El Club
06/07/2012
RENUNCIÓ HÉCTOR DELMAR
Anoche, el ahora ex máximo dirigente albiazul presentó por escrito las causas de su alejamiento de la Institución, aduciendo que no admitiría un "golpe de Estado" en el Club. Había ganado hace un año y medio las elecciones con el 62% de los votos, y ahora se va en un marco político-institucional fraccionado y escandaloso, donde las divisiones abundan y nada está claro para los socios.
Si bien era inesperado, la renuncia de Héctor Atilio Delmar podía conjeturarse por lo ocurrido en las últimas semanas. Su partida en el medio del mercado de pases deja varios interrogantes y siembra una incertidumbre enorme acerca del futuro de Gimnasia.
No se puede obviar en esta historia la situación de Graciela Delmar, quien fue apartada de la CD por los demás dirigentes por considerarla responsable de ciertas irregularidades. Este hecho marcó un quiebre en la gestión de su padre, quien siempre pretendió que su hija volviese a ocupar su lugar dentro de la dirigencia del Lobo. Pero la negativa de otros dirigentes de peso, como Daniel Onofri y Juan Ignacio Supera, fue inamovible. Esto y otras cuestiones como las discrepancias evidentes en el mismo seno de la Comisión Directiva, influyeron para que Héctor Delmar, a sus 84 años, dijera basta y se despidiera de Gimnasia.
El Lobo pierde a su presidente cuando tiene que salir a buscar refuerzos para afrontar la durísima temporada que se avecina. Y en el medio está Pedro Troglio, quien semanas atrás firmó la renovación de su contrato en un marco amigable, en el cual Delmar aseguró que iban a satisfacerlo con el armado de un plantel competitivo. Lo cierto es que pocas horas después, uno de los jugadores que el DT había catalogado como imprescindible, Damián Macaluso, pegó el portazo. A su vez, a menos de una semana del inicio de la pretemporada, el Lobo no ha contratado a nadie y los nombres que suenan son jugadores que no garantizan buenos rendimientos ni jerarquizarían el plantel.
Ahora quien asumirá será Daniel Onofri. Habrá que esperar a ver qué se decide hacer. Lo cierto es que los socios e hinchas del Lobo no pueden permitir que se siga vapuleando a Gimnasia. La renuncia de un presidente siempre es una mala noticia porque refleja malos indicios. Es hora de hacerse escuchar y levantar la voz: comenzar a conducir el Club entre todos, si no, a Gimnasia no lo recuperamos más.
A continuación, la carta de renuncia de Héctor Atilio Delmar:
CON DOLOR Y TRISTEZA
“Renuncio con dolor y tristeza a la presidencia de Gimnasia y Esgrima La Plata, institución a la que amo profundamente y a la que dediqué mucho tiempo de mi vida. Fui campeón argentino de básquet vistiendo su gloriosa camiseta y tuve el honor de haber sido elegido cinco veces como su Presidente.
“Me veo en la obligación moral de renunciar, pues no me siento acompañado en la gestión dirigencial. Un grupo de integrantes -no todos- de la actual comisión directiva no me escucha, no me reconoce y no me respeta.
“No me escuchan, cuando digo que no hay que confrontar internamente cuando está en juego el bien de Gimnasia. No me reconocen, cuando disimulan que el ingreso de dinero a las arcas del Club llámese préstamos, anticipos, sponsors, publicidad- ha sido conseguido excluyentemente por mi persona. No me respetan, cuando tienen el atrevimiento de suspender como dirigente del Club a mi hija Graciela Delmar, sin más razón que la de no compartir su modo de gestión en la comisión de obras, en la que ha actuado junto a otros directivos con absoluta honestidad, entrega y pasión por el bien de la institución. Las numerosas obras realizadas con el dinero de la “Fundación Estadio Ciudad de La Plata” (cocina, pensión, salón de patín, colonia Estancia Chica, gimnasio Benito Lynch, etc.) hablan por sí solas.
“No confío en los que avanzan en posicionamientos personales y/o grupales que poco bien le hacen al Club en este difícil momento deportivo y económico. No les tengo confianza desde ningún plano de la actuación dirigencial. Han intentado desprestigiarme y se han ocupado sistemáticamente de instalar en la masa societaria la idea de que soy un viejo “mascarón de proa” que ellos deben conducir y mostrar como reliquia a su favor. Se han equivocado de dirigente y de persona. Soy un Presidente con todas las letras como lo he sido históricamente- o no soy Presidente. Soy el Presidente de una comisión de gente sana y buena con pasión gimnasista, o no soy Presidente. No admito `golpes de estado` internos.
“Vine a Gimnasia sin más anhelo que verlo fortalecido deportiva, cultural y socialmente, como un `grande` que es. Me alegré con la venida desinteresada de Guillermo Barros Schelotto; hice lo que pude para lograr la continuidad de Troglio; celebré conseguir para siempre la histórica cancha del Bosque y una continuidad de 10 años en el Bosquecito.
“Hoy y así no puedo seguir. El dolor y la decepción le ganan al entusiasmo. Seguramente me equivoqué, especialmente con las personas. Debo advertir que no les tengo fe como dirigentes -en ningún aspecto- a quienes me han desplazado. Me voy decepcionado, sólo rindiendo honores a Gimnasia y a su inmensa legión de socios y simpatizantes. Anidan en mi alma recuerdos imborrables: el ascenso a Primera del 84, la Copa Centenario, los subcampeonatos del 95 y el 96, el honor de haber sido amigo y confidente de René Favaloro, la satisfacción de haber traído al `maestro` Timoteo Griguol y su trabajo ejemplificador, la de que Gimnasia haya sido reconocido y visitado por Joao Havelange.
