El Club

PEDIR Y SOÑAR DEMASIADO

Compartimos una interesante reflexión del periodista Fercho Domínguez sobre la localía. No hay Lobo sin Bosque. <b>OPINIÓN</b>

La grandeza del hincha de Gimnasia no se mancha, es tan cierto esto como la “chiqueza” dirigencial de nuestro Lobo. Y los directivos, no aquellos que acompañaron, sino los que tomaban las decisiones importantes, nunca se arrepintieron de nada. Se gastaron millones en jugadores que pocos conocían y no rindieron. Desapareció una tribuna. Se dejó de ganar clásicos tras la mudanza de la localía.

Nadie pidió disculpas, nadie apareció demostrando cierta grandeza y dijo “yo tengo la culpa de que se desarmó la platea así que vengo a poner dinero para reconstruirla” o “es mi culpa el juicio que hoy tiene que pagar Gimnasia así que vengo a pagar una parte”. No hay grandeza, Gimnasia descendió como club, además de como equipo, pero parece que nadie lo hizo.

Se pasó de estar 10 años sin perder un clásico de local a perder casi todos y hasta uno por una goleada inconcebible en un estadio que fue diseñado por simpatizantes de Estudiantes y nadie, a nivel dirigencial pidió disculpas o asumió errores.

Y la historia se vuelve a repetir, con dirigentes que trabajan mucho para poder jugar en 25 y 32 pero no han sabido conseguir una publicidad grande para el estadio del bosque, en un año donde se ascendió y donde se pasaron todos los partidos por la televisión pública… Poniendo bonos a 50 pesos y entradas “populares” a 100 pesos en el Bosque pero sacando el bono cuando se juega en el estadio provincial. Reinó, dirigencialmente, la mentalidad de que “todo lo de afuera es mejor”. Traemos a Vizcarra, a Córdoba, a Cornejo, a Fontanello, a Mariano Viola… le taparon el camino a los pibes de inferiores porque: “lo de afuera tiene que ser mejor que lo nuestro”…así nos fue.

La misma mentalidad para la localía ¿Poner un ladrillo?: ¡Noo! el “negoción” era vender más plateas, si se pierde, si se divide la familia Gimnasista, si hay que pagar mucho más de seguridad, Y contratar más empleados, todo eso no les importa. La meta no es avasallar al rival, que se pongan nerviosos como le pasó la última vez a Estudiantes que con copa y todo, los humillamos, le ganamos en el Bosque. La meta es vender un poco más de plateas y sentarse en algún palco con algún político conocido… así nos fue. ¿Vamos a trabajar para sumar más socios? Tampoco, es más fácil cobrar bonos de 50 pesos. Así nos va.

Ser el único club de La Plata que puede jugar de local, y encima ascender sin necesidad de alquilar un estadio es un orgullo, pero para el hincha, para los directivos es evidente que no. En unos días saldrá el fideicomiso, tardaron nueves meses desde que se lo anunció en la asamblea, nueve meses… realmente es un parto cada cosa que se hace.

El modelo que nos llevó a descender, en varios sentidos, puede cambiar de maquillaje, pero sigue siendo el mismo: antes ponían entradas gratis contra Arsenal para lograr que la gente vaya al estadio provincial y entradas carísimas para Gimnasia-Newells, peleando por el torneo; ahora es parecido, con mejores modales quizás… pero la misma receta.

Si no fuera por los hinchas del club, esos que les interesa todo el club y no solo los resultados deportivos, hoy Gimnasia estaría como los vecinos, pensando en que si viene Maddona a La Plata no tendrían donde jugar. Como premio a nuestra gente, prefieren jugar afuera del estadio propio para festejar el ascenso que logró Gimnasia mientras jugaba de local en su estadio… suena ridículo ¿no?
¿Alguien se imagina directivos de Boca diciendo “vamos el último partido a jugarlo al estadio de River o al de Vélez porque queda en la misma ciudad y es más cómodo, tiene más plateas”? ¿A Newell’s jugando la semifinal de la Copa en el gigante de Arroyito porque tiene más plateas y mejores palcos para los periodistas…?

Ni Central, ni Olimpo, ni Villa San Carlos, ni River, ni Newells, ni Lanús, piensan en cambiar la localía en los últimos partidos (en realidad en ninguno) ¿por algo será, no? ¿Por qué insistirán que a nosotros en cambio nos “conviene”?

Cerrar una etapa ganando en la casa propia ¿tan difícil es?. Que los directivos trabajen para que se llene el bosque de triperos a precios razonables, que los pibes puedan salir orgullosos a decirle al mundo: “Campeones, sin cambiar de colores y en nuestra propia cancha, como me contó mi viejo cuando ganamos la Copa Centenario”. ¿Era mucho pedir? Parece que sí. Para los mediocres parece que era pedir y soñar demasiado.


Fercho Domínguez