El Club
28/08/2012
LA CREDIBILIDAD
El rol del periodismo en conjugación con Gimnasia. Qué se dice, qué se hace y cómo. Nota publicada en Revista Letra G 135. <b>OPINIÓN</b>
En nuestro país, como en nuestro Club, existe un mecanismo que procede en dirección contraria a toda lógica comunicacional. Y está vinculado con el papel de la prensa en relación a los gobernantes.
Pareciera que la función de quienes dirigen los destinos del país o en este caso de nuestro Club, es salir a defenderse de cualquier acusación, rumor o trascendido que surja en cualquier ámbito público; cuando en realidad esa responsabilidad debería correr por cuenta de quien emite ese mensaje polémico e inquisidor, que es quien además tendría que tener las herramientas para demostrar y ratificar a partir de argumentos sólidos esa teoría que involucra a alguien que posee cierta representatividad.
Es decir, si un periodista acusa o involucra en un tema a un dirigente o a un grupo de dirigentes, es ese mismo periodista quien debe acompañar esa acusación con pruebas sólidas y no el dirigente el que deba salir inmediatamente a defenderse. Si no, cualquiera desde cualquier lugar dice cualquier cosa y se sienta en el sillón a ver qué trascendencia tiene su ocurrencia y cuáles son las herramientas que utiliza el implicado para despegarse de algo que posiblemente no sea real.
Por ejemplo, si un periodista dice que el dinero del bono que se cobra de visitante se utiliza para financiar a la barra brava no puede enmarcarlo en "me dijeron" o “escuché por ahí”. Y con eso no decimos que el periodista esté mintiendo y que esa versión no sea cierta. Lo que decimos es que ante una situación tan grave se debe ir al fondo de la cuestión. Presentar pruebas, denunciar y desactivar tamaño acto de corrupción. No puede un dirigente agarrar el guante de esa versión y salir a desmentir semejante atrocidad.
Otro caso es el del Estadio Ciudad de La Plata. "Se dice" "estarían pensando" "la idea es" que Gimnasia vaya a jugar a 25 y 32 luego del partido con Banfield. Entonces, los medios locales se ponen al servicio de la confrontación entre triperos y empiezan a fogonear esa chance, al punto de que tienen que salir los dirigentes a desmentirlo y a aclarar que “es un tema del que no se ha hablado”. Y en este caso ocurre lo mismo. No decimos que esa idea no esté rondando en la cabeza de algunos. Lo que decimos es que hay que plantearlo abiertamente y citando las fuentes con nombre y apellido ya que es un tema demasiado importante como para manejarlo a través de dos o tres periodistas que inyectan discordia entre los hinchas del Lobo haciendo trascender las versiones.
Estos son dos ejemplos de muchos que existen desde hace tiempo. Y la realidad nos vuelve a posicionar en los problemas comunicacionales del Club (no problemas de prensa). Debemos volver a darle valor a la palabra oficial. Pero esa confianza y credibilidad se logra a través del tiempo, de la transparencia sostenida y a partir de ser coherentes entre los dichos y las acciones.
En concreto. La palabra oficial debe recuperar su imponente grado de certeza. Si lo dice el Club, no deben seguir circulando rumores contrarios. Eso sí, esto no significa dejar hacer a gusto de cada dirigente. Es ahí donde debe entrar a actuar otra de las funciones del periodismo que es la de fiscalizar el buen desempeño de los actores sociales.
En Gimnasia todo el tiempo pasan cosas y por eso podemos poner a prueba este mecanismo todos los días. Para que eso funcione el cambio debe ser de ambas partes, tanto de los dirigentes como de los periodistas. Pero al margen de buscar culpables o tratar de encontrar el origen de los rumores, tenemos la oportunidad de empezar a hacer las cosas bien. Veremos qué dice el tiempo acerca de estos ejemplos arriba mencionados. A ver si los dirigentes comienzan a aumentar su grado de credibilidad y los periodistas comienzan a hacer su trabajo: informar, investigar, analizar, opinar con fundamento, entre otras cosas; pero nunca, inventar, ya que eso sólo genera un gran daño a la institución.
