política comunicacional implica entender que el negocio busca triunfadores: son grandes los que tienen, no los que se organizan, movilizan, o se solidarizan. ¿A quién le rinde que una filial vaya a un barrio popular el día del niño? ¿Quién lucra con las expresiones culturales de las paredes de la ciudad? ¿A dónde va el cheque de un carnaval en el Mondongo? Así, un pibe de Salta siente más a River que a Gimnasia y Tiro. Se produce lo que algunos teóricos llaman desterritorialización: generar fronteras y símbolos imaginarios en función de intereses (más consumo de productos publicitados, más legitimidad y poder de representantes y dirigentes, más manipulación de la pasión en pocas manos). Como lo expresa el historiador Osvaldo Bayer, no por nada desde 1930 se pensaron cinco clubes para mantener el orden económico en el fútbol.
En conclusión, la idea es no esperar que un héroe individual nos salve económicamente, sino continuar las acciones en conjunto que realizan filiales, organizaciones o espacios que se recrean y definen constantemente en las dinámicas de la historia. Los ejemplos de la Platea H y las torres de iluminación se deben llevar como bandera. Pero para eso no hay manuales ni técnicas: parte de la voluntad y las ganas de ver a un Gimnasia como se merece.
Santiago Giorello