El Club
11/08/2012
LO LEGAL Y LO LEGÍTIMO
A horas del debut, adelantamos la editorial de la Revista <b>Letra G 134</b>, que se repartirá, como siempre, en las puertas del estadio.
El inicio del campeonato debería imponer la agenda al momento de editorializar. Sin embargo, y dando por supuesto que todos saben el amor incondicional que sentimos por Gimnasia, decidimos abordar un tema más profundo e importante, que a la luz de las expectativas generadas en el mercado de pases, parece que fuera desapareciendo.
La aguda crisis institucional que avasalló al Lobo durante el receso invernal parecía no tener fin y amenazaba con profundizarse, dejando un plantel desmantelado, salarios impagos en cada rincón y un horizonte oscuro que no avizoraba soluciones.
Sin embargo, en la mañana del 6 de julio, el diario El Día primero en exclusiva, incluso antes que el mismo Club, comunicó una carta de Delmar que anunciaba su renuncia.
A partir de allí, todo se descomprimió. Aparecieron colaboradores con aportes económicos, aparecieron acuerdos futbolísticos internos, nuevos refuerzos, las típicas incorporaciones inútiles, se anunció una importante apertura institucional que abarca la protección patrimonial y la discusión de políticas a implementar. También surgieron reactivaciones en diferentes áreas y buena predisposición para discutir ideas en diferentes sectores. En definitiva, se recuperó cierta clama y eso imprimió una importante oleada de optimismo que aún perdura.
En este marco, no se discute si se están haciendo las cosas bien o mal (aunque de todas formas sería muy apresurado hacerlo), sino que se está poniendo en discusión, se está problematizando, el mecanismo por el que este nuevo gobierno presidencial de Gimnasia asumió la conducción del Club, desplazando sin más remedio a quien encabezara la lista en aquel triunfo de 2011, Héctor Delmar.
Tampoco desde este lugar se está victimizando a Cacho Delmar, ni sosteniendo que era necesario que permaneciera en el cargo. Pero sí se plantea que si ganó las elecciones y si se utilizó su imagen y su trayectoria para obtener votos; resulta ilegítimo que un dirigente secundario asuma como número uno, sin someterse a una consulta societaria.
Este traspaso presidencial está dentro del marco de la legislación vigente en el Estatuto; lo que no significa, que el proceso sea legítimo. Si la salida del ex presidente hubiese sido consensuada y en buenos términos, otra sería la historia. Pero no lo fue y esa renuncia e inmediata asunción de Onofri estuvo enmarcada en acusaciones cruzadas y denuncias, que no trascendieron y que no generaron interrogantes debido a la utilización de una buena estrategia que derivó en la llegada de un par de refuerzos que desviaron la atención.
Muchos podrán decir “ahora se están haciendo las cosas bien, no hagamos quilombo”. Pero no se trata de “hacer quilombo”; sino todo lo contrario. No se puede actuar de acuerdo a resultados futbolísticos y negociar con cintura política el bienestar de Gimnasia (si se va Delmar traemos diez refuerzos, si se queda, nadie mueve un pelo).
¿Qué puede llegar a pasar si lamentablemente las cosas no salen bien? ¿La actual comisión directiva dejaría de tener aceptación y legitimidad? ¿O mantendría su poder de decisión? Seguramente la gente se agruparía a recriminar que “nadie votó a este presidente” o cosas por el estilo. Pero para entonces ya será demasiado tarde.
No queremos enmarcar esta situación en un golpe institucional ya que nos resulta exagerado aseverarlo así. Pero para que las instituciones continúen fortaleciéndose, es necesario respaldarlas y respetarlas, más cuando se trata del Club que todos amamos. Hoy puede ser para bien, pero quién sabe lo que pueda ocurrir mañana. Esta situación estaría sentando un precedente peligroso que estamos a tiempo de resolverlo. Sería ideal plantear el tema en una asamblea extraordinaria que además de legalidad, le otorgue legitimidad al proceso que estamos viviendo.
Letra G
La aguda crisis institucional que avasalló al Lobo durante el receso invernal parecía no tener fin y amenazaba con profundizarse, dejando un plantel desmantelado, salarios impagos en cada rincón y un horizonte oscuro que no avizoraba soluciones.
Sin embargo, en la mañana del 6 de julio, el diario El Día primero en exclusiva, incluso antes que el mismo Club, comunicó una carta de Delmar que anunciaba su renuncia.
A partir de allí, todo se descomprimió. Aparecieron colaboradores con aportes económicos, aparecieron acuerdos futbolísticos internos, nuevos refuerzos, las típicas incorporaciones inútiles, se anunció una importante apertura institucional que abarca la protección patrimonial y la discusión de políticas a implementar. También surgieron reactivaciones en diferentes áreas y buena predisposición para discutir ideas en diferentes sectores. En definitiva, se recuperó cierta clama y eso imprimió una importante oleada de optimismo que aún perdura.
En este marco, no se discute si se están haciendo las cosas bien o mal (aunque de todas formas sería muy apresurado hacerlo), sino que se está poniendo en discusión, se está problematizando, el mecanismo por el que este nuevo gobierno presidencial de Gimnasia asumió la conducción del Club, desplazando sin más remedio a quien encabezara la lista en aquel triunfo de 2011, Héctor Delmar.
Tampoco desde este lugar se está victimizando a Cacho Delmar, ni sosteniendo que era necesario que permaneciera en el cargo. Pero sí se plantea que si ganó las elecciones y si se utilizó su imagen y su trayectoria para obtener votos; resulta ilegítimo que un dirigente secundario asuma como número uno, sin someterse a una consulta societaria.
Este traspaso presidencial está dentro del marco de la legislación vigente en el Estatuto; lo que no significa, que el proceso sea legítimo. Si la salida del ex presidente hubiese sido consensuada y en buenos términos, otra sería la historia. Pero no lo fue y esa renuncia e inmediata asunción de Onofri estuvo enmarcada en acusaciones cruzadas y denuncias, que no trascendieron y que no generaron interrogantes debido a la utilización de una buena estrategia que derivó en la llegada de un par de refuerzos que desviaron la atención.
Muchos podrán decir “ahora se están haciendo las cosas bien, no hagamos quilombo”. Pero no se trata de “hacer quilombo”; sino todo lo contrario. No se puede actuar de acuerdo a resultados futbolísticos y negociar con cintura política el bienestar de Gimnasia (si se va Delmar traemos diez refuerzos, si se queda, nadie mueve un pelo).
¿Qué puede llegar a pasar si lamentablemente las cosas no salen bien? ¿La actual comisión directiva dejaría de tener aceptación y legitimidad? ¿O mantendría su poder de decisión? Seguramente la gente se agruparía a recriminar que “nadie votó a este presidente” o cosas por el estilo. Pero para entonces ya será demasiado tarde.
No queremos enmarcar esta situación en un golpe institucional ya que nos resulta exagerado aseverarlo así. Pero para que las instituciones continúen fortaleciéndose, es necesario respaldarlas y respetarlas, más cuando se trata del Club que todos amamos. Hoy puede ser para bien, pero quién sabe lo que pueda ocurrir mañana. Esta situación estaría sentando un precedente peligroso que estamos a tiempo de resolverlo. Sería ideal plantear el tema en una asamblea extraordinaria que además de legalidad, le otorgue legitimidad al proceso que estamos viviendo.
Letra G