El Club

GIMNASIA: LA BOMBA DE TIEMPO

Son tiempos de bombas en Gimnasia. Explotan y explotan en el corazón de un hincha que no entiende de abandono. <b>OPINIÓN</b>

En el bosque el rumor crecía, algo estaba pasando. El primer tiempo ya había terminado hacía 20 minutos y nadie salía al campo de juego, ni los jugadores ni el árbitro. Algunos creían que se trataba de un mal cálculo mental del tiempo, el partido había sido malo, Gimnasia perdía y es posible que esto hiciera más tediosa la espera. Otros, recordaban aquel fatídico partido frente a Boca en el que los jugadores del Lobo nunca salieron del vestuario, tampoco el árbritro, que se fue denunciando una amenaza y suspendió el encuentro. Sin embargo, no había razones para que esto pase, ya ni el árbitro puede hacerse cargo. Lo cierto es que en Gimnasia cualquier cosa puede pasar. Lo sabe el hincha, lo sabe el que vende 2 semillas por un peso en la puerta y lo saben todos. Gimnasia es de excepción por donde se lo mire. Cuando la amenaza de bomba llegó, el desconcierto fue absoluto ¿Qué se hace en estos casos? Quedarse, claro. La reacción fue quedarse. El primer instinto de todo ser humano es quedarse, proteger lo suyo, aquello que le pertenece, si es que lo tiene. Y así fue como cada hincha tripero se quedó, no sin preocupación, pero con la certeza de que no podía abandonar su casa. Porque en definitiva, el hincha sabe que si deja su casa posiblemente ya no le quede nada.

Son tiempos de bombas en Gimnasia. Explotan y explotan en el corazón de un hincha que no entiende de riesgos, no quiere cortar cables azules o blancos y no conoce la palabra evacuación, que es un abandono organizado. Los expertos no saben como desactivarlas e incluso les explotan en la cara. Algunos aseguran tener la fórmula, pero olvidan las bombas que ellos mismos instalaron. Otros creen que no existe salida, a pesar del centenar de ejemplos que los contradicen. El hincha mismo es una bomba de tiempo que nunca explota. Amenaza con hacerlo, es cierto, pero se queda en el intento apiadándose de las manos temblorosas y el sudor en la frente de los expertos, que parecen actores simulando saber lo que hacen. Mientras tanto, el teléfono rojo sigue sonando y una atrás de otra llegan las amenazas de hacer detonar su propia bomba, la que les dejaron instalar o hasta les obligaron a tener entre sus manos. Quién levanta el teléfono duda, no sabe qué hacer. A veces atiende su hija y complica la negociación, otras veces algún compañero inexperto que arruina las cosas. El que aparenta tener experiencia pretende atender siempre, pero muchas veces alguien levanta el tubo a sus espaldas. Los de afuera hablan, intentan proponer soluciones a problemas que ellos crearon. Los de adentro dudan, no saben si escapar o quedarse a pesar del fuego. El hincha siempre se queda, herido pero firme, no parece inmutarse ante ninguna amenaza, sabe que los que dicen saber no parecen convencidos de poder solucionarlo, pero cualquier paso en falso puede ser letal.

Gimnasia estalla todos los días. Ya nadie se pregunta cuándo terminarán de explotar las bombas, cuándo acallarán las amenazas o cuándo llegarán expertos a resolver el problema. La pregunta es ¿hasta cuándo aguantará su corazón?




Alejandro De Angelis