El Club

SESSA Y MADELÓN LE RECLAMAN AL LOBO

El Gato exige 1 millón de pesos por considerarse despedido y el DT pide cobrar lo que resta de su contrato: 570mil dólares. <b>ANÁLISIS</b>

Se sabe que la situación económica de Gimnasia es de suma delicadeza. Se sabe, también, que cualquier nueva fisura en ese aspecto representa un desangrado para la premisa –si es que la hay y debiera ser así– de reorganización del Club. Pero el Lobo no da pie con bola. El panorama emerge cada vez más difícil y enderezar el barco no es tarea sencilla.

Las actitudes que han tenido hace unos días Gastón Sessa y Leonardo Madelón fueron sorpresivas. Fundamentalmente la del Gato. Apoyar el dedo en la llaga, poner palos en las ruedas de cualquier proyección de enderezamiento que pueda tener Gimnasia, no se le cruzaría por la cabeza a ningún gimnasista genuino. Puede decirse: son profesionales y están en todo su derecho. Puede decirse, con cierta pizca de calentura: no tienen vergüenza. También pueden decirse muchas cosas más. Pero lo cierto es que ambos aportaron lo suyo –claro, entre aciertos y errores y falencias y virtudes– en determinadas circunstancias en las que buscaron defender los colores del Club. Ahora sus reclamos aparecen bajo un manto de desconcierto.

El caso de Madelón merece un párrafo propio porque se trata de una persona que, antes de llegar a Gimnasia, no había tenido ningún lazo con el Club. Es decir, no es un gimnasista genuino. En resumen: es entendible que el entrenador reclame lo que, por derecho, le pertenece. A él qué le importan los destinos de Gimnasia. Sólo es un ex empleado que tuvo dos etapas opuestas: la primera, buena; la segunda, mala, estrictamente por errores clave (uno muy grosero como haberle bajado el pulgar a Leandro Cufré) que terminaron sentenciando una magra campaña. Y el porqué del asunto es claro: Madelón exige lo que, por cuestiones legales, es suyo. Gimnasia deberá pagar. Esta CD deberá pagar. No importa que las responsabilidades le quepan a Walter Gisande y compañía.

Lo de Sessa, en cambio, se brinda a un debate extenso. A simple vista, cualquiera podría cuestionarse lo siguiente: “¿Por qué el Gato le hace esto al Club del cual es hincha?”. Y no es posible esgrimir respuesta alguna porque no se conoce a fondo el entramado de la relación Sessa-Delmar. Debiera existir una explicación, y la causa del reclamo no puede reducirse a lo estrictamente económico (mucho menos teniendo en cuenta la riqueza que el Gato habrá acumulado a lo largo de su carrera). De modo contrario, Sessa no es hincha de Gimnasia.

Es por eso que ambos casos presentan semblantes distintos: mientras que el accionar de Madelón, por más que cause cierta decepción, es entendible y se justifica por sí solo ni bien se lo piensa con frialdad, el reclamo del ex arquero tripero connota un entramado de muy difícil acceso. Por eso Sessa tendría que aclarar la cuestión. Hablar. Es que los hinchas están impacientes y no quieren que se les caiga un ídolo.

Quien queda en discordia en el asunto del Gato es la Comisión Directiva. Qué hacer ante un interrogante de semejante calibre. Qué grado de culpabilidad le cabe en esta cuestión. Qué explicaciones podría darles a los socios. Y son justamente las explicaciones lo que andan faltando, y desde ambos bandos. Pero está claro que, como están presentadas las cosas, quien queda peor parado y desarrolla el papel del malo de la película, es Sessa. Por eso el arquero tiene que hablar y contar lo que no nos han contado. Es necesaria la reiteración: el reclamo no puede reducirse estrictamente a lo económico.


Agustín Colianni