“Me voy con la conciencia limpia, llevando en el pecho los hidalgos colores azul y blanco. Que Dios ayude a Gimnasia”.
No se puede obviar en esta historia la situación de Graciela Delmar, quien fue apartada de la CD por los demás dirigentes por considerarla responsable de ciertas irregularidades. Este hecho marcó un quiebre en la gestión de su padre, quien siempre pretendió que su hija volviese a ocupar su lugar dentro de la dirigencia del Lobo. Pero la negativa de otros dirigentes de peso, como Daniel Onofri y Juan Ignacio Supera, fue inamovible. Esto y otras cuestiones como las discrepancias evidentes en el mismo seno de la Comisión Directiva, influyeron para que Héctor Delmar, a sus 84 años, dijera basta y se despidiera de Gimnasia.
El Lobo pierde a su presidente cuando tiene que salir a buscar refuerzos para afrontar la durísima temporada que se avecina. Y en el medio está Pedro Troglio, quien semanas atrás firmó la renovación de su contrato en un marco amigable, en el cual Delmar aseguró que iban a satisfacerlo con el armado de un plantel competitivo. Lo cierto es que pocas horas después, uno de los jugadores que el DT había catalogado como imprescindible, Damián Macaluso, pegó el portazo. A su vez, a menos de una semana del inicio de la pretemporada, el Lobo no ha contratado a nadie y los nombres que suenan son jugadores que no garantizan buenos rendimientos ni jerarquizarían el plantel.
Ahora quien asumirá será Daniel Onofri. Habrá que esperar a ver qué se decide hacer. Lo cierto es que los socios e hinchas del Lobo no pueden permitir que se siga vapuleando a Gimnasia. La renuncia de un presidente siempre es una mala noticia porque refleja malos indicios. Es hora de hacerse escuchar y levantar la voz: comenzar a conducir el Club entre todos, si no, a Gimnasia no lo recuperamos más.
A continuación, la carta de renuncia de Héctor Atilio Delmar:
CON DOLOR Y TRISTEZA
“Renuncio con dolor y tristeza a la presidencia de Gimnasia y Esgrima La Plata, institución a la que amo profundamente y a la que dediqué mucho tiempo de mi vida. Fui campeón argentino de básquet vistiendo su gloriosa camiseta y tuve el honor de haber sido elegido cinco veces como su Presidente.
“Me veo en la obligación moral de renunciar, pues no me siento acompañado en la gestión dirigencial. Un grupo de integrantes -no todos- de la actual comisión directiva no me escucha, no me reconoce y no me respeta.
“No me escuchan, cuando digo que no hay que confrontar internamente cuando está en juego el bien de Gimnasia. No me reconocen, cuando disimulan que el ingreso de dinero a las arcas del Club llámese préstamos, anticipos, sponsors, publicidad- ha sido conseguido excluyentemente por mi persona. No me respetan, cuando tienen el atrevimiento de suspender como dirigente del Club a mi hija Graciela Delmar, sin más razón que la de no compartir su modo de gestión en la comisión de obras, en la que ha actuado junto a otros directivos con absoluta honestidad, entrega y pasión por el bien de la institución. Las numerosas obras realizadas con el dinero de la “Fundación Estadio Ciudad de La Plata” (cocina, pensión, salón de patín, colonia Estancia Chica, gimnasio Benito Lynch, etc.) hablan por sí solas.
“No confío en los que avanzan en posicionamientos personales y/o grupales que poco bien le hacen al Club en este difícil momento deportivo y económico. No les tengo confianza desde ningún plano de la actuación dirigencial. Han intentado desprestigiarme y se han ocupado sistemáticamente de instalar en la masa societaria la idea de que soy un viejo “mascarón de proa” que ellos deben conducir y mostrar como reliquia a su favor. Se han equivocado de dirigente y de persona. Soy un Presidente con todas las letras como lo he sido históricamente- o no soy Presidente. Soy el Presidente de una comisión de gente sana y buena con pasión gimnasista, o no soy Presidente. No admito `golpes de estado` internos.
“Vine a Gimnasia sin más anhelo que verlo fortalecido deportiva, cultural y socialmente, como un `grande` que es. Me alegré con la venida desinteresada de Guillermo Barros Schelotto; hice lo que pude para lograr la continuidad de Troglio; celebré conseguir para siempre la histórica cancha del Bosque y una continuidad de 10 años en el Bosquecito.
“Hoy y así no puedo seguir. El dolor y la decepción le ganan al entusiasmo. Seguramente me equivoqué, especialmente con las personas. Debo advertir que no les tengo fe como dirigentes -en ningún aspecto- a quienes me han desplazado. Me voy decepcionado, sólo rindiendo honores a Gimnasia y a su inmensa legión de socios y simpatizantes. Anidan en mi alma recuerdos imborrables: el ascenso a Primera del 84, la Copa Centenario, los subcampeonatos del 95 y el 96, el honor de haber sido amigo y confidente de René Favaloro, la satisfacción de haber traído al `maestro` Timoteo Griguol y su trabajo ejemplificador, la de que Gimnasia haya sido reconocido y visitado por Joao Havelange.
“Me voy con la conciencia limpia, llevando en el pecho los hidalgos colores azul y blanco. Que Dios ayude a Gimnasia”.