El Club

FELICES 125 AÑOS - EMBOBADOS CON GIMNASIA

El Lobo cumple 125 años de historia y el Hincha va a celebrar como corresponde. Si bien el momento es el menos oportuno, Gimnasia es fiesta. Brindemos por pertenecer al Club más precioso del mundo. ¡Arriba Gimnasia! ¡Arriba nomás!

Ciento veinticinco años de pura cepa tripera. El decano de América, el primero de todos, el más viejito. Y todavía en pie. A los tumbos, pero en pie. Acaso Saturnino Pedriel, en aquella asamblea del 3 de junio de 1887, cuando un pequeño grupo de caballeros decidió que existiera el Club de Gimnasia y Esgrima, no habría imaginado ni por asomo la magnitud de lo que se estaba forjando: una entidad que caminaría por siempre el sendero de lo popular, de la periferia, que abandonaría la esgrima y la gimnasia y se dedicaría principalmente al fútbol; que acumularía un caudal societario enorme y conseguiría el apoyo incondicional de una hinchada preciosa capaz de hacer temblar el piso, y que La Plata sería Gimnasia y viceversa: un alegato incuestionable que se fundamenta en cualquier libro de historia deportiva.

El aniversario llega en el momento menos oportuno, y que haya dos fiestas para celebrarlo es fiel reflejo de las divisiones que existen en el Club. Por un lado, la oficial, organizada por una dirigencia –en su mismo seno, también dividida– que en su gestión alternó más malas que buenas y que parece no dar cuenta de la esencia popular de Gimnasia: que la tarjeta cueste 490 pesos resulta una antítesis de todo lo que el Lobo debiera ser. Por otro lado, la celebración del pueblo, de la familia tripera toda, la misma que increíblemente se consolida más y más tras cada revés recibido. Porque no hubo otro destinatario de los golpes fieros que le arrojaron al Lobo. No. Sólo los hinchas, los de siempre, los que bancaron cada una de las paradas más funestas, saben lo que se siente desangrarse por dentro porque unos cuantos hijos de puta maltratan al Club. Y no hay que dar nombres: el verdadero tripero conoce bien de quiénes se trata.

Hoy Gimnasia cumple años pero está devastado. Hoy se caen a pedazos las finanzas, las renuncias directivas emergen frecuentes, los agujeros políticos se agigantan y el vaciamiento de ideas que proyecten un modelo de Club serio, donde los personalismos se ausenten y la negligencia calle, impacta. Verdaderamente, impacta. De los pocos billetes que en los últimos años ingresaron, muchos se despilfarraron como pestañeos; otros, simplemente desaparecieron. El equipo de fútbol se hundió en las profundidades del mar y las otras disciplinas (los emblemáticos: básquet y vóley femenino) se mantienen por si solas, resultando un milagro que aún funcionen. La infraestructura es impresentable: da tristeza mirar el hueco que dejó la platea que los hijos de puta se robaron. Da impotencia que Estancia Chica se derrumbe día a día y no se aproveche un lote inmenso que muy pocos podrían tener. Y causa profunda angustia saber que de un momento a otro nos pueden haber arrebatado el Bosquecito como si nada.

Pero sin embargo ahí está el Hincha. Allá va: se calza la azul y blanca y rumbea hacia el Bosque. Y ríe y sufre y grita y se preocupa. Aguanta. Y después viaja. Deja todo y se va, en bondi, donde sea, donde el Lobo esté. Nadie entendería bien, pero nos enseñaron eso. Ya desde el vamos nos enseñaron y aprendimos, a amar a Gimnasia. Entendimos a la perfección que el Club está por encima de todo y todos, que ningún acontecimiento desafortunado e inoportuno podría cambiar siquiera leve y sutilmente una sola pulgada de nuestra fiel premisa inexorable: bancar al Lobo en la que viniera. Así que ahí estamos: embobados con Gimnasia y aferrados a la lógica de la sinrazón.

Pocos podían imaginarlo, pero Gimnasia trazó una larga historia que lo ubica hoy en los primeros escalones de los clubes argentinos cuando, paradójicamente, su presente institucional se opaca día a día. Pero la historia… la historia sigue siendo rica y eso no se puede cambiar. Son tantos sucesos, tantos nombres y personalidades intachables que resulta un imposible evocarlos todos. Cada uno guardará recuerdos especiales y habrá memorizado lugares, nombres, momentos y fechas que atesorarán hasta el último de los días, orgullosos por pertenecer a esa cofradía inextinguible llamada Gimnasia y Esgrima La Plata. Que retumbe, pese a todo y en cada rincón de la ciudad, la voz del Hincha más fiel: ¡Arriba Ginasia! ¡Arriba nomás! ¡Felices ciento veinticinco años, Lobo de nuestras vidas!.


Agustín Colianni