Ariel Fridman
Pareciera que la función de quienes dirigen los destinos del país o en este caso de nuestro Club, es salir a defenderse de cualquier acusación, rumor o trascendido que surja en cualquier ámbito público; cuando en realidad esa responsabilidad debería correr por cuenta de quien emite ese mensaje polémico e inquisidor, que es quien además tendría que tener las herramientas para demostrar y ratificar a partir de argumentos sólidos esa teoría que involucra a alguien que posee cierta representatividad.
Es decir, si un periodista acusa o involucra en un tema a un dirigente o a un grupo de dirigentes, es ese mismo periodista quien debe acompañar esa acusación con pruebas sólidas y no el dirigente el que deba salir inmediatamente a defenderse. Si no, cualquiera desde cualquier lugar dice cualquier cosa y se sienta en el sillón a ver qué trascendencia tiene su ocurrencia y cuáles son las herramientas que utiliza el implicado para despegarse de algo que posiblemente no sea real.
Por ejemplo, si un periodista dice que el dinero del bono que se cobra de visitante se utiliza para financiar a la barra brava no puede enmarcarlo en "me dijeron" o “escuché por ahí”. Y con eso no decimos que el periodista esté mintiendo y que esa versión no sea cierta. Lo que decimos es que ante una situación tan grave se debe ir al fondo de la cuestión. Presentar pruebas, denunciar y desactivar tamaño acto de corrupción. No puede un dirigente agarrar el guante de esa versión y salir a desmentir semejante atrocidad.
Otro caso es el del Estadio Ciudad de La Plata. "Se dice" "estarían pensando" "la idea es" que Gimnasia vaya a jugar a 25 y 32 luego del partido con Banfield. Entonces, los medios locales se ponen al servicio de la confrontación entre triperos y empiezan a fogonear esa chance, al punto de que tienen que salir los dirigentes a desmentirlo y a aclarar que “es un tema del que no se ha hablado”. Y en este caso ocurre lo mismo. No decimos que esa idea no esté rondando en la cabeza de algunos. Lo que decimos es que hay que plantearlo abiertamente y citando las fuentes con nombre y apellido ya que es un tema demasiado importante como para manejarlo a través de dos o tres periodistas que inyectan discordia entre los hinchas del Lobo haciendo trascender las versiones.
Estos son dos ejemplos de muchos que existen desde hace tiempo. Y la realidad nos vuelve a posicionar en los problemas comunicacionales del Club (no problemas de prensa). Debemos volver a darle valor a la palabra oficial. Pero esa confianza y credibilidad se logra a través del tiempo, de la transparencia sostenida y a partir de ser coherentes entre los dichos y las acciones.
En concreto. La palabra oficial debe recuperar su imponente grado de certeza. Si lo dice el Club, no deben seguir circulando rumores contrarios. Eso sí, esto no significa dejar hacer a gusto de cada dirigente. Es ahí donde debe entrar a actuar otra de las funciones del periodismo que es la de fiscalizar el buen desempeño de los actores sociales.
En Gimnasia todo el tiempo pasan cosas y por eso podemos poner a prueba este mecanismo todos los días. Para que eso funcione el cambio debe ser de ambas partes, tanto de los dirigentes como de los periodistas. Pero al margen de buscar culpables o tratar de encontrar el origen de los rumores, tenemos la oportunidad de empezar a hacer las cosas bien. Veremos qué dice el tiempo acerca de estos ejemplos arriba mencionados. A ver si los dirigentes comienzan a aumentar su grado de credibilidad y los periodistas comienzan a hacer su trabajo: informar, investigar, analizar, opinar con fundamento, entre otras cosas; pero nunca, inventar, ya que eso sólo genera un gran daño a la institución.
Ariel Fridman