El Club

NO APRENDEN MÁS

Gimnasia volverá a hacer de local en el Estadio Ciudad de La Plata. Una medida que va en contra de la idiosincrasia. <b>OPINIÓN</b>

Si uno lo cuenta, es posible que sean muchos los que no le crean. Pero como en Gimnasia parece que no se aprende de los errores sino que se los reivindica, la cúpula dirigencial tripera vuelve a tropezar con una piedra fatídica que, a juzgar por lo acontecido en los últimos años, parecía haberse esfumado.

Gimnasia vuelve a jugar como local en el Estadio Ciudad de La Plata. Lo hace en la última fecha del Torneo Nacional B, donde ya ha logrado con margen de sobra su único objetivo: retornar a la Primera División. Claro, el Lobo realizó una campaña formidable desde el punto de vista numérico, y lo hizo jugando en su casa, en su única casa, que es el Bosque.

Es sabido que la disputa de la localía tripera data de años y asoma bajo matices políticos muy difíciles de resolver: desde muy temprano buscaron engañar a los gimnasistas y hacerles creer que el progreso institucional va de la mano de traicionar los valores históricos, sociales, identitarios, patrimoniales, territoriales, sentimentales, deportivos e incluso culturales a los que Gimnasia se ha aferrado en largos años de persistencia.

La teoría, el mensaje que desde las esferas más altas intentaron bajar, es simple: todo derivado del Estadio Ciudad de La Plata es bueno, por lo que resulta un despropósito no utilizarlo. También podría transcribirse en que resulta un “papelón político” que uno de los clubes más importantes de la ciudad se niegue a trasladar su localía a un reducto ultramoderno, confortable como pocos y orgullo innegable del gobierno provincial, y que prefiera, con el respaldo casi total de su gente (no hay dudas de que el 90% de los triperos se resisten a utilizar el engendro de 25 y 32), quedarse en su Bosque.

Pero si uno lo cuenta, es posible que sean muchos los que no le crean: Gimnasia vivió los peores momentos de toda su historia como consecuencia casi exclusiva de haberse mudado a 25 y 32, y está decidido a pegar la vuelta. Un raciocinio completamente ilógico. Podrán esgrimir, algunos entusiastas de la falsa modernidad, predicadores de la armonía absurda, aburrida, repulsiva e insípida que se aprecia en las canchas del fútbol europeo, que Gimnasia descendió jugando en el Bosque. Es cierto. Aunque no mucho menos cierto es que el calvario comenzó con la mudanza hacia el mal llamado “Estadio Único” y el abandono imperdonable de las instalaciones de 60 y 118: dos sucesos claves, dos graves errores a los que no se les halló una solución ni en el corto ni mediano plazo.

Para los necios que no logren comprender que la lucha pasa por varios ítems que tienen que ver con salvaguardar el sentido de pertenencia de los verdaderos motores de Gimnasia y Esgrima La Plata (sus hinchas), bien vale la pena recordarles que el aspecto deportivo (el único que quizás les interese) ha sido sumergido en una pendiente notoria que se puede constatar con tan solo recurrir a los archivos: Gimnasia perdió más de lo que ganó jugando fuera del Bosque. Y mejor no hablar de los clásicos con Estudiantes, donde el Lobo recibió las peores embestidas de su historia en esa materia sin haber podido ganar nunca. ¿Resulta casual que el único partido en el que se haya vencido al clásico rival en los últimos siete años se haya disputado en el Bosque?

Mientras Gimnasia continúe decidido a dejarse manosear por entes interesados y mentes enfermizas cuyo único propósito es sacar rédito político a costa de los clubes platenses, entonces las puertas del éxito seguirán bajo llave. Conservar y potenciar el patrimonio es uno de los senderos que conducen a los primeros planos institucionales de cualquier entidad social. Pero es el cuento de nunca acabar: en Gimnasia todo se hace a la inversa y no se aprende de los errores sino que se los reivindica y se los repite con notable frivolidad.


Agustín Colianni